TL;DR
- Las campanadas como show nacieron en 1990 tras el error de Marisa Naranjo en 1989
- TVE mantuvo su hegemonía absoluta pese a todos los intentos de las privadas
- Ni Chiquito de la Calzada en su apogeo pudo hacerle daño a la audiencia del ente
- La capa de Ramón García funcionó como «capa de invisibilidad» para la competencia
- Solo Cristina Pedroche logró crear una tradición paralela, pero sin amenazar a TVE
El error que cambió todo: cuando Marisa Naranjo mató una tradición
1989 fue un año de muertes importantes: Bette Davis, Salvador Dalí y, según documenta Elpais, «la retransmisión televisiva de las campanadas locutada, tal y como la habíamos conocido desde 1962». El gran responsable fue Marisa Naranjo, quien confundió las primeras cuatro uvas con los cuartos. Pero aquí está lo curioso: ese error monumental no fue un accidente, fue el parto doloroso de una nueva era. Porque mientras TVE enterraba una tradición, Antena 3 -que ni siquiera había estrenado oficialmente- ya estaba cocinando su propia versión pregrabada con Mayra Gómez Kemp. El archivo de esa emisión fallida se rescató hasta 2013, pero la idea ya estaba ahí: las campanadas ya no serían un acto periodístico, sino un espectáculo.
La batalla imposible: cuando todas las estrellas chocaron contra un muro
Lo que siguió fue una guerra de 35 años donde TVE demostró que el espectador español es más conservador que un cura de pueblo. Antena 3 y Telecinco probaron de todo: desde caras legendarias como Carmen Sevilla, José María Iñigo y Jesús Puente, hasta los emblemas contemporáneos como el reparto de Aquí no hay quien viva. Incluso el mismísimo Chiquito de la Calzada en todo su apogeo en 1994. Nada. Absolutamente nada. Elpais lo documenta con una cifra demoledora: «durante los 90, la década de los 2000 y la primera mitad de los 10 no hubo ni un solo año en el que la suma de las audiencias en las campanadas de Antena 3 y Telecinco rozara siquiera la mitad de la audiencia de RTVE». Ni el nacimiento de Cuatro en 2005 y La Sexta en 2006 movió la aguja. Telecinco tuvo sus momentos de gloria con Belén Esteban en 2009 y sobre todo en 2011 con Isabel Pantoja, Kiko Rivera y Jorge Javier Vázquez (más de tres millones), pero fueron «sueños de una noche de invierno».
La capa mágica de Ramón García y el consenso intergeneracional
¿Cómo explicar esta hegemonía absoluta? Elpais lo resume en dos frases que deberían estar en los libros de comunicación: «El espectador es un animal de costumbres y más cuando tiene que llegar a un consenso intergeneracional» y «La capa de Ramón García, copresentador de la ocasión en TVE desde 1995 hasta 2006, parecía funcionar como la capa de invisibilidad de Harry Potter, pero aplicada a sus competidores». Ahí está la clave: las campanadas no son solo un programa, son el ritual familiar por excelencia. El lugar donde abuela, padres y nietos encuentran un punto en común. Y TVE, con su neutralidad forzada y su aire institucional, es el terreno neutral perfecto. Las privadas podían ofrecer más espectáculo, más polémica, más estrellas, pero justo eso las descalificaba para ser el árbitro de la noche más familiar del año.
La excepción que confirma la regla: cuando Cristina Pedroche entendió el juego
El único que logró romper un poco el molde fue Atresmedia a partir de 2014, pero con una estrategia brillantemente distinta. En lugar de intentar ganarle a TVE en su propio terreno, crearon un terreno paralelo. La incorporación de Cristina Pedroche -primero en La Sexta, luego en Antena 3- vino acompañada de la incógnita del vestido. Elpais lo describe como «el nacimiento de una directriz inteligente: si no podemos con la costumbre ajena, al menos intentemos crear una propia». Pedroche no compitió por ser la presentadora de las campanadas de todos, sino por crear su propio evento dentro del evento. El vestido se convirtió en trending topic, en conversación, en tradición alternativa. Pero ni siquiera eso amenazó seriamente a TVE. Solo demostró que en este juego, la única forma de sobrevivir es inventar tu propio juego.
La paradoja final: el error que dio vida a una tradición invencible
Lo más irónico de esta historia es que todo nació de un error. Marisa Naranjo se equivocó en 1989 y mató las campanadas locutadas. Antena 3 intentó su emisión pregrabada con Mayra Gómez Kemp y falló por problemas técnicos. Pero de esos dos fracasos nació la competencia televisiva en España y, paradójicamente, la hegemonía absoluta de TVE. Porque mientras las privadas buscaban el espectáculo perfecto, TVE ofrecía lo que realmente quería el público: continuidad, familiaridad, neutralidad. Hoy, 35 años después, seguimos en la misma dinámica. Las campanadas son el último reducto de la televisión lineal, el último ritual colectivo que resiste a Netflix y a las plataformas. Y en medio de esa resistencia, TVE sigue siendo la fortaleza inexpugnable. La pregunta incómoda es: ¿realmente queremos que cambie? ¿O necesitamos, en el fondo, esa capa de Ramón García que nos proteja de demasiadas opciones en la noche en que más queremos certezas?


