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domingo, enero 11, 2026

La escalera de 2 metros y los 2 millones de euros

La cabalgata de Madrid entre tradición familiar y gasto municipal

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TL;DR

  • La familia Arbizu lleva 40 años usando la misma escalera de 2 metros solo para ver los Reyes
  • El Ayuntamiento gastó 2 millones de euros en un desfile con 2,100 personas y 1,200 kilos de caramelos
  • Una carroza con ponchos de papel aluminio buscaba ‘neutralidad política’ en medio del frío polar
  • Mientras los niños pedían caramelos, un padre seguía minuto a minuto la crisis en Venezuela

La escalera que vale más que 2 millones de euros

Carlos Torija Arbizu tiene 48 años y un tesoro familiar: una escalera de metal de seis peldaños que mide más de dos metros. Según El País, esa escalera tiene un solo uso anual: el 5 de enero. El resto del año, el conserje Alvi la guarda sabiendo que «no se negocia» – da igual la avería que haya que arreglar, la escalera «está reservada para ver a sus majestades». Mientras, el Ayuntamiento de Madrid destinaba 2 millones de euros para una cabalgata bajo el lema ‘El saber compartido’. La ironía se escribe sola: una escalera de un solo uso que vale más en tradición que todo un presupuesto municipal.

Caramelos blandos y neutralidad de papel aluminio

Marcos, el sobrino de 9 años, tenía claro el objetivo: «Los caramelos blandos, los que tienen azúcar por fuera y gelatina por dentro». Según sus cálculos, terminarían con casi un kilo de chucherías. El consistorio reportó 1,200 kilos de caramelos repartidos por 2,100 personas. Pero en medio del frío polar -con sensación térmica de -2 grados- apareció la carroza más surrealista: participantes con ponchos de papel de aluminio que parecían «salidas del espacio». José Antonio Ruiz, organizador de la carroza de Madrid Calle 30, explicó: «No significa nada, solo queríamos diferenciarnos de los demás y, sobre todo, que no se nos asociara con ningún partido político». Neutralidad de papel aluminio en un día de -2 grados. Porque claro, en España 2026, hasta los Reyes Magos necesitan declararse apolíticos.

El tren que casi no llega y la crisis que sí

La familia Arbizu casi se queda sin cabalgata. A las 17:20, en el andén de Renfe de Delicias, comenzaron a impacientarse: faltaban 12 minutos para el próximo tren. En Atocha, el vehículo se detuvo por una avería. El siguiente tren llegó «completamente abarrotado» y la escalera de dos metros «entró de puro milagro». Mientras tanto, en la glorieta de Gregorio Marañón, José Luis Moleiro, padre de dos hijas, seguía «el panorama que hay al otro lado del charco». Anunciaba sin mucho éxito que Maduro «se ha declarado inocente» y que Delcy Rodríguez juraría su cargo «esta tarde». «El mundo ha cambiado, no sé si es que no nos damos cuenta», se quejaba. Dos realidades paralelas: una familia luchando por subir su escalera a un tren y un hombre tratando de explicar una crisis política venezolana a gente que solo quiere caramelos.

40 años de tradición vs 2 millones de presupuesto

Los Arbizu son «fieles al desfile desde hace casi 40 años». Saben que «no importa tanto llegar el primero sino saber dónde ubicarse». Su spot: «Junto a la Biblioteca Nacional, siempre ahí». Este año, con sensación térmica de -2 grados, miles de familias aguantaron el frío para ver las carrozas que empezaron a salir desde Nuevos Ministerios pasadas las 18:00. La escalera familiar, ese objeto que pasa 364 días en el cuarto del conserje, se convirtió en el mejor asiento de la casa. Mientras el Ayuntamiento presumía de «sabiduría compartida» con dos millones de euros, los Arbizu demostraban que la verdadera sabiduría está en saber que algunos tesoros no se miden en presupuesto, sino en peldaños.

¿Qué vale más: la escalera o el desfile?

Aquí está el meollo: una familia que guarda una escalera todo el año para un solo día, frente a una administración que gasta 2 millones en unas horas. Un niño que calcula caramelos por gramos, frente a un ayuntamiento que reporta toneladas. Un padre que intenta hablar de política internacional en medio de un desfile infantil, frente a organizadores que se visten de papel aluminio para declararse neutrales. La cabalgata de Madrid 2026 fue eso: un microcosmos de contradicciones donde la tradición familiar chocó con la espectacularidad municipal, donde el frío polar no congeló los absurdos, y donde una simple escalera de seis peldaños contó una historia más poderosa que cualquier carroza de dos millones.


Fuentes consultadas:

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