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domingo, enero 11, 2026

El concierto que nació de una guerra: cómo Putin cambió la Filarmónica de Viena

Yannick Nézet-Séguin llegó al podio más prestigioso del mundo gracias a que un director ruso apoyó la invasión de Ucrania

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TL;DR

  • Yannick Nézet-Séguin dirigió el Concierto de Año Nuevo tras sustituir a Valeri Gergiev en 2022
  • La Filarmónica de Viena rompió con Gergiev por no condenar la invasión de Ucrania
  • Nézet-Séguin aceptó dirigir tres conciertos sin modificar el programa mientras ensayaba una ópera
  • La relación con la orquesta cambió radicalmente tras esa hazaña musical
  • El concierto incluyó novedades como Leyendas del Danubio y Malapou-Galopp

La sustitución que cambió todo: cuando la política entró al escenario

La historia del Concierto de Año Nuevo 2026 no empieza con vals ni con champagne. Empieza con una guerra y una decisión incómoda. Elpais documenta que el origen de la invitación a Yannick Nézet-Séguin mantiene una relación «tan inesperada como reveladora con la invasión de Ucrania por parte de Vladimir Putin». Aquí está el dato que nadie te va a contar en la transmisión televisiva: el director canadiense llegó al podio más prestigioso del mundo porque otro director, el ruso Valeri Gergiev, prefirió apoyar a Putin antes que condenar la invasión.

25 de febrero de 2022: el día que la música se puso de lado

Imagina la escena: Carnegie Hall, Nueva York, y la Filarmónica de Viena rompiendo relaciones con Gergiev. No fue por diferencias artísticas, no fue por conflictos de ego. Fue porque el director ruso se negó a condenar públicamente la invasión de Ucrania. Según Elpais, Nézet-Séguin sustituyó in extremis a Gergiev en ese momento crítico, aceptando hacerse cargo de tres conciertos sin modificar una sola obra del programa original. Y aquí viene lo verdaderamente alucinante: lo hizo mientras ensayaba Don Carlos de Verdi en la Metropolitan Opera. El tipo estaba en dos obras maestras al mismo tiempo, como si dirigir a la orquesta más exigente del mundo fuera un hobby de fin de semana.

La hazaña que enfermó al director pero curó la relación

Daniel Froschauer, presidente de la orquesta, lo reconoció sin tapujos: «Esos conciertos cambiaron nuestra relación con él». El esfuerzo fue tan brutal que Nézet-Séguin cayó enfermo poco después y tuvo que renunciar a dirigir la ópera de Verdi en el Met. Pero el vínculo con la Filarmónica de Viena no ha dejado de fortalecerse desde entonces. Piensa en esto: un director que durante años no convencía del todo a la orquesta más elitista del planeta, de repente se gana su respeto absoluto por aceptar un reto imposible en el momento más incómodo. No es mérito artístico puro, es mérito de carácter bajo presión extrema.

El concierto que rompió con la tradición (y con el aburrimiento)

Cuando finalmente llegó el 1 de enero de 2026, Nézet-Séguin demostró por qué valía la pena el riesgo. Lejos de abrir con una marcha tradicional, optó por la obertura de Indigo y los cuarenta ladrones, la primera opereta de Johann Strauss hijo. Elpais señala que fue una elección arriesgada donde ya se percibieron «el cuidado en la articulación y la sutileza en la conexión de las distintas secciones». Pero lo verdaderamente interesante vino después: la primera novedad del programa, Leyendas del Danubio de Carl Michael Ziehrer, concebida como un viaje musical por los territorios bañados por el gran río, con sones húngaros, un breve Ländler austríaco y un kolo bosnio.

Cuando la diversión se hizo visible (y la cámara lo captó)

La primera chispa de disfrute compartido entre Nézet-Séguin y la orquesta llegó con Malapou-Galopp de Joseph Lanner, con su griterío inicial y la inclusión de instrumentos populares de la India, como la flauta de caña. Elpais destaca que la realización televisiva de Michael Beyer realzó estos momentos. Aquí hay algo que pensar: en un concierto que suele ser formal hasta la rigidez, ver a músicos disfrutando genuinamente es casi revolucionario. Menos inspirada resultó la polca rápida Diablillo burbujeante de Eduard Strauss, que según la crónica «pasó sin dejar una huella comparable». Ni los mejores pueden acertar en todo.

La segunda parte y el intermedio que nadie vio venir

Tras la película del intermedio -donde varios cuadros del Albertina cobraron vida para celebrar su 250 aniversario- la segunda parte se abrió con La hermosa Galatea de Franz von Suppè. Nézet-Séguin la convirtió en una ocasión de lucimiento para los excelentes solistas de viento. Pero aquí está el detalle que muchos van a pasar por alto: el director canadiense dirigió TODO el programa de memoria. En un mundo donde algunos directores necesitan partitura hasta para el Himno a la Alegría, esto no es solo habilidad, es dominio absoluto del repertorio.

La reflexión incómoda que queda flotando

Piensa en esto: sin la invasión de Ucrania, sin la postura de Gergiev, sin esa sustitución de emergencia en Carnegie Hall, probablemente Nézet-Séguin no estaría dirigiendo el Concierto de Año Nuevo 2026. La política, esa invitada no deseada en los teatros, terminó decidiendo quién se para frente a la orquesta más prestigiosa del mundo. Y lo más irónico es que el resultado fue uno de los mejores arranques del concierto en años. A veces las crisis crean oportunidades que la rutina nunca permitiría. La pregunta que queda es: ¿cuánto talento extraordinario está esperando su momento de crisis para brillar?


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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