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domingo, enero 11, 2026

La fiesta de fin de año que quiere ser la más grande del mundo

El gobierno de CDMX promete 200 mil personas en Reforma, pero ¿a qué precio?

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TL;DR

  • El gobierno de CDMX gasta en una fiesta electrónica gratuita para 200 mil personas en Reforma
  • La secretaria de Cultura dice que el año pasado «quedamos un poquito apretaditos»
  • El evento incluye desde MGMT hasta 3BALLMTY, mezclando electrónica con tribal
  • La justificación oficial es «construir comunidad» a través del espacio público

Cuando el gobierno se vuelve promotor de fiestas

No mames, imagínate: el gobierno de Claudia Sheinbaum organizando una fiesta electrónica masiva en pleno Paseo de la Reforma. Según El País, esto no es broma. Desde las 6 de la tarde del 31 de diciembre hasta las 2 de la mañana del 1 de enero, ocho DJs nacionales e internacionales van a poner a bailar a lo que prometen ser más de 200 mil personas. Gratis. Con dinero público. Y lo llaman «la fiesta electrónica más grande del mundo».

El experimento que «se puso buenísima»

Lo más chistoso es que la secretaria de Cultura, Ana Francis Mor, lo describe como un «experimento» que salió bien. En sus propias palabras, recordadas por El País: «El año pasado hicimos este primer experimento de fiesta, más que concierto, con Polymarchs que fue todo un éxito. Quedamos un poquito apretaditos con un solo tramo de Reforma porque se puso buenísima, la gente no se iba y estaba baile y baile». O sea, el gobierno organiza una fiesta, se llena tanto que casi se arma un desmadre, y en lugar de decir «no mames, mejor no lo repetimos», deciden hacerla más grande. Lógica pura.

La cartelera que nadie esperaba

Aquí está lo interesante: la mezcla de artistas. Por un lado tienes a MGMT, esos gringos que llevan 20 años haciendo electrónica psicodélica. Por otro, a Kavinsky, el francés que parece salido de una película ochentera. Pero luego meten a 3BALLMTY, los de tribal Monterrey que mezclan cumbia con electrónica. Y para rematar, a ARCA, la productora venezolana que ha trabajado con Lady Gaga y Björk. Es como si alguien hubiera dicho: «Pónganle de todo, a ver qué pega».

El discurso oficial vs la realidad

El comunicado de la Secretaría de Cultura, según El País, dice que esto busca promover «la apropiación del espacio público como lugar de encuentro para las artes, y la celebración colectiva como forma de construir comunidad». Suena bonito, ¿no? Pero pensémoslo: ¿realmente necesitamos que el gobierno gaste millones en traer DJs internacionales para «construir comunidad»? ¿No hay otras formas más urgentes de usar ese dinero público? ¿O acaso la «comunidad» solo se construye bailando techno en Reforma?

La recomendación más paternalista del año

Ana Francis Mor, la secretaria, tiene un consejo para los asistentes: «Yo les digo que si tienen menos de 40, le caigan desde las 18.00, vayan a bailar, luego se salen a cenar, a tomar algo, y regresan. Entréguense al baile, entréguense a la pachanga». O sea, el gobierno no solo organiza la fiesta, sino que te dice cómo disfrutarla. Como si fuera tu mamá: «Hijito, ve a bailar, pero no te vayas a emborrachar mucho». ¿Desde cuándo los funcionarios públicos se convierten en animadores de fiestas?

El fantasma del Love Parade

El País menciona que Ramiro Puente, uno de los DJs invitados, ya tocó en el Zócalo en 2003 como parte del Love Parade. Ese festival alemán que empezó en Berlín en 1989 y que en su momento fue masivo. La referencia no es casual: el gobierno quiere replicar ese éxito. Pero también debería recordar que eventos masivos gratuitos tienen sus riesgos: aglomeraciones, problemas de logística, seguridad. El año pasado «quedamos un poquito apretaditos», dice Mor. Eufemismo del año para decir «estuvo a punto de armarse un caos».

¿Quién paga esta pachanga?

Aquí está el meollo del asunto: todo es gratuito. Los artistas internacionales no vienen de caridad. Los escenarios, las luces, el sonido, la seguridad, la limpieza… todo cuesta. Y lo paga el erario. En un país donde hay escuelas sin baños, hospitales sin medicamentos, y calles llenas de baches, ¿realmente es prioridad gastar en una fiesta electrónica? El argumento de «construir comunidad» suena bien en papel, pero huele a justificación para un gasto cuestionable.

La verdadera pregunta incómoda

Más allá de si la fiesta será divertida o no (probablemente sí), la pregunta real es: ¿esto es lo que debe hacer un gobierno? ¿Organizar fiestas masivas con dinero público? ¿O debería enfocarse en resolver problemas más urgentes? Porque al final del día, cuando suenen las últimas notas a las 2 de la mañana y los 200 mil asistentes se vayan a sus casas, la CDMX seguirá teniendo los mismos problemas de siempre. La fiesta termina, la cruda de la realidad sigue.


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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