TL;DR
- El IMSS comenzará a pedirla desde el 17 de marzo de 2026 para trámites presenciales
- Niños desde 5 años deben dar huellas e iris, pero expertos advierten riesgos de seguridad
- Adultos mayores pueden usar credencial INAPAM, pero igual les piden INE como respaldo
- Una sola base de datos centralizada con datos biométricos irreversibles de millones
Cuando el gobierno quiere tus huellas desde los 5 años
No mames, imagínate: tu hijo de kindergarten ya debe dar sus huellas dactilares y escaneo de iris para que el gobierno lo registre. Según Sinembargo, desde los 5 años cumplidos es la edad mínima para que los menores registren sus datos biométricos. Y si tienen menos de esa edad, igual les toman fotografía del rostro e iris. La pregunta que nadie quiere responder con claridad: ¿qué pasa si esa información se filtra? Porque las huellas y el iris no se cambian como una contraseña de Netflix.
El IMSS ya te la va a pedir, te guste o no
El Economista documenta que el IMSS comenzará a solicitar la CURP biométrica en trámites presenciales desde el 17 de marzo de 2026. Eso significa que si vas a dar de alta a un trabajador, inscribir una empresa o hacer cualquier gestión administrativa, te van a pedir ese documento con tus datos biométricos. El acuerdo se publicó en el Diario Oficial el 24 de febrero y entra en vigor 145 días después. Lo curioso es que durante el periodo de transición «podrás presentar identificaciones oficiales vigentes con fotografía». O sea, no es obligatoria todavía, pero ya te la están metiendo con calzador.
Los adultos mayores: entre el INAPAM y la INE
Aquí está el desmadre: Milenio explica que los adultos mayores pueden usar su credencial INAPAM para tramitar la CURP biométrica, pero las autoridades «podrían solicitarte un documento adicional que acredite identidad y nacionalidad, como tu INE». ¿Entonces para qué sirve la credencial INAPAM si igual te piden la INE? La lógica burocrática en su máxima expresión: te piden un documento oficial para validar otro documento oficial. Como si necesitaras un pasaporte para probar que tu licencia de manejo es real.
La bomba de tiempo de la base de datos única
David González, investigador de seguridad informática citado por Sinembargo, pone el dedo en la llaga: «todos los biométricos estarán en una sola base de información, lo que significa que un solo ataque podría exponer datos irremplazables de millones de personas». Piénsalo: huellas dactilares, iris, fotografías de rostro completo y firmas electrónicas de toda la población mexicana en un solo lugar. Si los fraudes por robo de identidad aumentaron 84% en 2024 según los mismos datos, ¿qué garantías hay de que esta mega-base de datos no será el próximo blanco de los ciberdelincuentes?
Voluntario, pero no tanto
El gobierno insiste en que el trámite es «voluntario, gratuito y gradual», pero la realidad es otra. Si el IMSS ya la va a pedir para trámites, si eventualmente será necesaria para servicios de salud y apoyos gubernamentales, ¿dónde está la voluntariedad? Es como decir que respirar es voluntario, pero si no respiras te mueres. La transición hacia la identidad digital es inevitable, pero la falta de transparencia sobre cómo protegerán esos datos es preocupante. Los especialistas señalan riesgos «importantes» de ciberseguridad, pero el gobierno avanza como si fuera una simple actualización de software.
¿Y la privacidad de los niños?
Aquí está lo más delicado: los datos biométricos de menores de edad. Si un adulto decide no tramitar su CURP biométrica, puede que tenga problemas para algunos trámites. Pero los niños no deciden, sus padres o tutores deciden por ellos. Y una vez que esos datos ingresan al sistema, son para siempre. González lo dice claro: «los datos biométricos son irreversibles, una huella, un iris, no se pueden cambiar si se filtran». ¿Qué padre quiere arriesgar la identidad biométrica de sus hijos en un sistema cuya seguridad nadie explica con detalle?
El panorama es claro: la CURP biométrica llegó para quedarse, con o sin nuestras dudas. El IMSS la implementa, los niños desde 5 años la tramitan, los adultos mayores se confunden con los requisitos, y todos nuestros datos más sensibles se concentran en una sola base. La pregunta incómoda que queda flotando: ¿confiamos más en la capacidad del gobierno para proteger nuestra información biométrica que en nuestra propia intuición de que algo huele raro?


