TL;DR
- La Marina detuvo a 9 personas tras un ataque en El Limoncito, a 40 km de Culiacán
- Un agresor murió en el enfrentamiento y se decomisaron armas de alto calibre y explosivos
- Sinaloa tiene más de 7,000 desaparecidos, el 5.3% del total nacional de 132,000
- La violencia persiste pese a que el gobierno federal envió 1,600 militares a la zona en enero
- El ataque ocurre en medio de la guerra entre Los Chapitos y Los Mayos por el control del Cartel de Sinaloa
El patrullaje que terminó en balacera: otra escena de la guerra que no cesa
El miércoles pasado, mientras los marinos hacían lo que supuestamente hacen siempre -patrullar para «prevenir delitos» en Sinaloa- la realidad les recordó que en El Limoncito, a apenas 40 kilómetros de Culiacán, la prevención es un concepto tan abstracto como la paz. Según El País, fueron agredidos con disparos de arma de fuego por integrantes de la delincuencia organizada. El resultado: nueve detenidos, un muerto del lado de los agresores, y un arsenal decomisado que incluye armas de alto calibre, lanzagranadas y explosivos. Lo que no aparece en el comunicado de Omar García Harfuch es cuántas veces más tendrá la Marina que «repeler agresiones» antes de que algo cambie realmente.
Los números que no cuadran: 42% menos homicidios vs 7,000 desaparecidos
El gobierno federal se ufana de haber reducido los homicidios dolosos en un 42% desde que Claudia Sheinbaum llegó al poder en octubre de 2024. De 86.9 diarios a 50.9 en enero pasado. Pero en Sinaloa, las matemáticas de la violencia tienen otra lógica: más de 7,000 personas desaparecidas, que representan el 5.3% de las más de 132,000 desapariciones a nivel nacional. Mientras el secretario de Seguridad tuitea sobre operativos exitosos, las familias de Concordia siguen buscando a 10 mineros desaparecidos el 29 de enero, y en Mazatlán cuatro turistas de la Ciudad de México se esfumaron en los días previos al Carnaval. ¿Qué vale más en la estadística oficial: un homicidio menos o una desaparición más?
Los 1,600 soldados que llegaron tarde a la fiesta de balas
El pasado 29 de enero, el gobierno federal envió 1,600 militares a Sinaloa para «tratar de atajar la violencia». La decisión llegó un día después de que dos diputados de Movimiento Ciudadano fueran atacados a balazos en el centro de Culiacán. Es decir, tuvieron que balacear a políticos para que el Ejército llegara en serio. El despliegue se concentró en Culiacán y Mazatlán, las dos ciudades clave para el negocio criminal. Pero aquí está el detalle: el ataque en El Limoncito ocurrió el 11 de febrero, casi dos semanas después de que llegaran los refuerzos. O los 1,600 soldados no son suficientes, o la estrategia sigue siendo reactiva en lugar de preventiva.
Los Chapitos vs Los Mayos: la guerra que define todo
Lo que El País documenta sin tapujos es el contexto real: Sinaloa está inmerso en la guerra entre Los Chapitos y Los Mayos, dos violentas facciones del Cartel de Sinaloa que se disputan el territorio como si fuera un tablero de Monopoly con balas reales. Esta no es violencia aleatoria ni «delincuencia común» – es una batalla por el control de rutas, plazas y negocios que mueven millones. Cuando la Marina patrulla El Limoncito, no está enfrentando a «delincuentes organizados» en abstracto, está metiéndose en medio de una guerra corporativa del narcotráfico donde las reglas las ponen quienes tienen más fusiles y menos escrúpulos.
El Carnaval de Mazatlán: la fiesta que no puede esperar
Mientras ocurre todo esto, Mazatlán se prepara para su Carnaval del 12 al 17 de febrero, «uno de los festejos más importantes en la zona». La ciudad costera está pendiente del caso de los cuatro turistas desaparecidos, pero la fiesta debe continuar. Ahí está la contradicción mexicana en estado puro: balaceras a 40 km de Culiacán, desapariciones en Concordia, turistas perdidos en Mazatlán… y el show debe seguir. Porque el turismo no puede parar, aunque la guerra sígala su curso. Es como si hubiera dos Sinaloas paralelos: el de los comunicados oficiales con detenidos y decomisos, y el real donde la vida sigue entre balas y desaparecidos.
La pregunta incómoda: ¿cuántos operativos más hacen falta?
García Harfuch termina su comunicado diciendo que «las instituciones del Gabinete de Seguridad mantienen un dispositivo de seguridad en la zona para proteger a la población. Los operativos continúan y se seguirá informando». Suena bien, hasta que te das cuenta de que es la misma frase que hemos escuchado por años. Operativos que continúan, dispositivos que se mantienen, informes que se seguirán dando… y Sinaloa sigue con más de 7,000 desaparecidos, facciones del narco en guerra abierta, y turistas que se esfuman antes del Carnaval. Los nueve detenidos de El Limoncito son nueve nombres más en una lista interminable. La pregunta que nadie quiere responder es: ¿en qué momento los operativos dejan de ser la solución y se convierten en parte del paisaje permanente de una guerra que no gana nadie?


