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domingo, enero 11, 2026

Belén celebra Navidad mientras Gaza sigue en ruinas

La alegría navideña en la ciudad bíblica contrasta con la tregua frágil y miles en carpas

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TL;DR

  • Belén celebra su primera Navidad festiva tras dos años ensombrecidos por la guerra en Gaza
  • Cientos participaron en desfiles mientras una frágil tregua se mantiene en la Franja de Gaza
  • La Iglesia de la Natividad, construida en el siglo IV, fue centro de las celebraciones
  • El contraste entre la alegría en Belén y la precariedad en Gaza marca esta Navidad

La Navidad que casi no fue

Después de dos años donde las luces navideñas se apagaron por la sombra de la guerra, Belén volvió a respirar aire festivo este 24 de diciembre. Pero aquí está el detalle que pica: mientras en la ciudad donde nació Jesús la gente cantaba villancicos, a pocos kilómetros, en Gaza, cientos de miles enfrentaban el invierno en carpas precarias. DW documenta que las celebraciones habían estado opacadas por el conflicto desencadenado tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. O sea, dos Navidades perdidas en el limbo de la violencia.

Uniforme azul y amarillo, sonrisa de alivio

Milagros Anstas, de 17 años, con su uniforme scout salesiano, resume el sentimiento colectivo: «Se siente que la Navidad llegó de verdad». Su declaración a DW tiene ese peso de quien recupera algo que creía perdido. «Es un día lleno de alegría, porque antes no podíamos celebrar debido a la guerra». Lo que no dice, pero está implícito, es que esa alegría viene con fecha de caducidad. Porque mientras ella marchaba por la calle de la Estrella de Belén, la tregua en Gaza se mantenía… frágil. Como esos adornos de vidrio que brillan pero se rompen con cualquier movimiento brusco.

Árbol rojo y dorado, gruta milenaria

La imagen es potente: un árbol de Navidad imponente, decorado con adornos rojos y dorados, brillando junto a la Iglesia de la Natividad. Esta basílica que data del siglo IV, construida sobre la gruta donde los cristianos creen que nació Jesús hace más de 2,000 años, fue testigo de procesiones de sacerdotes católicos. Los balcones del edificio municipal se llenaron de espectadores que querían ver y escuchar los villancicos. Pero aquí viene la pregunta incómoda: ¿cuántos de esos que celebraban en la Plaza del Pesebre tienen familiares en Gaza? ¿Cuántos festejaban con el corazón dividido entre la alegría del momento y la preocupación por lo que pasa a pocos kilómetros?

La geografía de la contradicción

Belén está en Cisjordania ocupada. Gaza es un territorio costero palestino geográficamente separado de Cisjordania por Israel. Esta separación física explica, en parte, por qué en un lugar hay árboles navideños y en otro hay carpas bajo la lluvia. Pero no la justifica. DW señala que Belén había optado por reducir las celebraciones navideñas mientras la guerra asoló Gaza. O sea, hubo una solidaridad silenciosa, un «festejemos poco porque otros no pueden festejar nada». Este año, con la tregua, se permitieron más luces. Pero la pregunta queda flotando: ¿es ético celebrar con tanta intensidad cuando la paz es tan precaria?

La tregua que no es paz

Aquí está el meollo del asunto: las celebraciones volvieron con fuerza «mientras se mantiene una frágil tregua en la Franja». Esa palabra, «frágil», es la que debería quitarnos el sueño. Porque lo que Belén celebra no es el fin de la guerra, sino una pausa. Una pausa que permite que los scout salesianos desfilen, que los villancicos suenen, que los árboles brillen. Pero una pausa, al fin y al cabo. Y mientras tanto, en Gaza, la gente no está decorando árboles sino buscando cómo sobrevivir al invierno en condiciones que DW describe diplomáticamente como «precarias carpas».

Lo que las fotos no muestran

Las imágenes de sacerdotes caminando en procesión, de jóvenes con uniformes coloridos, de árboles navideños brillantes… todo eso es real. Pero lo que no aparece en las fotos es la ansiedad colectiva. La pregunta de «¿hasta cuándo?». La memoria de dos Navidades perdidas. El conocimiento de que, a pocos kilómetros, la vida es radicalmente distinta. Belén celebra, sí. Pero celebra con el fantasma de la guerra reciente y la posibilidad de que regrese. Celebra sabiendo que su alegría es, en cierto modo, un privilegio geográfico. Celebra recordando que el año pasado no pudo, y sin garantías de que el próximo año podrá.

Navidad con sabor amargo

Al final, lo que tenemos es una Navidad de contrastes brutales. Por un lado, la alegría genuina de recuperar una tradición. Por otro, la conciencia de que esa recuperación ocurre en medio de una tregua inestable. Por un lado, los adornos rojos y dorados. Por otro, las carpas bajo la lluvia. Belén vuelve a celebrar, pero lo hace con la sombra de Gaza proyectándose sobre cada villancico, sobre cada luz navideña, sobre cada sonrisa. Y quizás esa sea la verdadera historia de esta Navidad 2025: no la de la alegría que regresa, sino la de la alegría que sabe que podría desaparecer de nuevo en cualquier momento.


Fuentes consultadas:

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