TL;DR
- Decenas de miles de cubanos fueron movilizados para un acto de apenas dos horas frente a la embajada estadounidense
- El gobierno de Díaz-Canel revive las marchas de Fidel Castro cuando necesita reafirmar su poder interno
- La concentración ocurrió tras la muerte de 32 militares cubanos en la operación que capturó a Nicolás Maduro
- Washington reconoce heridos en su bando pero no da detalles, mientras Cuba construye su relato heroico
- El ritual se disolvió rápido: «dejando la sensación de un ritual cumplido», según testigos
El fantasma de Fidel y su teatro callejero
Cuentan los mayores en Cuba que en tiempos de Fidel Castro cualquier pretexto bastaba para convocar al pueblo a una plaza y hablarle durante horas, incluso bajo un sol implacable. Diez años después de la muerte del líder comunista, ese tipo de concentraciones parecía haber quedado relegado a fechas puntuales del calendario. Pero el gobierno de Miguel Díaz-Canel las ha recuperado con frecuencia en el último año, y el episodio más reciente tuvo lugar este viernes en la Tribuna Antimperialista de La Habana. Elpais documenta cómo decenas de miles de cubanos se congregaron al amanecer para rendir homenaje a los 32 militares fallecidos durante el enfrentamiento con fuerzas estadounidenses que culminó con la captura de Nicolás Maduro y su esposa el pasado 3 de enero.
La coreografía perfecta: autobuses, seguridad y carteles revisados
Aún de noche, grupos de personas descendían de decenas de autobuses bajo un amplio dispositivo de seguridad que obligó a cerrar el tránsito en las zonas aledañas. Avanzaban por calles laterales hasta confluir en la intersección de la avenida 23 y el Malecón. Allí, agentes de paisano vigilaban a la multitud y revisaban carteles y pancartas, letra por letra. El mar estaba agitado y el viento húmedo se colaba entre los asistentes. Las condiciones meteorológicas ya habían marcado la jornada previa, cuando miles de personas asistieron a las honras fúnebres en el Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, acompañadas por una lluvia persistente. En la Tribuna, mientras clareaba el día, el presidente Miguel Díaz-Canel encabezó vestido de militar un acto breve, previo a una marcha de poco más de dos kilómetros por el litoral.
El ritual de dos horas: rápido, controlado y sin sorpresas
En menos de dos horas, la concentración se había disuelto. Desde hace tiempo, estos actos se resuelven con rapidez y dejan la sensación de un ritual cumplido. La multitud escuchó el discurso presidencial en silencio, interrumpido solo por aplausos esporádicos. Se escucharon consignas habituales: «¡Abajo el imperialismo!» y «¡Gloria a nuestros héroes y mártires!». «Las noticias de la agresión nos golpearon duro», afirmó Díaz-Canel, quien sostuvo que la operación estadounidense «no fue el paseo que le han vendido al mundo» y aseguró que «algún día se sabrá toda la verdad». Washington ha reconocido que la operación dejó un número indeterminado de heridos entre sus fuerzas, sin ofrecer más detalles.
La construcción del relato heroico: tenientes y coroneles caídos
El mandatario relató episodios que ya circulan entre la población como parte del relato oficial del enfrentamiento. Mencionó al teniente coronel Jorge Márquez, a quien atribuyó el impacto contra un helicóptero estadounidense, y al coronel Lázaro Evangelio Rodríguez, muerto durante un intento de rescate tras ser alcanzado por un dron. Ante las advertencias de la Administración de Donald Trump tras los hechos del 3 de enero, Díaz-Canel aseguró que Cuba no aceptará «rendición ni claudicación», ni tampoco «ningún entendimiento basado en la coerción o la intimidación». Al mismo tiempo, reiteró la disposición del Gobierno al diálogo con Estados Unidos, «en igualdad de condiciones y sobre la base del respeto mutuo».
¿Protesta genuina o teatro para consumo interno?
Lo interesante aquí no es solo la movilización en sí, sino su carácter ritualístico. Cuando Fidel convocaba, hablaba durante horas bajo el sol. Ahora el acto dura menos de dos horas y se disuelve con precisión suiza. La pregunta incómoda es: ¿quién necesita más esta puesta en escena? ¿Un gobierno que busca reafirmar su legitimidad interna tras un enfrentamiento militar costoso? ¿O una población que necesita creer que su sacrificio tiene sentido? El hecho de que estas marchas hayan resurgido justo cuando Cuba enfrenta tensiones renovadas con Washington no es casualidad. Son un recordatorio visual de que, aunque Fidel ya no está, su manual de teatro político sigue vigente. La diferencia es que ahora el público sabe que es teatro, y los actores saben que el público lo sabe.


