Senado aprueba que Guardia Nacional vigile áreas naturales protegidas

La reforma que militariza la protección ambiental mientras los bosques siguen desapareciendo

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TL;DR

  • El Senado aprobó con 105 votos reformar la Ley de la Guardia Nacional para que vigile áreas naturales protegidas
  • La GN podrá investigar tala ilegal, cacería furtiva y tráfico de especies en 192 áreas federales
  • El Partido Verde impulsó la reforma que militariza la protección ambiental
  • La pregunta incómoda: si ya tenían facultades contra delitos ambientales, ¿por qué no las usaron antes?

105 votos y un problema que lleva décadas

El pleno del Senado le dio luz verde a lo que parece ser la solución mágica para proteger los bosques mexicanos: meter a la Guardia Nacional. Con 105 votos a favor, aprobaron reformar el artículo 9 de la Ley de la Guardia Nacional para que la institución militarizada pueda vigilar las 192 áreas naturales protegidas terrestres del país. Según El Imparcial, ahora podrán participar en la protección de recursos naturales, vigilancia de áreas protegidas y combate de delitos ambientales. Suena bien, hasta que te das cuenta de que la tala ilegal, la cacería furtiva y el tráfico de especies no son problemas nuevos. Llevan décadas devastando ecosistemas.

El Partido Verde y su giro militarista

Lo curioso es que quien impulsó esta reforma fue el Partido Verde. Sí, el mismo que antes hablaba de paz y flores. La senadora Karen Castrejón Trujillo, vicecoordinadora del partido, declaró en el boletín oficial que «la riqueza natural del territorio nacional es el principal capital de las y los mexicanos». Bonito discurso, pero la realidad es que están militarizando la protección ambiental. El mismo documento señala que estas áreas abarcan el 12% del territorio nacional. Doce por ciento que lleva años siendo saqueado mientras las autoridades ambientales tradicionales no han podido o no han querido detenerlo.

¿Coordinación o duplicidad de funciones?

Proceso documenta que la reforma establece que la Guardia Nacional actuará «en coordinación con las autoridades ambientales competentes». El dictamen habla de evitar duplicidad de funciones, pero aquí está el detalle: si ya existían autoridades ambientales con facultades para combatir estos delitos, ¿por qué no funcionaron? ¿O es que ahora, con uniformes y armas, la protección ambiental será más efectiva? La senadora Juanita Guerra Mena, presidenta de la Comisión de la Guardia Nacional, dice que esto fortalecerá la protección del patrimonio natural. Lo que no dice es por qué ese patrimonio ha estado tan desprotegido hasta ahora.

Las áreas que supuestamente protegerán

Entre las zonas donde la Guardia Nacional podrá intervenir están la Biosfera de Calakmul en Campeche, la Reserva de la Mariposa Monarca en Michoacán y el Alto Golfo de California en Sonora. Lugares emblemáticos que han sido noticia más por su degradación que por su conservación. El Imparcial menciona que la reforma incluye la prevención, investigación y combate de delitos ambientales que representen «un riesgo para la seguridad pública». Aquí hay un cambio de paradigma interesante: ya no se trata solo de proteger la naturaleza por sí misma, sino porque su destrucción afecta la seguridad. Un enfoque utilitario que dice mucho sobre cómo se entiende la conservación en México.

La pregunta que nadie quiere hacer

Si la Guardia Nacional ya tenía facultades para combatir delitos ambientales (porque los delitos ambientales son, al fin y al cabo, delitos), ¿qué cambia realmente con esta reforma? ¿Es solo un cambio cosmético para dar la impresión de que se está haciendo algo? O peor aún: ¿es una forma de justificar la presencia militar en zonas donde antes no podían operar legalmente? La reforma habla de respeto a los derechos humanos y colaboración interinstitucional, pero la historia reciente de la Guardia Nacional en materia de derechos humanos no es precisamente impecable.

El timing perfecto para un problema eterno

Lo más revelador es el timing. Se aprueba esta reforma cuando la degradación ambiental en México alcanza niveles críticos. Cuando los bosques desaparecen a un ritmo alarmante. Cuando las especies endémicas están al borde de la extinción. Y se presenta como una solución novedosa, cuando en realidad es reconocer el fracaso de las políticas ambientales tradicionales. El Partido Verde celebra esta «victoria», pero la verdadera victoria sería que los bosques no necesitaran guardias armados para sobrevivir. Que las leyes ambientales se cumplieran. Que la corrupción no permitiera la tala ilegal. Pero eso, al parecer, es mucho pedir.

Así que ahora tendremos soldados cuidando árboles. Mientras, los talamontes seguirán operando, los cazadores furtivos seguirán matando especies protegidas, y los traficantes seguirán moviendo fauna ilegal. Porque el problema nunca ha sido la falta de uniformes, sino la falta de voluntad política real. La Guardia Nacional en los bosques es como poner un curita en una hemorragia arterial: puede verse bien, pero no resuelve lo de fondo. Y lo de fondo es que en México, destruir la naturaleza sigue siendo más rentable que protegerla.


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