TL;DR
- El Atlético desperdició un 0-2 y un 2-3 en Bélgica
- Oblak salvó al equipo en varias ocasiones del dominio local
- El Brujas fue mejor en fútbol y propuesta según El País
- La eliminatoria se decidirá en el Metropolitano
Un 3-3 que sabe a derrota para los rojiblancos
No mames, esto sí que duele. El Atlético de Madrid viajó a Bélgica con la misión de traerse un buen resultado para la vuelta y terminó firmando un empate a tres que sabe a derrota. Según El País, el equipo de Simeone desperdició no una, sino dos ventajas claras: primero un 0-2 y luego un 2-3. Lo peor es que el marcador final engaña más de lo que revela, porque el partido estuvo «casi siempre inclinado hacia el campo del Atlético», pero no por mérito propio sino porque el Brujas los zarandeó como muñecos de trapo.
Cuando el marcador miente más que un político en campaña
Aquí está el detalle que duele: el Atlético anotó tres goles con «muy poco juego». Sí, leíste bien. Tres goles casi de regalo. Julián Álvarez abrió el marcador de penalti al minuto 7, Lookman amplió al 48, y el tercero fue un autogol de Joel Ordóñez. Mientras tanto, el Brujas construyó sus tres anotaciones con juego colectivo, con propuesta, con fútbol de verdad. El País lo dice sin pelos en la lengua: «Nunca se rindió el Brujas, que fue mejor por fútbol y propuesta». O sea, los belgas jugaron mejor, crearon más, dominaron más… y aún así el Atlético pudo ganar. O debería haber ganado. O al menos no empatar.
Oblak, el único que no se rindió
Si hay un jugador que puede salir con la cabeza alta de Bélgica es Jan Oblak. El portero esloveno tuvo que hacer varios vuelos salvadores para evitar que el marcador fuera aún más abultado. El medio español documenta que el Brujas «llegó a zarandear a los rojiblancos, salvados por Oblak en varias ocasiones». Imagínate la escena: el Atlético, ese equipo que presume de ser sólido defensivamente, necesita que su portero los salve una y otra vez de un equipo que en teoría debería ser inferior. Algo no cuadra en el planteamiento de Simeone.
La irregularidad que se volvió costumbre
Lo más preocupante no es el resultado en sí, sino que esto viene de lejos. El País señala que Simeone tiró del «mismo once que repasó al Barcelona en la Copa», buscando estabilidad ante «la irregularidad que le ha hecho perder la Liga entre enero y febrero». O sea, el técnico argentino sabe que su equipo anda mal, que no tiene consistencia, que un día juegan como campeones y al siguiente como equipo de media tabla. Y aún así, no encuentra solución. Apostó por lo que considera su equipo más fiable y terminaron siendo salvados por el portero y por los errores del rival.
El Brujas que nadie esperaba
Aquí hay que darle crédito donde crédito merece. El equipo de Ivan Leko no se achicó ante el marcador adverso. Al contrario: «lejos de aplacar al Brujas y a las tribunas, el conjunto de Ivan Leko se envalentonó». Encajonaron al Atlético durante más de veinte minutos seguidos, con Onyedika, Vanaken y el joven Stankovic (hijo de Dejan, el ex jugador serbio) manejando los hilos del partido. La crónica destaca especialmente a Vanaken, a quien describe como «un libro abierto» de fútbol, y a Stankovic, que «tiene buenas maneras y supo buscar la espalda de Koke». O sea, los jóvenes del Brujas le dieron una lección de fútbol a los experimentados del Atlético.
La eliminatoria que se complica sola
Ahora la cosa se pone interesante. El Atlético tendrá que resolver la eliminatoria en el Metropolitano, pero llega con la moral por los suelos y con un rival que sabe que puede hacerle daño. El 3-3 en Bélgica no es un mal resultado en el papel, pero en el contexto del partido es una oportunidad desperdiciada. El equipo de Simeone tenía la eliminatoria casi en el bolsillo con el 0-2, luego con el 2-3… y terminó regalando un punto que podría costarle caro. Lo peor es que no fue por mala suerte, sino por falta de carácter, por no saber administrar las ventajas, por dejar que un equipo inferior (en el papel) les dominara en su propio juego.
Las preguntas incómodas que nadie quiere hacer
¿Hasta cuándo seguirá justificándose la irregularidad del Atlético? ¿Realmente un equipo con las aspiraciones europeas de los rojiblancos puede conformarse con ser salvado por su portero ante el Brujas? ¿Qué pasa con ese mediocampo donde Koke ya no es el de antes y Llorente sigue sin encontrar su sitio? El análisis deja claro que el problema no es de nombres, sino de funcionamiento. Simeone apostó por lo «más fiable» y lo fiable terminó siendo insuficiente. Ahora toca remontar en casa no el marcador, sino la confianza. Y eso, a veces, es más difícil que ganar un partido de fútbol.


