TL;DR
- Solo un caso confirmado en México: mujer de 80 años en CDMX, estable hace un mes
- Autoridades descartan pandemia pero alertan sobre 7 mutaciones del virus
- Vacuna actual sí protege contra esta variante, pero cobertura nacional está al 50%
- El término ‘supergripe’ genera más pánico que claridad según expertos
Un caso, mil titulares
La matemática es simple: un solo caso confirmado en todo el país, una mujer de 80 años en la Ciudad de México que ya está estable desde hace un mes. Según Elcomentario, el secretario de Salud, David Kershenobich, fue categórico: «No tenemos ningún evento con esta variante ni ambulatorio ni hospitalizado». Pero abres cualquier medio y parece que estamos a horas del apocalipsis respiratorio. Ahí está el primer problema: la brecha entre lo que dicen los datos y lo que venden los encabezados.
La ‘super’ que no es tan super
El doctor Alejandro Macías, infectólogo reconocido, le baja dos rayitas al drama. En El Financiero aclara: «En lugar de llamarle supergripe podría ser superinfluenza». Su punto es clave: el H3N2 es virus de influenza estacional, no será pandemia. Pero -siempre hay un pero- tiene al menos 7 mutaciones sobre los virus que circularon el año pasado. O sea, no es el monstruo que pintan algunos, pero tampoco es el mismo bicho de siempre.
La vacuna que sí sirve (si te la pones)
Aquí viene lo interesante: mientras algunos medios hablan de una «variante especial», las autoridades insisten en que la vacuna actual sí protege. La Jornada documenta que Kershenobich fue claro: «No es una variante especial fuera del alcance del biológico». La vacuna 2024-2025 cubre esta cepa. El problema real no es la efectividad del biológico, sino que apenas el 50% de la población se la ha aplicado. Tenemos la herramienta, pero la mitad del país decide no usarla.
El fantasma del COVID y el negocio del miedo
No es casualidad que el término «supergripe» aparezca justo cuando todavía tenemos fresco el trauma pandémico. Macías lo explica bien: hay que distinguir entre influenza estacional (esto) y pandemias (COVID-19). Pero en la era del clickbait, «supergripe» vende más que «influenza con mutaciones». Lo preocupante, según el experto, no es que se convierta en pandemia, sino que los contagios más frecuentes y severos puedan saturar servicios de salud. O sea, el riesgo no es el virus en sí, sino nuestro sistema de salud frágil.
La OMS alerta, México responde (a medias)
La Organización Mundial de la Salud emitió un aviso -no una alerta máxima- y México reaccionó con un «llamado urgente» a vacunarse. Pero urgente de verdad sería tener más del 50% de cobertura. Urgente sería que los grupos vulnerables -niños, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas- estuvieran protegidos al 100%. En cambio, tenemos un caso único que ya se resolvió y una campaña de vacunación que avanza a paso de tortuga.
Lo que nadie dice sobre las mutaciones
Las 7 mutaciones que menciona Macías no son ciencia ficción: hacen que el virus sea más contagioso. Pero aquí viene lo importante: responde bien al tratamiento habitual. Tenemos oseltamivir (Tamiflu) en el abasto, según la Secretaría de Salud. La diferencia con el COVID-19 es abismal: aquí sí sabemos cómo tratarlo, tenemos medicamentos probados y la vacuna funciona. El drama no está en la falta de herramientas, sino en que no las usamos.
La próxima pandemia no es esta (pero la siguiente…)
La pregunta incómoda: si con un solo caso ya hay este revuelo, ¿qué pasaría si realmente apareciera una nueva amenaza pandémica? Nuestra cobertura de vacunación del 50% es un semáforo en rojo. Nuestra capacidad para distinguir entre alerta sanitaria y alarmismo mediático es limitada. Y nuestra memoria del COVID parece haberse esfumado junto con el cubrebocas que casi nadie usa ya.
Lo más peligroso del H3N2 no son sus 7 mutaciones, sino nuestra incapacidad para aprender de lo vivido. Tenemos un sistema de salud que Kershenobich dice tener «abasto suficiente», pero que Macías advierte podría saturarse. Tenemos una población que escucha «supergripe» y piensa en cuarentenas, cuando debería pensar en ir a vacunarse. Y tenemos medios que prefieren el titular catastrófico al análisis sereno.
La verdadera «super» característica de esta historia no es el virus, sino nuestra reacción desproporcionada. Un caso en 130 millones de habitantes no justifica el pánico, pero sí debería justificar una reflexión: ¿por qué seguimos cayendo en los mismos juegos cada vez que aparece una nueva variante? Quizá porque es más fácil temerle a un virus con nombre de película de terror que enfrentar lo aburrido pero efectivo: vacunarse, usar cubrebocas si hay síntomas, y no propagar el miedo más rápido que el virus.


