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miércoles, febrero 4, 2026

El homenaje que no pudo ser: cuando el dolor viaja más lento que la política

El Gobierno pospone el acto estatal por las víctimas de Adamuz porque las familias no pueden llegar a Huelva. ¿Logística fallida o sensibilidad tardía?

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TL;DR

  • El Gobierno y Junta de Andalucía aplazan el homenaje estatal del 31 de enero porque «a un número importante» de familias no puede asistir
  • 28 de las 45 víctimas eran de Huelva, pero el acto en su propia provincia resulta inaccesible para sus propios familiares
  • 22 personas siguen hospitalizadas, 5 en UCI, mientras la política debate si el homenaje debe ser laico o católico
  • La fecha se eligió considerando «la disposición de la Casa Real» y «la cercanía con el descarrilamiento», no la disponibilidad de las familias

La geografía del dolor: cuando Huelva está demasiado lejos de Huelva

No mames. El Gobierno organiza un homenaje de Estado en Huelva para las víctimas de Adamuz, pero resulta que las familias de Huelva no pueden llegar a Huelva. Suena a chiste malo, pero es la realidad que documenta El País: 28 de las 45 víctimas mortales eran de la capital onubense o su provincia, pero «a un número importante de ellas les resultaría imposible asistir» al acto en su propia tierra. La ironía duele más que el descarrilamiento: eligieron Huelva porque la mayoría era de allí, pero no calcularon que el duelo tiene sus propios horarios y distancias.

El calendario real vs. el calendario del dolor

Aquí está el detalle que hace ruido: al fijar la fecha del 31 de enero, según fuentes cercanas al Gobierno andaluz, «se tuvo en cuenta la disposición de la Casa Real, así como la cercanía con el descarrilamiento». O sea, primero la agenda institucional, después la proximidad temporal al accidente, y al final… ah, cierto, las familias. Como quien organiza una reunión de trabajo sin consultar si los invitados pueden asistir. El País cita a fuentes próximas al Gobierno: «Hay familias que no pueden estar y otras prefieren dejar un poco más de tiempo porque está muy próximo el accidente». No es lo mismo organizar un acto protocolario que entender que hay 22 personas todavía hospitalizadas, 5 de ellas en UCI, que los familiares están enterrando a sus muertos, identificando cuerpos, lidiando con trámites funerarios.

La política del duelo: ¿laico o católico?

Mientras las familias no pueden ni pensar en viajar a Huelva, la clase política ya está enfrascada en su debate favorito: la forma del homenaje. El País reporta que la decisión de que fuera un acto laico, como en el caso de la Dana, «ha sido cuestionado por algunos políticos, como la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, que reclama la celebración de un funeral católico». El presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, ya tenía agendados dos actos: el homenaje pospuesto y una misa el miér siguiente en la catedral de Huelva. Porque claro, cuando hay 45 muertos, lo importante es decidir si el homenaje estatal ofende sensibilidades religiosas.

Los números que nadie quiere ver

Detrás del protocolo fallido hay cifras que gritan: 45 muertos, 22 hospitalizados, 5 en UCI. Una semana después del accidente, el cabildo de Córdoba celebraba misa en la caseta municipal de Adamuz que acogió a los heridos. El obispado de Málaga —de donde partía el Iryo siniestrado— hacía lo propio en su catedral. Las iglesias actúan mientras el Estado tropieza con su propia burocracia. Y en medio, las familias que cuestionan «las tareas de mantenimiento de Adif», según El País. Preguntas incómodas sobre seguridad ferroviaria que se diluyen en discusiones sobre si el homenaje debe tener crucifijo o no.

La lección que nadie aprende

Lo de Adamuz huele a déjà vu: primero el accidente, luego el caos de la atención, después los actos protocolarios mal planeados, finalmente las investigaciones que tardan años. El Gobierno «ha acordado con la Junta de Andalucía aplazar el homenaje» hasta encontrar «una nueva fecha que encaje con las necesidades de los familiares». Suena bien, pero la pregunta incómoda es: ¿por qué no se consultó antes? ¿Por qué se asume que las familias de víctimas recientes pueden viajar, organizarse, presentarse sonrientes a un acto oficial? El dolor no tiene agenda, no respeta protocolos, no entiende de «disposición de la Casa Real». Solo sabe que 45 personas no volverán a casa, que 22 luchan en hospitales, que las familias están rotas. Y mientras, la política discute sobre la forma del homenaje. Como si el cómo importara más que el por qué tantos murieron en un tren que debería haber sido seguro.


Fuentes consultadas:

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