TL;DR
- Guillermo del Toro compite por Mejor Director con su Frankenstein contra pesos pesados como Paul Thomas Anderson
- Una batalla tras otra lidera con 9 nominaciones, pero el terror de Del Toro tiene 5 postulaciones clave
- La ceremonia del 11 de enero marca el inicio de la temporada de premios rumbo a los Oscar
- Diego Luna también está nominado por Andor, sumando presencia mexicana en la gala
Frankenstein en Beverly Hills: cuando el monstruo mexicano llega a la fiesta
Guillermo del Toro vuelve a la carga con Frankenstein y lo hace con estilo: cinco nominaciones en los Globos de Oro 2026 que incluyen la codiciada categoría de Mejor Director. Según Nytimes, el mexicano se medirá contra pesos pesados como Paul Thomas Anderson (Una batalla tras otra) y Ryan Coogler (Pecadores) en una ceremonia que promete ser más que una simple alfombra roja. La pregunta no es si Del Toro tiene confianza – eso nunca le ha faltado – sino si Hollywood está listo para premiar un Frankenstein que probablemente sea más oscuro, más político y más mexicano de lo que la industria espera.
El termómetro que siempre marca fiebre
Los Globos de Oro son ese amigo que siempre llega primero a la fiesta y grita demasiado. Según Gq, la 83ª edición se celebrará el 11 de enero de 2026 en el Beverly Hilton Hotel, con Nikki Glaser como anfitriona por segundo año consecutivo. Pero aquí está el detalle: esta ceremonia «marca un nuevo capítulo para la Asociación de la Prensa Extranjera después de su relanzamiento». O sea, después del escándalo de diversidad que casi los hunde, ahora quieren demostrar que sí saben votar. ¿Y qué mejor que nominar a un director mexicano con película de terror para limpiar la imagen?
La batalla real: 9 nominaciones vs 5 con alma
Paul Thomas Anderson lidera con Una batalla tras otra y sus nueve nominaciones, incluyendo a Leonardo DiCaprio, Benicio del Toro y Chase Infiniti. Suena impresionante hasta que recuerdas que Anderson ya tiene su estatus de «genio» asegurado y que DiCaprio podría ganar un Globo hasta leyendo el directorio telefónico. Del Toro, en cambio, llega con Frankenstein y cinco nominaciones que incluyen a Óscar Isaac y Jacob Elordi. No es la cantidad, es la calidad del riesgo: un director latinoamericano reinventando el mito más europeo de todos, en un año donde el cine internacional tiene peso real con producciones noruegas, brasileñas y surcoreanas compitiendo.
El contexto que nadie menciona: la temporada post-escándalo
Aquí está lo interesante: los Globos de Oro 2026 llegan después de que la Asociación de la Prensa Extranjera tuviera que «relanzarse» por sus problemas de diversidad. Según Nytimes, alrededor de 400 periodistas internacionales de 95 países votan estos premios. ¿Cuántos son latinoamericanos? ¿Cuántos entienden que el Frankenstein de Del Toro no es solo otra película de monstruos, sino una reflexión sobre la creación, la otredad y la responsabilidad? La nominación de Diego Luna por Andor suma otra capa: dos mexicanos en categorías distintas, en un año donde la industria necesita demostrar que sí ve más allá de Hollywood.
Los números no mienten, pero tampoco cuentan toda la historia
Frankenstein tiene cinco nominaciones contra nueve de Una batalla tras otra y ocho de Valor sentimental. Parece desventaja hasta que ves quiénes son los rivales de Del Toro en Mejor Director: Paul Thomas Anderson (el favorito de la crítica), Ryan Coogler (el director negro que revolucionó Black Panther), Chloe Zhao (ganadora del Oscar), Joachim Trier (el noruego de moda) y Jafar Panahi (el iraní censurado). Es como meter a un luchador mexicano en un ring con campeones de cinco disciplinas distintas. Pero Del Toro ya ganó este juego antes: en 2018, La forma del agua ganó Mejor Director y Mejor Película Dramática. Sabe que en Hollywood, a veces el bicho raro es el que se lleva el premio.
La verdadera pregunta: ¿qué premia realmente Hollywood en 2026?
Si Una batalla tras otra gana, será el triunfo del establishment: director consagrado, estrella consagrada, drama político seguro. Si Frankenstein gana, será la sorpresa que demuestra que la industria sí puede premiar el riesgo, lo fantástico y lo latinoamericano en un solo paquete. Gq menciona que esta edición promete ser «una de las más concurridas y comentadas» porque «marca un nuevo capítulo». Perfecto: entonces que premien algo que realmente represente un nuevo capítulo, no más de lo mismo con mejor marketing.
El factor mexicano: no solo Del Toro juega
Mientras todos hablan de Guillermo, Diego Luna está nominado por Andor en la categoría de Mejor Actor de Drama en serie de televisión. Según Nytimes, es su segunda nominación en estos premios. No es coincidencia: en un Hollywood que necesita demostrar diversidad, tener dos mexicanos en categorías importantes es la foto perfecta. Pero cuidado: no se trata de cuotas, se trata de calidad. Luna lleva años construyendo una carrera sólida entre México y Hollywood, y Del Toro ya tiene su Oscar. No necesitan limosna, necesitan que los juzguen por su trabajo.
La apuesta final: confianza vs realidad
¿Tiene Del Toro confianza en ganar? El tipo que hizo que un hombre anfibio se enamorara de una mujer muda y ganara el Oscar probablemente no pierde el sueño por un Globo de Oro. Pero aquí está el dato que duele: Frankenstein compite en Mejor Película Dramática contra Hamnet, Un Simple Accidente, El Agente Secreto, Sentimental Value y Sinners. Es decir, seis películas para un premio. Las matemáticas no favorecen. Sin embargo, en Mejor Director solo son seis nominados también, y ahí la batalla es más personal, más sobre visión que sobre popularidad. Del Toro sabe que si gana aquí, el camino al Oscar se abre. Y si pierde, siempre puede hacer otra película sobre monstruos que entienden mejor la humanidad que los humanos.
La ceremonia será el 11 de enero, transmitida por HBO Max en México. Veremos si los 400 periodistas internacionales prefieren la batalla política de Anderson, el terror musical de Coogler o el Frankenstein mexicano que probablemente les recuerde que los monstruos los creamos nosotros, no al revés. Y si no ganan, al menos tendremos la satisfacción de ver a un director mexicano compitiendo en la categoría más importante, en una industria que todavía piensa que lo latino es exótico. Eso ya es ganar algo.


