Silicon Valley ya planea tener ‘hijos mentales’ en vez de bebés

En las cenas de la élite tecnológica ya no se habla de pañales sucios, sino de subir la conciencia a la nube. La pregunt

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Lo que debes de saber

  • En una cena en Silicon Valley, un anfitrión afirmó que su generación sería la última en procrear biológicamente.
  • El concepto de ‘mind children’ viene de un libro de 1988 del robotista Hans Moravec.
  • La idea central: la evolución cultural ya superó a la biológica y nuestra esencia se podrá empaquetar en software.
  • El economista Robin Hanson cree que la revolución es inevitable cuando la IA alcance inteligencia humana.
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Tomado de: Theguardian

La cena donde los hijos se pidieron de postre

Imagina que estás en una cena elegante en Silicon Valley, disfrutando un buen pescado, cuando de repente el anfitrión suelta: «¿No es increíble que seamos la última generación de humanos que tendrá que pensar en procrear biológicamente? Nos tocó la suerte de nacer justo cuando podremos simplemente subir nuestra conciencia a un software». Así relató un investigador europeo de IA su experiencia en una velada que, según The Guardian, pasó de ser una reunión social a un mitin futurista. El investigador, que prefirió mantener el anonimato, confesó que no se esperaba ese giro: «Solo estaba disfrutando mi pescado». Pero el anfitrión hablaba completamente en serio, y lo que vino después fue una conversación que revela hasta dónde ha llegado la fantasía tecnológica de la élite de California.

El libro que se volvió evangelio

Cuando el investigador preguntó qué significaba eso de «mind children», su vecino de mesa le respondió como si fuera obvio: «Oh, es el libro. ¿No has leído el libro? Dios mío, deberías leer el libro». El libro en cuestión es Mind Children: The Future of Robot and Human Intelligence, de Hans Moravec, publicado originalmente en 1988. Según OurDailyRead, en su momento causó revuelo en un círculo muy pequeño: el de los expertos en robótica y machine learning a los que pertenecía Moravec. No es un manual técnico, sino más bien un tratado filosófico que sostiene que la evolución cultural ya superó a la biológica como fuerza dominante, y que el siguiente paso lógico es que la información que codifica nuestro ser termine en hardware y software, no en ADN. Estos «hijos mentales» podrían tener cuerpos blandos como los niños reales, o adoptar formas físicas o incluso no físicas completamente distintas.

«Dentro de un siglo, existirán máquinas de las que podremos sentir orgullo cuando se refieran a sí mismas como nuestros descendientes» — Hans Moravec, citado por The Guardian

¿Progreso o la misma fantasía de siempre?

Lo inquietante no es la idea en sí —después de todo, la ciencia ficción lleva décadas explorándola— sino la naturalidad con la que se asume en ciertos círculos. El economista y futurista Robin Hanson, de la Universidad George Mason, comparte la convicción de que la revolución es inevitable, siempre y cuando la IA alcance lo que los expertos llaman inteligencia a nivel humano. «Vamos a generar una explosión de cosas como nosotros en el futuro, que serán diferentes en muchos aspectos», dice Hanson. «En la medida en que tengan mentes algo parecidas a las nuestras, son nuestros hijos mentales». Pero aquí cabe preguntarse: ¿esto es realmente un destino inevitable o es la misma arrogancia de siempre de una industria que cree que puede resolver cualquier problema con tecnología, incluyendo el de la reproducción humana? Porque, seamos honestos, la idea de que la conciencia se pueda «subir» a un software como si fuera un archivo de Google Drive suena más a deseo que a ciencia consolidada.

El espejismo de la inmortalidad digital

La charla sobre «mind children» no es solo una curiosidad de cena; revela una corriente de pensamiento muy real en Silicon Valley que ve la biología como un obstáculo obsoleto. Glance News resume el fenómeno señalando que el tema está ganando tracción entre los que creen que la próxima frontera no es el espacio, sino la mente digitalizada. Pero hay un detalle que pocos mencionan: Moravec escribió su libro hace casi 40 años, y desde entonces la promesa de una IA general sigue siendo eso, una promesa. Mientras tanto, la reproducción biológica sigue siendo el único método que funciona, con todas sus imperfecciones, pañales sucios y noches sin dormir. Tal vez por eso el investigador europeo se sintió tan fuera de lugar: porque mientras los anfitriones fantaseaban con descendencia digital, él solo quería terminar su cena.

El futuro que ya llegó (pero no como esperaban)

Lo más revelador de todo esto es que, mientras la élite tecnológica debate si nuestros hijos serán archivos ejecutables, el mundo real enfrenta problemas mucho más terrenales: crisis de natalidad, envejecimiento poblacional, desigualdad en el acceso a la reproducción asistida. Pero en las cenas de Palo Alto, esos temas parecen no existir. Allí se habla de trascender la biología, de crear mentes inmortales, de ser la última generación que «necesita» tener hijos de verdad. Y uno no puede evitar preguntarse: ¿esto es realmente una visión del futuro o es la manera más sofisticada que han encontrado para decir que los niños, con todo lo que implican, les parecen una molestia? Porque, al final del día, un «hijo mental» no llora, no ensucia, no exige atención a las 3 de la mañana. Es la paternidad perfecta para una generación que quiere todo sin los inconvenientes de nada.


Fuentes consultadas:

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