TL;DR
- El Athletic ganó 1-2 al Oviedo tras ir perdiendo al descanso
- La primera mitad fue «espesa, sin ritmo ni profundidad» según El País
- El gol del Oviedo llegó en una jugada «rudimentaria» que evidenció fallos defensivos
- La reacción en segunda parte muestra carácter pero no borra las dudas del equipo
La primera mitad que nadie quiere recordar
Si el fútbol fuera solo la segunda parte, el Athletic tendría candidatura al título. Pero el deporte rey dura 90 minutos, y los primeros 45 en el Carlos Tartiere fueron tan malos que El País no tuvo piedad: «espesa, sin ritmo ni profundidad». El equipo bilbaíno llegó a Oviedo con la actitud de quien va a cumplir trámite, y el Oviedo -que anda en zona baja- les dio una lección de intensidad que casi les cuesta los tres puntos.
El gol que duele por lo básico
No fue una obra de arte. No fue una jugada trabajada en entrenamientos. Fue fútbol primario que dejó al descubierto todas las carencias del Athletic: saque largo del portero, dos peinadas consecutivas, y el balón cayendo como regalo para Ilyas Chaira. El País lo describe como «una acción que rozó lo rudimentario», y ahí está el problema: cuando te marcan con algo tan básico, es que algo estás haciendo muy mal en defensa. No fue mala suerte, fue falta de concentración, de contundencia, de esa agresividad que supuestamente define al equipo rojiblanco.
La reacción que llega cuando ya te están enterrando
Dicen que lo importante es ganar, pero hay victorias que saben a derrota. El Athletic salió del vestuario con otra cara, sí. Presionó más, adelantó líneas, y encontró el empate con un golazo de Jauregizar desde fuera del área. Luego vino el penalti transformado por Sancet y el 1-2 final. El País habla de «capacidad de reacción» y «carácter», pero la pregunta incómoda es: ¿por qué necesitan ir perdiendo para jugar con intensidad? ¿Por qué el equipo solo despierta cuando ya está contra las cuerdas?
El Oviedo que se apagó cuando más necesitaba arder
Aquí hay otra historia que duele: la del equipo local que tuvo al Athletic contra las cuerdas y no supo rematar. El Oviedo mostró en la primera mitad que con orden e intensidad podía molestar a cualquiera, pero en la segunda… se evaporó. El País lo describe como un equipo que «se fue apagando progresivamente», primero en lo anímico y luego en lo futbolístico. Y ese es el problema de los equipos que luchan por no descender: saben competir, pero no saben ganar. Saben molestar, pero no saben cerrar partidos.
Los tres puntos que esconden más preguntas que respuestas
El Athletic suma tres puntos y se va a casa con la moral por los aires, pero cualquier análisis serio debería preocupar más que alegrar. Un equipo con aspiraciones europeas no puede permitirse primeros tiempos tan pobres, no puede encajar goles en jugadas tan básicas, no puede depender de remontadas milagrosas contra rivales en zona baja. El País dice que la victoria «permite recuperar pulso competitivo», pero el pulso se recupera con regularidad, no con parches heroicos. Lo preocupante no es que remontaran, sino que necesitaran remontar.
La cruda realidad: sin carácter no hay fútbol que valga
Al final del día, el partido dejó una lección clara: en el fútbol moderno, la técnica sin actitud no sirve de nada. El Athletic tiene mejores jugadores que el Oviedo, más presupuesto, más historia. Pero durante 45 minutos, fueron superados por un equipo con más hambre, más orden y más convicción. La remontada muestra que tienen carácter cuando se ven obligados, pero la pregunta que queda flotando es: ¿por qué esperar a estar hundidos para sacar esa personalidad? Un equipo serio juega con la misma intensidad desde el minuto 1 hasta el 90, no solo cuando el marcador les obliga. Y eso, hoy por hoy, es lo que separa a los buenos equipos de los que solo aspiran a serlo.


