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jueves, febrero 5, 2026

El Barça se cree campeón pero no sabe ganar

La crisis del baloncesto azulgrana: ovaciones al pasado, derrotas al presente

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TL;DR

  • El Barça ovaciona a Jasikevicius, su exentrenador que ahora dirige al rival que los derrota
  • Cuarta derrota consecutiva del equipo azulgrana entre Liga y Euroliga
  • El equipo se desploma 14-29 en el primer cuarto y aunque remonta, nunca estuvo realmente en el partido
  • La crisis económica heredada de Bartomeu sigue pesando como una losa en el proyecto

La ovación que duele más que la derrota

Cuando Sarunas Jasikevicius pisó el parqué del Palau Blaugrana, la afición se entregó a una ovación cerrada. El técnico, visiblemente emocionado, se llevó la mano al pecho y devolvió los aplausos. El problema es que Jasikevicius ya no es del Barça. Ahora dirige al Fenerbahçe, el equipo que minutos después le daría al Barcelona su cuarta derrota consecutiva. La escena resume perfectamente la esquizofrenia del club: ovacionan al pasado mientras el presente se les escapa de las manos. El País documenta este momento incómodo donde la nostalgia choca con la realidad de un 78-82 que deja al Barça en un hoyo cada vez más profundo.

El autoengaño como estrategia deportiva

«Este Barça se empeña en bramar que puede competir contra cualquiera», señala El País con esa ironía que duele porque es cierta. El equipo azulgrana lleva semanas repitiendo el mantra de que están cerca, de que pueden con todos, de que la remontada está a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, acumulan derrotas contra Tenerife, Murcia, Olympiacos y ahora Fenerbahçe. Hay algo patético en un equipo que se cree campeón pero que en el primer cuarto se desploma 14-29 como si fuera un equipo de barrio frente a profesionales. El dato no miente: 1 de 8 triples para empezar, palmeos en seis minutos y medio, y una defensa que Horton Tucker atravesaba «como quien se preparara despreocupado una tostada con mermelada».

La factura que sigue llegando

Aquí es donde el análisis se pone interesante. El País no se queda en lo deportivo: conecta los puntos entre la cancha y las cuentas. «La crisis económica del club, derivada por el derroche del expresidente Josep María Bartomeu y la exigencia del Fair Play financiero». Esta frase explica más que cualquier estadística. El Barça no solo juega mal; juega con las manos atadas por decisiones que se tomaron hace años. Las «altas pretensiones» de Jasikevicius que rompieron el hechizo, el vacío con Grimau y después con Peñarroya, y ahora la apuesta por Xavi Pascual para «recuperar el rumbo». Pero el rumbo parece ser siempre el mismo: hacia abajo.

La remontada que nunca fue remontada

Lo más cruel del partido fue ese espejismo final. Con el marcador en 56-73 tras el tercer cuarto, todo parecía decidido. Hasta que el Barça «dictó lo contrario». De 61-78 a 73-78, con Punter intentando cargarse al equipo al hombro y Brizuela «ya entonado». El Palau en llamas, la esperanza renaciendo… para nada. Porque aquí está la verdad incómoda: nunca hubo partido. Como bien apunta El País, era «un padres contra hijos». El Fenerbahçe, actual campeón de la Euroliga y líder en esta, «parecía disputar un partido de patio de colegio -por la facilidad con la que se deshacía del rival». La remontada fue solo un parche temporal en una hemorragia constante.

Los fantasmas que no se van

Mira los nombres que brillan por su ausencia en el relato de El País: Vesely no metía sus habituales lanzamientos, Laprovittola no encontraba la rampa a la canasta, Clyburn se estrellaba «sin remisión ante el muro rival». Poco se sabía de Brizuela y del esforzado Parra. Mientras, en el banquillo contrario, Jasikevicius dirigía con esa rectitud y exigencia que antes eran patrimonio azulgrana. La ironía es tan densa que se podría cortar con cuchillo. El técnico que trajo el último título al Palau ahora explica desde el otro lado por qué su exequipo está donde está.

La pregunta que nadie quiere hacer

¿Hasta cuándo puede un club vivir de ovaciones al pasado? El Barça ovaciona a Jasikevicius mientras pierde con su equipo. Habla de crisis económica mientras sigue pagando las facturas del derroche anterior. Se cree campeón mientras acumula derrotas. Hay un patrón aquí que va más allá del baloncesto: la incapacidad de mirar de frente la realidad. El equipo «ni empieza ni acaba», como diagnostica El País con esa crudeza que duele porque es precisa. Cuatro derrotas de carrerilla no son mala suerte; son síntoma. Y los síntomas, cuando se ignoran demasiado tiempo, se convierten en diagnóstico.

Lo más preocupante no es la derrota ante el Fenerbahçe. Lo preocupante es que esta derrota se parece demasiado a la anterior, y a la anterior, y a la anterior. Mismo guión: mal inicio, intento de remontada, derrota final. Mismas excusas: falta de concentración, mala suerte, el rival era muy bueno. Misma desconexión entre lo que dicen y lo que hacen. El Barça del baloncesto parece atrapado en un loop del que no sabe salir. Y mientras, la factura del pasado sigue llegando puntual cada mes. Como esos fantasmas que no se van aunque apagues la luz.


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

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