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jueves, febrero 12, 2026

Chomsky y Epstein: cuando el filósofo le dio consejos al depredador

La disculpa tardía de su esposa revela mensajes donde el intelectual aconsejaba al pedófilo cómo manejar el escándalo

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TL;DR

  • Chomsky mantuvo correspondencia con Epstein cuando ya estaba investigado por abuso sexual
  • Le aconsejó «ignorar» el escándalo y llamó «buitres» a la prensa que lo cubría
  • Su esposa Valeria califica la relación como «grave error» y pide perdón siete años después
  • Los archivos desclasificados revelan 3 millones de documentos sobre la red de Epstein

El intelectual que aconsejó al monstruo

Noam Chomsky, el gigante intelectual de la izquierda mundial, el hombre que pasó décadas denunciando el poder y la corrupción, tenía un consejo muy particular para Jeffrey Epstein cuando el magnate pedófilo le preguntó cómo manejar el escándalo por abuso sexual: «Ignóralo». Según Elpais, en 2018-2019, cuando Epstein ya estaba bajo investigación, Chomsky le escribió: «He visto el horrible trato que te están dando la prensa y el público. Es doloroso decirlo, pero creo que la mejor manera de proceder es ignorarlo». El filósofo de 97 años no solo sugirió el silencio, sino que llamó «buitres» a los medios que cubrían los abusos. La ironía duele: el mismo hombre que analizó las estructuras de poder durante medio siglo, cayó en la trampa más básica del depredador.

La disculpa que llega siete años tarde

Valeria Chomsky, segunda esposa del intelectual, publicó una carta de tres páginas donde califica la relación como «grave error». Pero aquí está el detalle que pica: la disculpa llega ahora, en 2026, cuando el Departamento de Justicia desclasificó el último lote de documentos que incluyen esos mensajes comprometedores. «Fuimos negligentes al no investigar a fondo sus antecedentes», escribe Valeria. «Fue un grave error, y por ese error de juicio, me disculpo en nombre de ambos». La pregunta incómoda es inevitable: ¿se hubiera disculpado si los archivos no se hubieran hecho públicos? La carta explica que conocieron a Epstein cuando este se presentó como «filántropo que apoyaba la ciencia», pero Epstein ya tenía condena por tráfico sexual desde 2008. ¿Nadie en el círculo de Chomsky, con acceso a información, le advirtió?

El caballo de Troya intelectual

La metáfora que usa Valeria Chomsky es reveladora: «Sin saberlo, abrimos la puerta a un caballo de Troya». Pero aquí hay que hacer una distinción clave: el caballo de Troya era un regalo engañoso que los troyanos aceptaron por voluntad propia. Epstein no era un desconocido marginal; Elpais lo describe como «el peor depredador sexual de la historia de Estados Unidos». Para 2018, cuando Chomsky le escribía esos mensajes, el escándalo ya era público y notorio. El filósofo incluso reconoce en su correspondencia que Epstein estaba recibiendo «horrible trato» de la prensa. ¿Cómo es posible que alguien tan analítico no conectara los puntos?

La élite y su ceguera selectiva

Lo más revelador de este caso no es que Chomsky se haya equivocado – todos nos equivocamos – sino el patrón que expone: la capacidad de la élite intelectual para desarrollar ceguera selectiva cuando se trata de sus círculos. Epstein era, según la carta de disculpa, «un amigo servicial» que resultó tener «una vida oculta de actos criminales, inhumanos y pervertidos». Pero aquí está el problema: esa vida no estaba tan oculta. Los archivos desclasificados ahora revelan «más de tres millones de documentos, miles de fotos y videos» sobre la red del magnate. La pregunta que queda flotando es cuánta gente en esos círculos prefería no ver lo evidente porque Epstein era «útil», «conectado», «interesante».

El consejo que delata más que la relación

Analicemos fríamente el consejo de Chomsky a Epstein: «Lo que los buitres anhelan es una respuesta pública que, a su vez, proporcione una oportunidad pública para una avalancha de ataques venenosos». Traducción: no des explicaciones, no te defiendas, deja que las víctimas y la prensa hablen solas. Para un intelectual que ha dedicado su vida a analizar el poder, esta postura es particularmente cínica. ¿Acaso las víctimas de Epstein eran «buitres» buscando publicidad? ¿Los periodistas que destaparon la red eran «chiflados»? La correspondencia muestra a un Chomsky más preocupado por la imagen de su amigo que por la justicia para las víctimas.

¿Arrepentimiento genuino o daño control?

Valeria Chomsky asegura que su esposo, antes de su derrame cerebral, sentía lo mismo que ella: profundo arrepentimiento. «Desde que se reveló el alcance de sus crímenes, hemos estado conmocionados», escribe. Pero el timing es sospechoso: la carta aparece justo cuando los archivos salen a la luz. José María Santana, investigador asociado de Chomsky, la publicó en X el 8 de febrero de 2026. No es una reflexión espontánea, es una respuesta calculada a documentos comprometedores. En el mundo de las relaciones públicas, esto se llama «daño control», no arrepentimiento orgánico.

La lección que nadie quiere aprender

El caso Chomsky-Epstein es un espejo incómodo para la izquierda intelectual. Muestra cómo incluso los críticos más agudos del sistema pueden caer en las redes de los depredadores cuando estos vienen con credenciales de élite. Epstein no era un don nadie: era un «encantador de serpientes» con acceso a los más altos niveles, como documenta Elpais. La pregunta final es incómoda pero necesaria: ¿cuántos otros intelectuales, activistas, políticos progresistas tuvieron relaciones similares con Epstein que aún no han salido a la luz? Y más importante: ¿qué nos dice esto sobre nuestra capacidad colectiva para distinguir entre aliados genuinos y depredadores con buena labia?


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

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