TL;DR
- Blanca Esthela Álvarez, regidora de MC en La Manzanilla de la Paz, fue hallada muerta en su camioneta el 13 de febrero
- La Fiscalía de Jalisco investiga como feminicidio por estrangulamiento y descarta robo – sus pertenencias seguían en el vehículo
- Los dictámenes forenses encontraron lesiones por agujas en sus brazos, lo que complica el panorama del crimen
- El gobernador Pablo Lemus dio a conocer el hecho, pero la investigación apenas comienza en un municipio de menos de 6 mil habitantes
El crimen que nadie vio venir en el pueblo que todos conocen
Blanca Esthela Álvarez no llegó a casa. No fue a la sesión de cabildo. No contestó mensajes. Su ausencia se volvió sospecha y la sospecha se convirtió en hallazgo macabro: su cuerpo dentro de su propia camioneta, en algún punto de La Manzanilla de la Paz, Jalisco. Un municipio tan pequeño que según el último censo ni siquiera llega a los 6 mil habitantes, donde todo el mundo se conoce y, aparentemente, nadie vio nada.
La Fiscalía de Jalisco ya tiene un veredicto preliminar que duele más que sorprende: feminicidio. Según El Universal, la causa de muerte fue estrangulamiento. Pero aquí viene lo interesante: no fue un robo. Las pertenencias de la regidora seguían en la camioneta. Alguien no quería su dinero, su teléfono o su cartera. Alguien quería a Blanca Esthela muerta.
Las agujas que no cuadran en el rompecabezas
Los dictámenes forenses arrojaron un dato que complica la narrativa simple: en los brazos de la regidora había lesiones producidas por lo que pudieron ser agujas. ¿Agujas? En un feminicidio por estrangulamiento. El escenario se vuelve más turbio. ¿Fue sometida antes de morir? ¿Intentaron inyectarle algo? ¿O son lesiones de defensa, de alguien que luchó contra más de un atacante?
La Fiscalía estatal, en su comunicado oficial, habla de «compromiso inquebrantable» y «cero tolerancia a la violencia hacia las mujeres». Frases que suenan bien en un boletín de prensa pero que en La Manzanilla de la Paz deben sonar a promesa vacía. Porque mientras escriben esos comunicados, una familia llora a una regidora de Movimiento Ciudadano que ya no regresará a casa.
El silencio que habla más que las declaraciones
Reforma documenta que el gobernador Pablo Lemus dio a conocer el hecho. Punto. No hay más detalles. No hay «estamos siguiendo esta pista». No hay «tenemos sospechosos». Solo la confirmación de lo que ya todos sabían: una mujer más muerta violentamente en Jalisco, un estado que según cifras oficiales registró 278 feminicidios en 2024. Ahora son 279.
Lo que Reforma no dice, pero cualquiera que conozca la política municipal puede deducir: una regidora asesinada no es solo un crimen de género. Es un mensaje político. En pueblos como La Manzanilla de la Paz, los cargos de regidor no son solo puestos honoríficos. Son piezas clave en la maquinaria del poder local. Y alguien decidió sacar una pieza del tablero.
La investigación que promete lo que la realidad niega
«La Fiscalía del Estado reitera su compromiso inquebrantable de garantizar el acceso a la justicia y el combate a la impunidad en delitos por razones de género», dice el comunicado oficial. Suena bien. Suena como lo que debe decir una institución seria. Pero en Jalisco, la tasa de impunidad en feminicidios ronda el 80%. Ocho de cada diez asesinos de mujeres nunca ven la cárcel.
La pregunta incómoda que nadie hace: ¿investigarán esto con la misma intensidad que si fuera el asesinato de un hombre político? La historia reciente sugiere que no. Los feminicidios de mujeres en cargos públicos suelen archivarse bajo «crimen pasional» o «problemas personales», como si el hecho de ser mujer le quitara peso político al crimen.
El pueblo pequeño donde los secretos son imposibles
La Manzanilla de la Paz tiene una característica que debería facilitar la investigación: es imposible moverte sin que alguien te vea. Menos de 6 mil habitantes. Calles donde todos se saludan. Vecinos que saben quién llega tarde, quién sale temprano, quién tiene visitas inusuales.
Y sin embargo, Blanca Esthela Álvarez fue estrangulada en su camioneta, posiblemente inyectada con algo, y nadie vio nada. O nadie quiere hablar. En pueblos así, el silencio no es falta de información. Es elección. Alguien sabe algo. Varios saben algo. Y ese algo vale más que la justicia para una regidora muerta.
La Fiscalía abrió carpeta de investigación. El gobernador dio el pésame. Los medios reportaron el hecho. Y en La Manzanilla de la Paz, la vida sigue como si nada. Como si asesinar a una regidora fuera solo otra noticia de la sección de policía, no el síntoma de un sistema que permite que las mujeres en política mueran sin que nadie pague por ello.


