TL;DR
- Sinaloa concentra la mayor parte de operativos federales con cientos de detenciones y decomisos
- La desaparición de 10 mineros en Concordia ocurrió pese a que Los Chapitos están «muy disminuidos» según el gabinete
- La paradoja: el grupo criminal más perseguido sigue teniendo capacidad para desaparecer a 10 personas
- El fuego arrecia en Sinaloa justo cuando Sheinbaum hizo del estado su laboratorio de seguridad
El laboratorio que se incendia
Claudia Sheinbaum llegó al poder en octubre de 2024 justo cuando empezaba la última guerra intestina del Cartel de Sinaloa, según documenta El País. La batalla entre los hijos de Joaquín «El Chapo» Guzmán y los de Ismael «El Mayo» Zambada ha sido terrible, dejando cientos de muertos y desaparecidos principalmente en Culiacán, Mazatlán y la zona serrana donde ahora Concordia se convierte en el nuevo epicentro del horror.
La estadística engañosa
En pocos estados ha habido más detenciones en estos 15 meses de mandato de Sheinbaum que en Sinaloa. En pocos ha habido más decomisos de droga y armas, más grupos criminales disminuidos o directamente desarticulados. Pero aquí está el detalle que duele: la violencia ahí sigue, sin importar la cantidad de comandantes, lugartenientes, líderes de célula o jefes de sicarios fuera de juego. El gobierno federal puede llenar boletines con cifras impresionantes, pero en las calles de Sinaloa la ecuación no cierra.
La paradoja de los «disminuidos»
El caso de los 10 mineros desaparecidos en Concordia el 23 de enero es la prueba más cruda. Según El País, el gabinete de seguridad considera que Los Chapitos están «muy disminuidos», más que sus rivales y que otros grupos dominantes en la zona norte del Estado. La paradoja es que la misma red de Los Chapitos, que comandan Iván Archivaldo y Jesús Alfredo Guzmán, está detrás de la desaparición de los trabajadores, según dijo el secretario Omar García Harfuch la semana pasada.
La pregunta incómoda
¿Cómo se entiende que un grupo criminal en horas bajas, perseguido en México y Estados Unidos, amputado de los operadores que le dieron fuerza estos años, sea capaz de desaparecer a 10 personas, así como así? La respuesta es síntoma de una realidad compleja donde la única constante parece ser la resiliencia del crimen, capaz de hacer un daño atroz pese a su presunta debilidad. Las autoridades aún deben detallar qué pata de Los Chapitos está detrás de este caso y por qué contaba con las capacidades logísticas para perpetrar la desaparición de 10 personas.
De «abrazos no balazos» a balazos que no abrazan
Sheinbaum y Harfuch estrenaron en Sinaloa su plan para atajar la violencia, que elevaba el tono contra el crimen organizado después de unos años en que su antecesor Andrés Manuel López Obrador aplicó una política de laissez faire. El cambio de estrategia era necesario, nadie lo discute. Pero cuando el fuego arrecia en Sinaloa justo cuando el gobierno hace del estado su laboratorio principal, algo huele a estrategia incompleta.
Los cuerpos que hablan
Este viernes las autoridades anunciaron el hallazgo de «cuerpos y restos humanos» en una fosa en Concordia, sin determinar la cantidad o su estado. El descubrimiento se produjo durante las labores de búsqueda de los mineros desaparecidos. La Fiscalía General de la República informó que uno de los cuerpos parece ser de uno de los 10, aunque no lo confirmó. A la espera de identificaciones y cifras oficiales, lo que queda claro es que en Sinaloa las fosas siguen siendo el lenguaje preferido del crimen organizado.
La presión que no alcanza
Mientras el gobierno federal presume operativos y detenciones, la realidad en el sur de Sinaloa muestra que su presión al crimen resulta, de momento, insuficiente. No ha sido solo el caso de los trabajadores de la minera canadiense Vizsla Silver. La crisis de estas semanas en el sur del estado redunda en un postulado incómodo: se puede tener al crimen organizado contra las cuerdas y aún así recibir golpes que duelen.
Lo que las cifras no dicen
Aquí está el meollo del asunto: en seguridad, lo que importa no son las detenciones que haces, sino la violencia que evitas. Puedes desarticular 50 células y seguir teniendo capacidad criminal para desaparecer a 10 personas en plena luz del día. Puedes decomisar toneladas de droga y seguir teniendo fosas clandestinas que aparecen cuando buscas a desaparecidos. El caso de Concordia ilumina la brecha entre lo que el gobierno reporta y lo que la población vive.
La estrategia de seguridad en Sinaloa tiene un problema de medición: cuenta capturas pero no mide tranquilidad. Registra decomisos pero no evalúa si la gente puede ir a trabajar sin miedo a ser desaparecida. Y mientras no cierre esa brecha, seguirá siendo un laboratorio donde los experimentos los pagan civiles con su vida.


