Lo que debes de saber
- Box, empresa de software, creó 13 nuevos roles laborales gracias a la IA, desde arquitectos hasta gerentes de soluciones de IA.
- La compañía espera aumentar su plantilla a más de 3,000 empleados, contradiciendo la narrativa de que la IA solo destruye puestos de trabajo.
- El caso contrasta con el caos en el sistema de universidades públicas de California, que gastó 16.9 millones de dólares en IA durante una crisis financiera.
- El CEO Aaron Levie afirma que la IA les obliga a contratar más personas, tanto para vender IA como para usarla internamente.
- La pregunta clave es si este modelo es replicable o si Box es una anomalía en un mercado laboral que la IA está transformando de manera desigual.

La excepción que desafía la regla
En medio del pánico generalizado de que la inteligencia artificial nos va a dejar a todos sin chamba, llega una historia que, cuando menos, invita a rascarse la cabeza. The New York Times reporta que Box, una empresa de software de Silicon Valley, ha creado 13 nuevos tipos de empleo gracias, precisamente, a la IA. No es que hayan reemplazado a sus trabajadores con algoritmos; al contrario, esperan tener más de 3,000 empleados para inicios del próximo año, superando los 2,900 con los que arrancaron el 2026. Aaron Levie, su CEO, lo dice sin titubeos: la IA los está obligando a contratar más gente, no a despedirla.
“We ourselves are selling A.I. to our customers, so that’s actually causing us to need to hire more people,” said Box’s chief executive, Aaron Levie.
El dato es un balón de oxígeno para quienes temen que la automatización se convierta en una guillotina laboral. Pero antes de cantar victoria, vale la pena preguntarse: ¿es Box la regla o la excepción? Porque mientras esta empresa de gestión de datos crea puestos como arquitecto de IA, gerente de soluciones de IA o líder de plataforma de IA, en otras trincheras la historia es muy distinta.
El otro lado del espejo: universidades en llamas
Para muestra, un botón que duele. The New York Times también documenta cómo el sistema de universidades públicas de California invirtió 16.9 millones de dólares en IA en medio de una crisis financiera. El resultado no fue un paraíso de eficiencia, sino un caos que está desgarrando a la institución. Mientras Box contrata arquitectos de IA, las universidades californianas se están despedazando internamente por decisiones apresuradas, falta de planeación y, probablemente, por creer que la IA era la varita mágica que resolvería todos sus problemas.
La contradicción es evidente: en un rincón del ecosistema tecnológico, la IA genera empleos especializados y bien remunerados; en otro, se convierte en un pozo sin fondo de dinero malgastado y conflictos internos. ¿De qué depende el resultado? De la estrategia, la cultura organizacional y, sobre todo, de entender que la IA no es un fin en sí misma, sino una herramienta que, mal usada, puede incendiar hasta el más sólido de los castillos de naipes.
El factor humano que nadie quiere ver
Lo que distingue a Box de las universidades de California no es la tecnología, sino cómo la integraron. Mientras Box pidió a sus empleados que dedicaran parte de su tiempo a ayudar a otros a usar la IA, y creó roles específicos para gestionar esa transición, las universidades parece que compraron la IA como quien compra un coche nuevo sin saber manejar. El resultado: Box suma empleados; las universidades, dolores de cabeza.
Este contraste es clave para entender el futuro del trabajo. No se trata de que la IA vaya a acabar con todos los empleos, sino de que va a redefinir qué empleos existen y quién los ocupa. Los trabajos que Box está creando no son para cualquiera: requieren habilidades técnicas, capacidad de adaptación y, sobre todo, una mentalidad que vea a la IA como un aliado, no como una amenaza.
¿Y el resto del mundo?
Mientras tanto, en el resto de la economía, la incertidumbre crece. The New York Times ha explorado cómo la IA está impactando la productividad y el empleo, y una columna de opinión advierte sobre una posible crisis laboral, citando incluso análisis de Goldman Sachs que proyectan disrupciones masivas. La historia de Box es alentadora, pero no es la norma. Es más bien la excepción que confirma la regla de que la transición hacia una economía impulsada por IA será desigual, dolorosa y, para muchos, excluyente.
El verdadero reto no es si la IA crea o destruye empleos, sino quién tiene acceso a los nuevos empleos que crea. Porque mientras Box contrata en Silicon Valley, el resto del mundo observa, se prepara o, simplemente, se queda atrás. Y en ese escenario, la pregunta incómoda no es si la IA nos va a reemplazar, sino si estamos listos para el tipo de trabajos que nos va a dejar.


