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domingo, enero 11, 2026

Bad Bunny en CDMX: 77 países, 3,228 millones y un caos anunciado

La gira del Conejo Malo trae turismo global y un problema de movilidad que todos vieron venir

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TL;DR

  • La gira de Bad Bunny generará 3,228 millones de pesos, más del triple que Taylor Swift en 2023
  • Fans de 77 países diferentes viajarán a CDMX para ver al Conejo Malo
  • Entre 500,000 y 520,000 personas colapsarán el Estadio GNP en 8 fechas
  • Las autoridades saben del caos vial pero solo ofrecen recomendaciones básicas
  • El éxito económico contrasta con la falta de planeación urbana para megaeventos

77 países en un estadio: el turismo que nadie planeó

No mames, imagínate: Bad Bunny va a traer fans de 77 países diferentes a la Ciudad de México. Setenta y siete. Eso no es una gira, es una invasión cultural con pasaporte. Según El Financiero, estamos hablando de gente que viene desde lugares que probablemente ni ubicamos en el mapa hasta el Estadio GNP. Y mientras los medios celebran la derrama económica de 3,228 millones de pesos que reporta El País, nadie pregunta lo obvio: ¿alguien le avisó a la infraestructura de la ciudad que viene medio mundo de visita?

La matemática del desmadre: 520,000 personas en 8 noches

Hagamos cuentas: entre 500,000 y 520,000 personas en ocho conciertos. Eso son 65,000 almas por noche apretujadas en un estadio que, sorpresa, está en una de las zonas más congestionadas de la ciudad. La Canaco calcula que solo en comida y bebida se van a dejar 550 millones de pesos, y otros 416 millones en hoteles que llegarán al 80-90% de ocupación. Pero aquí está el detalle: todos esos números bonitos se van al carajo si la gente no puede llegar al concierto. O peor, si después del «Perro Negro» tienen que esperar tres horas para encontrar un Uber.

El manual del caos: «salgan con tiempo» y ya

Lo más cínico de todo es que las autoridades ya saben lo que viene. El Financiero documenta que la Subsecretaría de Control de Tránsito «realizará labores de vialidad», pero inmediatamente advierte que «esto no evitará que haya una gran carga vehicular». O sea, te dicen: «vamos a hacer algo, pero igual se va a armar un desmadre». La solución mágica: «salir con tiempo de anticipo». Como si medio millón de personas coordinándose para «salir temprano» no fuera la receta perfecta para un colapso total.

Taylor Swift fue el ensayo, Bad Bunny es el examen final

Aquí está el dato que duele: los conciertos de Taylor Swift en 2023 generaron 1,011 millones de pesos. Los de Bad Bunny van por 3,228 millones. Más del triple. El País lo celebra como un triunfo económico, pero nadie conecta los puntos: si con Taylor hubo problemas de movilidad, ¿qué nos hace pensar que con tres veces más dinero en juego va a ser diferente? La ciudad aprendió exactamente cero de la experiencia anterior.

Ticket2ride: la solución privada al problema público

Lo más revelador es quién ofrece soluciones reales: Ticketmaster. Mientras el gobierno se limita a recomendaciones genéricas, la empresa privada ya tiene el Ticket2ride, un servicio de transporte desde puntos estratégicos como Condesa, Santa Fe o Interlomas. O sea, el caos vial es tan predecible que hasta hay un negocio montado alrededor de evitarlo. Y eso nos dice todo: cuando la planeación urbana falla, el capitalismo encuentra la manera de monetizar el desastre.

El turismo que viene por Bad Bunny y se queda atorado en el tráfico

Piensa en esto: gente de 77 países gasta en boletos, hoteles, restaurantes, transporte… y probablemente una buena parte de esa experiencia será esperar en el tráfico. La Canaco dice que estos eventos «consolidan a Ciudad de México como epicentro cultural», pero ¿qué clase de epicentro es el que no puede mover a su propia gente? El éxito económico de Bad Bunny es innegable – hasta inyectó 200 millones de dólares en Puerto Rico – pero en México parece que nos conformamos con contar el dinero mientras ignoramos el costo en calidad de vida.

La pregunta incómoda: ¿y después del concierto?

Todo el mundo habla de cómo llegar, pero El Financiero menciona que el Ticket2ride regresa «30 minutos después del fin del evento». Imagina a 65,000 personas saliendo al mismo tiempo, en una zona donde el transporte público cierra temprano y los taxis triplican sus tarifas. Es la fórmula perfecta para que el recuerdo del concierto sea «qué chingón Bad Bunny» seguido de «pinche ciudad imposible». Y así, mientras celebramos los millones, normalizamos el caos como si fuera parte del espectáculo.


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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