TL;DR
- El Atlético se queda a 11 puntos del liderato tras empatar 1-1 en Anoeta
- Solo 20 minutos de buen fútbol en todo el partido contra una Real revitalizada
- Julián Álvarez sigue en blanco: la oscuridad ante la portería que marca sus últimos meses
- Simeone tuvo que sacar lesionado a Pablo Barrios y cambiar por miedo a expulsión
- La Real superó al Atlético en fútbol, intensidad y guerra física según El País
Un punto que sabe a derrota: la Liga se escapa
Cuando el árbitro pitó el final en Anoeta, el Atlético no solo dejó dos puntos en San Sebastián. Dejó media Liga, como documenta El País. Ese empate a uno los descuelga a 11 puntos del liderato a 4 de enero. Once. El número que grita lo que nadie en el Metropolitano quiere admitir: esta temporada el título es humo. Madrid, Barça y Villarreal llevan una velocidad de crucero superior, y el Atlético parece ir en bicicleta con una llanta ponchada.
20 minutos de gloria y 70 de agonía
Lo más preocupante no es el marcador, sino cómo llegaron a él. El reporte de El País es brutalmente claro: «Apenas 20 minutos de buen juego no le dieron al Atlético para seguir la estela». Veinte minutos. Menos que un episodio de una serie en Netflix. El resto fue pura supervivencia contra una Real Sociedad revitalizada por Pellegrino Matarazzo, el nuevo técnico estadounidense que ordenó «ese fútbol que se gana con ataques relámpago». Mientras la Real jugaba con idea, el Atlético parecía un equipo que busca las llaves del auto en un estacionamiento oscuro.
Álvarez: la estrella que no alumbra
Si hay un símbolo de esta crisis, es Julián Álvarez. El argentino «tuvo el gol tras un saque de esquina» según la crónica, pero conectó «una volea franca que se le fue arriba». Luego, otra oportunidad donde «no domó el control y la pelota se le quedó atrás». El diagnóstico de El País duele: «La oscuridad ante la portería que marca los últimos meses del goleador argentino pareció mantenerse en el arranque del año». Cuando tu delantero estrella lleva meses apagado, no puedes pretender ganar una Liga. Es matemática básica.
Simeone: cambios por miedo, no por táctica
La bancada rojiblanca también contó su propia historia de desesperación. Pablo Barrios salió por «unas molestias» – otro lesionado en la lista interminable. Pero el cambio de Matteo Ruggeri fue por puro miedo: «la amenaza de que Kubo le agujereara y le arrancara una segunda amarilla». Cuando cambias a un lateral no porque juegue mal, sino porque temes que lo expulsen, estás admitiendo que el rival te tiene dominado. Kubo clavó a Ruggeri desde el primer aviso, y Simeone tuvo que reaccionar como bombero apagando fuegos en lugar de como arquitecto construyendo un equipo.
La Real ganó todas las batallas
Lo más humillante para un equipo de Cholo Simeone es perder la guerra física. Y eso pasó. El análisis de El País no deja lugar a dudas: «La Real también se adueñó de la guerra física que se libraba en cada disputa». Sørloth, que había abierto el marcador en el minuto 49, «ya no se imponía en el juego aéreo». La imprecisión en el pase y la falta de amenaza por los costados convirtió a los rojiblancos en «un equipo plano». Cuando pierdes lo que es tu esencia, ¿qué te queda?
El VAR como consuelo amargo
El Atlético incluso necesitó ayuda del VAR para no irse perdiendo al descanso. Una falta lateral de Soler la cabeceó Sørloth contra su propia portería, pero el árbitro asistente determinó que Brais Méndez, «situado en fuera de juego por delante de Sørloth, despistó al noruego y al meta esloveno». Imagina: celebrar que no te anulen un gol en contra como si fuera un triunfo. Ese es el nivel de ambición que mostró el equipo en San Sebastián.
¿Final de ciclo o solo un bache?
La pregunta incómoda flota en el aire del Metropolitano: ¿esto es un mal momento o el principio del fin? Un equipo que fue superado «en fútbol e intensidad» por una Real que viene de cambiar de técnico. Un delantero estrella que vive en la oscuridad. Un Cholo que hace cambios por miedo, no por convicción. Y once puntos de distancia en enero. Las matemáticas dicen que todavía hay esperanza. La realidad vista en Anoeta dice otra cosa. El Atlético no solo perdió dos puntos. Perdió identidad, intensidad y, lo más peligroso, la fe en que esta temporada puede terminar en algo más que la lucha por el cuarto puesto.


