TL;DR
- Más de mil millones de personas viven con trastornos neurológicos según la OMS
- Los trastornos neurológicos son ya la principal causa de discapacidad mundial
- Se registran 12.2 millones de nuevos ACV anuales con 6.5 millones de muertes
- La tecnología avanza pero los tratamientos efectivos siguen siendo limitados
La paradoja del siglo XXI: más pantallas, menos soluciones
La Organización Mundial de la Salud lo dice claro: más de mil millones de personas conviven hoy con enfermedades neurológicas. No es una cifra cualquiera – es una de cada ocho personas en el planeta. Pero aquí viene lo bueno: mientras tenemos neuroimágenes de alta resolución, algoritmos que analizan miles de estudios por segundo y toda la parafernalia tecnológica, los avances terapéuticos concretos siguen siendo limitados. Elimparcial lo llama «el avance silencioso», pero suena más a que la medicina está corriendo en una caminadora: mucho movimiento, poco avance real.
La estadística que duele: 9 millones de muertes y contando
El informe global de la OMS de diciembre 2024 no se anda con rodeos: los trastornos neurológicos se convirtieron en la principal causa de discapacidad en el mundo. Hablamos de 9 millones de muertes en 2019, con accidentes cerebrovasculares liderando la macabra lista – 12.2 millones de casos nuevos por año, 6.5 millones de muertes anuales. Es Gizmodo lo resume bien: «jamás hubo tantos recursos para estudiar el cerebro y, al mismo tiempo, nunca hubo tantos pacientes». La pregunta incómoda: ¿de qué sirve tanta tecnología si no logramos bajar estas cifras?
El neurólogo que ve lo que las máquinas no
Aquí viene lo interesante: mientras los hospitales se llenan de pantallas y algoritmos, los especialistas advierten sobre un riesgo real. El neurólogo Guillermo Díaz Livadiotis lo dice sin tapujos: «En muchos consultorios, la pantalla parece haber desplazado a la persona». Infobae documenta esta tensión entre lo digital y lo humano. El examen físico, la escucha atenta, ese «arte clínico» que ninguna máquina puede replicar – todo eso se pierde en medio del flujo de datos. Y mientras tanto, Conrado Estol, otro neurólogo consultado por los tres medios, señala algo clave: «Una tarea fundamental del neurólogo es detectar lo que no se ve». Las señales sutiles – cambios en el sueño, alteraciones en la memoria – se escapan entre los píxeles de las pantallas.
Vivimos más, pero ¿vivimos mejor?
Estol pone el dedo en la llaga: «La edad promedio de la población ha aumentado significativamente, pero la calidad de vida no ha mejorado en forma proporcional». Aquí está el meollo del asunto. La humanidad logró extender la esperanza de vida, pero el cerebro no viene con garantía extendida. Vivir más años significa entrar en «zona de riesgo» para todas las enfermedades cerebrales. Y la vida moderna no ayuda: ultraprocesados, contaminación, sedentarismo, estrés crónico y aislamiento social crean el «caldo de cultivo perfecto», como dice Estol. El cerebro, ese órgano de extrema precisión, lo tratamos como repuesto desechable.
La prevención: el gigante dormido de la neurología
Aquí está lo más frustrante del asunto: hasta el 80% de los accidentes cerebrovasculares podrían evitarse. Sí, leíste bien – 8 de cada 10. Factores como hipertensión, diabetes, tabaquismo, sedentarismo… todo eso está en nuestras manos. Estol insiste: seguir hábitos saludables podría reducir a la mitad la incidencia de demencias en el mundo. Pero seguimos apostando por curar en lugar de prevenir. Es como si tuviéramos un incendio forestal y en lugar de construir cortafuegos, nos dedicáramos a inventar mejores mangueras.
La desestigmatización: arma de doble filo
Hay un fenómeno curioso que explica parte del aumento de casos: la desestigmatización. Más personas piden ayuda, más diagnósticos certeros, menos problemas «escondidos bajo la alfombra». Esto es bueno, claro. Pero también significa que tenemos dos curvas en ascenso: más diagnósticos y más casos reales. La pregunta incómoda: ¿cuánto de este aumento es real y cuánto es mejor detección? Los tres medios coinciden en que ambas cosas van de la mano.
El futuro: ¿más tecnología o más humanidad?
La neurología está en una encrucijada. Por un lado, la revolución tecnológica promete diagnósticos más rápidos y precisos. Por otro, el riesgo de perder la esencia clínica – ese vínculo humano con pacientes que enfrentan enfermedades que alteran su identidad, memoria o movimiento. El mensaje que unifica a los expertos es claro: el futuro dependerá tanto de la investigación como de la capacidad social para cuidar el cerebro de forma activa. O como dice Estol: «El cerebro es el órgano que nos permite disfrutar de la vida. Cuidémoslo como corresponde». La pregunta que queda flotando: ¿estamos dispuestos a hacerlo, o seguiremos esperando que la tecnología nos salve de nuestros malos hábitos?
Fuentes consultadas:
- Elimparcial – El avance silencioso de las enfermedades neurológicas: la medicina entra a una nueva etapa
- Es – El desafío silencioso de la neurología: por qué el cerebro se ha convertido en la gran frontera médica del siglo XXI
- Infobae – Cómo la neurología enfrenta su mayor desafío en décadas frente al crecimiento de enfermedades mentales


