TL;DR
- La Fase 1 de contingencia ambiental se mantiene en el Valle de México por altos niveles de ozono
- Cuajimalpa registró 160 ppb cuando la norma es 90 ppb – casi el doble de lo permitido
- Cinco estaciones superaron los límites de contaminación por ozono simultáneamente
- La CAMe sigue anunciando medidas que no resuelven el problema de fondo
El aire que respiras está en Fase 1 y nadie parece sorprenderse
La Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) anunció que la Fase I de contingencia ambiental por ozono se mantiene en la Zona Metropolitana del Valle de México. Lo dice como si fuera el pronóstico del clima: «mañana, viernes 9 de enero del 2026, seguimos con aire contaminado». Según La Jornada, esto es para «disminuir la exposición de la población al aire contaminado y el riesgo de afectación a su salud». Traducción: el aire que respiras es peligroso, pero en lugar de arreglar el problema, te avisamos que siga así.
Los números que deberían escandalizar pero ya nos acostumbramos
La estación de monitoreo en Cuajimalpa registró 160 ppb (partes por billón) de ozono. La norma mexicana establece que no deberíamos pasar de 90 ppb. Hagamos matemáticas básicas: 160 es casi el doble de lo permitido. No es un «ligero incremento» ni una «variación estacional». Es el aire que respiran miles de personas superando por 78% los límites que supuestamente protegen nuestra salud.
Pero no fue solo Cuajimalpa. A las 18:00 horas, cinco estaciones del Sistema de Monitoreo Atmosférico (SIMAT) estaban por arriba de los 90 ppb. Atizapán marcó 157 ppb. Lo preocupante no es solo que haya contaminación, sino que múltiples puntos de la ciudad estén fallando simultáneamente. Esto no es un «pico aislado» – es una falla sistémica.
La contingencia que se volvió permanente
Lo más revelador del comunicado de la CAMe es el lenguaje: «se mantiene la Fase I». No es «se activó» o «se declaró». Es «se mantiene». Como si la contingencia ambiental fuera ya un estado normal, algo con lo que debemos aprender a vivir. El ozono no es un visitante ocasional – parece haberse mudado a la ciudad.
Y aquí viene la pregunta incómoda: si sabemos que el ozono causa problemas respiratorios, afecta a personas con asma, empeora condiciones cardiovasculares y daña los pulmones, ¿por qué seguimos teniendo estos niveles año tras año? La respuesta oficial siempre es la misma: «reducir la emisión de contaminantes». Pero las medidas parecen ser más reactivas que preventivas.
¿Y las enfermedades que menciona el lector?
Aquí hay que aclarar algo importante: la contingencia por ozono NO significa que haya una enfermedad propagándose por México. El ozono es un contaminante que empeora condiciones de salud existentes, especialmente respiratorias. Personas con asma, adultos mayores, niños y quienes tienen problemas cardiovasculares son los más afectados.
Pero hay un efecto secundario menos visible: la normalización del riesgo. Cuando anunciamos «Fase 1» como si fuera algo rutinario, empezamos a aceptar que respirar aire contaminado es normal. Y eso sí es una enfermedad social: la indiferencia ante lo que nos está haciendo daño.
El verdadero problema no es el ozono, es la resignación
Lo más preocupante de todo esto no son los 160 ppb en Cuajimalpa. Es que ya ni siquiera nos sorprende. La CAMe emite su comunicado, los medios lo reproducen, y seguimos con nuestro día como si nada. El aire está en contingencia, pero la vida continúa.
La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿cuántas Fases 1 necesitamos para entender que esto no es normal? ¿Cuántos comunicados de «se mantiene la contingencia» antes de exigir soluciones reales, no solo avisos?
El ozono en el Valle de México no es un problema meteorológico – es un problema de políticas públicas, de transporte, de industria, de urbanismo. Y mientras sigamos tratándolo como un fenómeno atmosférico inevitable en lugar de una falla del sistema, seguiremos recibiendo el mismo comunicado: «se mantiene la Fase 1». Como si fuera el estado natural de las cosas.


