TL;DR
- Cinco españoles pasaron de prisión venezolana a Barajas en 24 horas, pero con ‘restricciones’ para hablar
- Rocío San Miguel llegó con un brazo fracturado tras meses sin atención médica en condiciones inhumanas
- Los vascos Andrés Martínez y José María Basoa fueron acusados de ser agentes del CNI en una conspiración para matar a Maduro
- Ernesto Gorbe fue ‘secuestrado’ según su entorno mientras trabajaba en Venezuela con un problema de visado como excusa
De la celda sin luz al avión diplomático
Imagina despertarte en una prisión venezolana donde «muchas veces estaban sin luz» y no tenías «dónde hacer sus necesidades», como narra Ilse Quijada, amiga de la familia de Rocío San Miguel. 24 horas después, estás aterrizando en la terminal 4 de Barajas entre máxima expectación periodística. Así fue el jueves para cinco españoles que Venezuela decidió soltar de repente, según reporta El País. Lo curioso: llegaron con «restricciones» para hablar con la prensa, según Sergio Contreras, portavoz de la familia de San Miguel. ¿Restricciones de quién? ¿Del gobierno español que negoció su liberación? ¿O acaso Venezuela puso condiciones al soltarlos? Nadie lo aclara, pero el silencio huele a acuerdo diplomático bajo la mesa.
La abogada con el brazo roto y la presión psicológica
Rocío San Miguel, abogada y defensora de derechos humanos con doble nacionalidad hispanovenezolana, no solo llegó sin poder hablar. Llegó con un brazo fracturado que nunca recibió atención médica adecuada en prisión. «A Rocío le fracturaron un brazo estando en prisión y no había forma de que le atendiese un médico», cuenta Yoli Suárez, otra amiga de la familia. Pero el daño no fue solo físico: Contreras añade que sufrió «una gran presión psicológica y un proceso de descrédito». Traducción: el régimen de Maduro la torturó física y mentalmente, la desacreditó públicamente, y ahora España la recibe con abrazos discretos y recomendaciones de no abrir la boca. ¿Qué tan grave debe ser lo que vivieron para que ni siquiera puedan dar declaraciones al aterrizar?
Los vascos turistas que resultaron ser ‘agentes del CNI’
Andrés Martínez Adasme (32 años) y José María Basoa (35) tenían un plan simple: turismo en el Amazonas. Terminaron acusados de ser agentes del Centro Nacional de Inteligencia español y parte de una «supuesta conspiración terrorista para matar a Nicolás Maduro organizada por la CIA». Según El País, fueron detenidos tras las elecciones del 28 de julio de 2024, «cuya victoria se atribuyó fraudulentamente el régimen». El CNI negó que fueran sus agentes, pero Maduro necesitaba chivos expiatorios para justificar su paranoia postelectoral. Dos vascos que querían ver el Amazonas terminaron enredados en la narrativa antiimperialista de un régimen que usa extranjeros como moneda de cambio diplomática. ¿Turismo peligroso o excusa conveniente?
El comercial ‘secuestrado’ por un problema de visado
Ernesto Gorbe, el valenciano, tenía un trabajo: era comercial en Venezuela. En diciembre de 2024 lo detuvieron. Su entorno lo llama directamente «secuestrado» por el gobierno venezolano mientras trabajaba en su oficina. Las autoridades alegaron «un problema en su visado», pero para quienes lo conocen «fue solo una excusa para detenerlo». Gorbe aterrizó en Madrid «sin dinero, ni teléfono», según su círculo cercano. El consulado español «hizo todo lo posible» en su momento, pero pasó más de un año preso antes de lograr la libertad. Aquí la pregunta incómoda: ¿cuántos españoles más están atrapados en Venezuela con «problemas de visado» que son realmente excusas para tener rehenes diplomáticos? ¿Y por qué España tarda tanto en sacarlos?
El periodista canario y la operación gringa
Miguel Moreno, el periodista canario de 34 años, completa el quinteto liberado. Su caso aparece truncado en la información disponible, pero encaja en el patrón: extranjero útil para la narrativa de conspiración de Maduro. Lo interesante es el timing: Suárez, amiga de San Miguel, asegura que supieron de la liberación «tras la operación de Estados Unidos». ¿Qué operación? No se detalla, pero sugiere que la liberación no fue gesto humanitario espontáneo de Venezuela, sino resultado de presión o negociación con Washington. Maduro suelta españoles cuando EEUU aprieta, y Madrid recibe los frutos sin explicar los términos. Diplomacia de rehenes con intermediario gringo.
La recepción que no fue: amigos con pancartas y policía vigilante
Mientras los cinco eran conducidos «cada uno a su destino» sin pasar por la puerta de llegadas habitual, una decena de agentes de la Policía Nacional vigilaba la escena desde las once de la mañana. Amigos de San Miguel esperaron más de tres horas con pancartas y banderas de Venezuela, pero se quedaron «con las ganas». El operativo de seguridad y la ruta discreta confirman que esto no era un simple regreso de turistas. Era la repatriación de presos políticos con heridas físicas, traumas psicológicos y restricciones de comunicación. Venezuela los trató como terroristas, España los recibe como pacientes delicados, y nadie explica públicamente qué pasó realmente en esos meses de cárcel.
Lo que no cuadra: ¿por qué ahora y en qué condiciones?
El patrón es claro: ciudadanos españoles detenidos con excusas ridículas (turistas que son espías, comerciales con problemas de visado), sometidos a condiciones inhumanas, acusados de conspiraciones fantasma, y liberados de repente cuando conviene a Caracas o cuando Washington presiona. Pero las preguntas quedan flotando: ¿Qué concedió España a cambio? ¿Por qué no pueden hablar los liberados? ¿Cuántos españoles siguen presos en Venezuela con cargos inventados? Y la más incómoda: ¿Estamos normalizando que regímenes autoritarios usen a nuestros ciudadanos como fichas de negociación, y nuestro gobierno lo celebre como triunfo diplomático mientras silencia a las víctimas?


