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jueves, febrero 5, 2026

Colima: cambian militar por militar tras asesinato de familiares de Delgado

La gobernadora Indira Vizcaíno nombra a un teniente como nuevo secretario de Seguridad, pero la estrategia sigue siendo la misma

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TL;DR

  • La gobernadora Indira Vizcaíno nombró al teniente Fabián Ricardo Gómez como nuevo secretario de Seguridad de Colima
  • El cambio ocurre cuatro días después del asesinato de la tía y prima del secretario de Educación Mario Delgado
  • El 79% de la población de la capital colimense considera que el lugar es inseguro, según datos del Inegi
  • Colima lidia con violencia de grupos criminales que buscan territorios de salida al mar

Cambian la cara, pero no la estrategia

Cuando la violencia toca a los de arriba, las cosas se mueven. O al menos eso parece. Cuatro días después de que un grupo armado entrara a la fuerza a una casa en Colima y asesinara a Eugenia Delgado y Sheila Amezcua Delgado -tía y prima del secretario de Educación Mario Delgado- la gobernadora Indira Vizcaíno anunció un cambio en la Secretaría de Seguridad estatal. Pero aquí está el detalle: sacan a un militar para poner a otro militar. El contralmirante Gerardo Romero Santana sale y entra el teniente Fabián Ricardo Gómez. Como reporta El País, Vizcaíno dijo que Gómez «es consciente de la enorme expectativa que existe de avanzar con mayor velocidad hacia la paz». La pregunta que nadie hace: ¿por qué si ya teníamos a un militar no avanzamos antes?

Los números que no mienten (y duelen)

Mientras los funcionarios hablan de «profesionalismo» y «compromiso», los ciudadanos viven otra realidad. Según los últimos datos del Inegi de diciembre, cerca del 79% de la población de la capital colimense considera que el lugar es inseguro. Esto no es un dato menor: representa un aumento respecto al 75,6% de septiembre. O sea, en tres meses más gente se siente insegura, no menos. Y aunque Colima no llega a los niveles de terror de Uruapan (88,7%) o Culiacán (88,1%), sigue estando muy por encima de la media nacional del 63,8%. La estrategia actual claramente no está funcionando, pero en lugar de cuestionarla, solo cambian al encargado.

Cuando la violencia toca a los «importantes»

El crimen del sábado pasado tiene un detalle que explica la velocidad de la reacción: las víctimas eran familiares de Mario Delgado, uno de los funcionarios más visibles del gobierno federal. El propio secretario de Educación confirmó el hecho con un mensaje de «profunda consternación, indignación y tristeza». Las autoridades estatales reportaron que, durante la búsqueda de los responsables, hubo un enfrentamiento donde «tres agresores resultaron abatidos y un elemento de la Fiscalía recibió un disparo». También localizaron el vehículo utilizado en el crimen en la colonia Punta Diamante, a 20 minutos del lugar de los hechos. La eficiencia en esta investigación particular contrasta con la lentitud en miles de casos de ciudadanos comunes.

El problema de fondo: la geografía de la muerte

Colima no es víctima casual de la violencia. Su ubicación costera lo convierte en territorio codiciado por grupos criminales que buscan salidas al mar. Esto no es nuevo, pero la respuesta sí parece ser siempre la misma: más militares, más operativos, más de lo mismo. La gobernadora Vizcaíno agradeció al contralmirante saliente su trabajo, pero la realidad es que durante su gestión la percepción de inseguridad aumentó. Ahora confía en que el teniente Gómez, «con profesionalismo, compromiso, constancia y coordinación» ayudará a cumplir el objetivo de paz. Pero si la fórmula militar ya se probó y los números empeoran, ¿por qué insistir en la misma receta?

La pregunta incómoda que nadie quiere hacer

Aquí está lo verdaderamente preocupante: cuando la violencia afecta a familiares de altos funcionarios, las cosas se mueven en días. Se cambian secretarios, se hacen operativos rápidos, se da seguimiento público. Pero ¿qué pasa con las miles de familias colimenses que llevan años viviendo con miedo? ¿Cuántos días tardan en responder cuando las víctimas no tienen apellidos conocidos? La militarización de la seguridad pública en México lleva años demostrando sus límites, pero cada crisis se responde con más de lo mismo. Colima hoy cambia un uniforme por otro, pero la estrategia sigue siendo la de siempre. Y mientras tanto, el 79% de su capital sigue sintiendo que salir a la calle es un riesgo. Ese es el verdadero dato que debería mover a cambiar no solo al secretario, sino todo el modelo.


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