TL;DR
- El Atlético cae 1-0 en San Mamés con gol de Berenguer en el minuto 84
- La derrota deja al equipo de Simeone a 9 puntos del Barcelona
- Nico Williams brilló mientras Julián Álvarez sigue sin encontrar su mejor versión
- El Atlético acumula problemas defensivos y ofensivos que complican su lucha por el título
Cuando la Liga se te escapa en un zurriagazo
No fue una derrota cualquiera. Fue esa clase de golpe que duele en el estómago y te deja contando puntos en la tabla como si fueran monedas que se te caen del bolsillo. El Athletic 1-0 Atlético, con ese gol de Berenguer en el minuto 84 que según El País llegó justo después de que Sørloth fallara un cabezazo para ganar. La secuencia perfecta: primero la oportunidad desperdiciada, después el castigo inmediato. El fútbol siendo cruel con quien no sabe ser despiadado.
Nueve puntos que pesan como noventa
Ahí está el dato que quema: nueve puntos ya del Barça. Nueve. No es una brecha, es un abismo en diciembre. Y lo peor es que no fue una paliza, no fue un baile futbolístico. Fue un partido «sobreexcitado y trepidante a todo campo» donde el Atlético tuvo sus oportunidades pero careció de esa puntería que diferencia a los campeones de los que solo aspiran. El problema no es perder en San Mamés -que siempre es complicado- sino cómo pierdes y qué significa esa pérdida en el contexto de la temporada.
La paradoja de Julián Álvarez: presión sí, gol no
Aquí hay algo que no cuadra. El País lo describe con precisión quirúrgica: «su trabajo en la presión es incuestionable. El problema es que su tallaje como jugador diferencial depende de las acciones de ataque que sean determinantes». Traducción: corre, presiona, trabaja… pero no marca. Y en un equipo que necesita goles, esa ecuación no cierra. Cuando tenía a Giuliano Simeone libre a su derecha y prefirió disparar, delató esa ansiedad por recuperar un brillo que se le escapa.
Mientras Nico Williams renace, el Atlético se apaga
La ironía duele: el partido que necesitaba Nico Williams para volver a ser él mismo fue justo el partido que hundió al Atlético. Después de andar «apagado como pululaba por el campeonato» por sus molestias musculares, encontró en San Mamés su mejor versión. Y frente a él, un Atlético con problemas defensivos de manual: sin Llorente, sin Giménez, sin Cardoso, sin Baena. Simeone tuvo que apostar por Marc Pubill como central -su estreno como titular en Liga- y aunque «pasó con nota el examen de los cuerpeos», la sensación es de parche temporal en un problema estructural.
La apuesta de Simeone que huele a desesperación
Fíjense en este detalle que El País señala con ironía fina: «Curioso lo de Areso y Pubill. El primero era el objetivo del Atlético para reforzar el lateral derecho. El segundo, estrenó anoche titularidad en la Liga como central». O sea, el jugador que querías fichar te juega en contra, y tú tienes que improvisar con un lateral reconvertido a central. No es planificación, es supervivencia. Y en la lucha por un título, sobrevivir no basta.
Unai Simón salva, pero no puede salvar la Liga
Hubo un momento que resume toda la noche: la volea rasa de Thiago Almada que Unai Simón detuvo «con la punta de su bota derecha» en una de esas paradas imposibles que según El País «aún justifican su titularidad». El portero salvando lo que los delanteros no pueden convertir. El problema es que los porteros ganan puntos, pero los delanteros ganan Ligas. Y cuando Oblak mira al otro arco y ve a Álvarez sin puntería y a Sørloth fallando cabezazos decisivos, sabe que algo no funciona.
¿Y ahora qué, Cholo?
La pregunta incómoda: ¿esto es un bajón temporal o el principio del fin de las aspiraciones? Simeone ordenó «aplicar todo el manual del fútbol actual» -presión alta, duelos individuales, juego a dos porterías- pero al final lo que cuenta es el gol. Y el Atlético no lo tuvo. Mientras Valverde celebra «la mejor versión de Nico Williams» y revive las esperanzas de Champions, Simeone se queda con un palo que duele doble: por la derrota y por lo que significa. Nueve puntos en diciembre no son irrecuperables, pero cuando pierdes contra rivales directos en la lucha por Champions, el mensaje es claro: o reaccionas pronto, o te preparas para una temporada de consolación.


