ICE patrulla aeropuertos de EE.UU. por crisis de TSA

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Lo que debes de saber

  • Agentes de ICE fueron desplegados en al menos 14 aeropuertos para ‘ayudar con el control de multitudes’.
  • La TSA enfrenta ausencias masivas porque sus agentes no han recibido su salario desde mediados de febrero.
  • El cierre presupuestal del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) comenzó el 14 de febrero y aún no se resuelve.
  • La medida, ordenada por Trump, es vista por analistas más como una presión política que como una solución operativa.
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Tomado de: Cnnespanol Cnn

La solución que no resuelve nada

Imagina que tu coche se descompone porque no le echas gasolina. La solución lógica sería ir a la gasolinera, ¿no? Pues en Washington tienen otra idea: mandar a un grupo de agentes federales con chalecos antibalas a que se paren junto al coche y miren fijamente al motor. Eso es, en esencia, lo que está pasando. El CNN en Español reporta que agentes del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) están en 14 aeropuertos para «ayudar con el control de multitudes». El problema de fondo, sin embargo, no son las multitudes, sino que los agentes de la Agencia de Seguridad en el Transporte (TSA) llevan varias semanas sin cobrar debido a un bloqueo presupuestal en el Congreso. Así que la administración Trump, en lugar de resolver el problema de la nómina, manda a otra agencia, una de las más controversiales del país, a patrullar las terminales. La lógica se pierde por algún pasillo del aeropuerto de Atlanta, donde las filas para el control de seguridad superan las cuatro horas. ¿Un agente de ICE puede escanear maletas o revisar identificaciones más rápido? No, su entrenamiento es otro. Su presencia, según El País, parece tener una función más difusa, y algunos dirían, más intimidante.

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Tomado de: Eleconomista

Un cierre que huele a teatro político

El meollo del asunto es un cierre presupuestal parcial, un ‘shutdown’, que afecta específicamente al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) desde el 14 de febrero. Es decir, más de un mes. Este departamento no solo alberga a la TSA, sino también a la Guardia Costera, los servicios secretos, FEMA y, oh sorpresa, al propio ICE. El bloqueo, como documentan los medios, es el resultado del eterno forcejeo entre republicanos y demócratas en el Congreso, donde la financiación de las agencias migratorias es la moneda de cambio. En medio de este caos institucional, Trump despide a la secretaria en funciones, Kristi Noem, y ordena el despliegue. El Economista lo resume como una medida por la «escasez de personal de seguridad causada por la parálisis presupuestal». Pero aquí hay que leer entre líneas: es una jugada de presión. Es poner en el ojo del huracán a los viajeros estadounidenses, que sufren las colas, para forzar un acuerdo en el Capitolio. El mensaje es claro: «Si no arreglan esto, esto es lo que verán en sus aeropuertos: caos y agentes de inmigración patrullando donde no les corresponde». Es hacer tangible un problema legislativo abstracto, usando a los ciudadanos como rehenes y a los agentes federales como extras de una obra de teatro de alto presupuesto.

«Cientos de agentes del ICE recorren este lunes los pasillos de las terminales de una docena de aeropuertos de Estados Unidos sin que su función esté clara más allá de intimidar a viajeros y trabajadores», reporta El País.

La frase del medio español no es cualquier cosa. Golpea directo al punto que muchos analistas evitan: la función intimidatoria. Los agentes de ICE no están entrenados para manejar flujos de pasajeros ni equipos de rayos X. Su expertise es la aplicación de leyes migratorias, operaciones que suelen llevar a cabo con un perfil táctico militarizado: pantalones cargo, chalecos, armas a la vista. Su mera presencia en un espacio civil como una terminal aérea, donde el objetivo es la eficiencia y la fluidez, genera una atmósfera completamente distinta. ¿Ayuda esto a que los agentes de la TSA, ya de por sí estresados y sin paga, trabajen mejor? ¿O más bien añade una capa de tensión y vigilancia a un entorno ya de por sí colapsado? La justificación oficial, citada por CNN, es que el ICE ayudará a «nuestros maravillosos agentes de la TSA». Pero la realidad operativa es que no pueden hacer su trabajo. Es como si en un hospital con huelga de enfermeras mandaran a los policías de tránsito a tomar la presión a los pacientes. El gesto puede parecer de ayuda, pero en el fondo es un reconocimiento de que el sistema está tan roto que hay que recurrir a parches absurdos.

El verdadero costo lo pagan los de siempre

Mientras los políticos en Washington miden su fuerza en este pulso, los que pagan el patrón son los empleados federales y los viajeros. Los agentes de la TSA, muchos de ellos con salarios que no dan para lujos, no han recibido un centavo desde mediados de febrero. Es entendible que, ante la necesidad de poner comida en la mesa, soliciten bajas laborales o simplemente renuncien. ¿Quién puede trabajar gratis por más de un mes? Esta sangría de personal es la causa directa de los cierres de puntos de control y las colas interminables. Por otro lado, están los pasajeros. Gente que perdió vuelos, que tuvo que reprogramar vacaciones o negocios, que invirtió horas de su vida en una fila que no avanzaba. El costo económico y de estrés es enorme. Y en medio de este desmadre, la administración responde con una medida que no ataca la raíz: la falta de dinero para pagar salarios. Es un circo de tres pistas: en una, los legisladores se tiran la pelota; en otra, los trabajadores se desesperan; y en la central, desfilan agentes de ICE, convertidos en el símbolo ambulante de un gobierno que no puede (o no quiere) resolver sus problemas básicos de funcionamiento. Al final del día, el despliegue no arregla el cierre presupuestal. Solo lo hace más visible, más incómodo y, para muchos, más amenazante. La pregunta incómoda queda flotando en el aire: ¿hasta qué punto se puede militarizar la vida civil cotidiana para tapar las fallas de la política?


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