TL;DR
- Alemania convocó al embajador ruso Serguei Necháyev por ciberataque al control aéreo en 2024
- Los servicios secretos alemanes identificaron la «firma clara» del GRU ruso en los ataques
- Rusia también intentó desestabilizar las elecciones alemanas con campaña ‘Storm-1516’
- Berlín anuncia contramedidas y sanciones individuales contra actores híbridos rusos
La firma rusa que no necesita autógrafo
Cuando Alemania dice que puede «reconocer claramente la firma de Moscú» en un ciberataque, no está hablando de metáforas bonitas. Según DW, el portavoz de la diplomacia germana, Martin Giese, fue contundente: «La información de nuestros servicios de inteligencia demuestra que el servicio de inteligencia militar ruso GRU es responsable de este ataque». Y no se refiere a cualquier cosa: hablamos del control del tráfico aéreo alemán en agosto de 2024. O sea, jugar con la seguridad de miles de personas en el aire como si fuera un videojuego.
El GRU y sus ‘osos elegantes’
Lo interesante aquí es que Alemania no anda con rodeos. Identificaron al colectivo APT28, también conocido como ‘Fancy Bear’ (oso elegante, qué nombre más curioso para un grupo de hackers). Este grupo tiene historial de aparecer en ciberataques atribuidos a Rusia, pero esta vez Berlín no dice «probablemente» o «posiblemente». Dice «con carácter vinculante». Es como cuando tu mamá te encuentra con las manos en la masa y ya ni siquiera pregunta «¿fuiste tú?».
Elecciones alemanas: el campo de batalla digital
Pero el ciberataque al control aéreo es solo una parte del desmadre. Según la misma fuente, Rusia también intentó «influir y desestabilizar» las últimas elecciones al Bundestag a través de la campaña ‘Storm-1516’. Detrás de esto estarían el laboratorio de ideas moscovita Center for Geopolitical Expertise y el Movimiento del Águila Bicéfala, «apoyados por el servicio secreto militar ruso GRU». O sea, no son hackers sueltos jugando a ser anónimos: es una operación coordinada con think tanks y todo.
La guerra híbrida que ya llegó a casa
Lo que más debería preocupar es el objetivo que Berlín identifica: «dividir a la sociedad, fomentar la desconfianza, provocar el rechazo y debilitar la confianza en las instituciones democráticas». No es solo joder sistemas informáticos por diversión. Es atacar el tejido social mismo. Giese lo dijo claro: «Rusia amenaza nuestra seguridad, no sólo con su guerra de agresión contra Ucrania, sino también aquí, en Alemania». La guerra ya no está solo en las fronteras ucranianas; está en los servidores y redes sociales alemanas.
Las consecuencias que prometen
Alemania no se quedó en el berrinche diplomático. Anunció que en coordinación con socios europeos están adoptando contramedidas «para que Rusia pague un precio por sus acciones híbridas». Hablan de nuevas sanciones individuales contra actores híbridos, con prohibiciones de entrada y congelación de activos. La pregunta incómoda: ¿realmente estas medidas duelen lo suficiente? Porque si Rusia se atrevió a atacar el control aéreo de un país de la OTAN, parece que el precio anterior no era tan alto.
Lo que no dicen pero se intuye
Lo curioso es el timing. El ciberataque al control aéreo fue en agosto de 2024, pero la convocatoria al embajador es en diciembre de 2025. ¿Por qué ahora? ¿Acumularon evidencia irrefutable? ¿Es parte de una estrategia más amplia de presión? O quizás simplemente ya se cansaron de que les hackeen lo más sensible. Porque no es cualquier cosa: es el sistema que evita que los aviones choquen en el aire. Jugar con eso no es broma, es terrorismo cibernético con todas sus letras.
La nueva normalidad que nadie quería
Lo que queda claro es que estamos en una era donde los ataques a infraestructura crítica ya no son películas de ciencia ficción. Son la realidad de un viernes cualquiera en Berlín. Y lo más preocupante: si Alemania, con todo su poderío tecnológico y de inteligencia, puede ser víctima de estos ataques, ¿qué espera a países con menos recursos? La guerra híbrida ya no es teoría: tiene firma, tiene responsables y, según Berlín, va a tener consecuencias. Veremos si las promesas se convierten en acciones que realmente cambien el cálculo de riesgo para Moscú.


