TL;DR
- 22 ataques en 3 meses con 87 ejecuciones extrajudiciales
- El Congreso investiga la legalidad mientras siguen los bombardeos
- Ni una sola prueba pública de que las lanchas llevaban drogas
- El secretario de Guerra autorizó ejecutar sobrevivientes según documentos
El conteo macabro: 87 muertos y cero evidencias públicas
La cifra es escalofriante por sí sola: 22 embarcaciones destruidas, 87 personas ejecutadas. Pero lo que realmente debería ponernos los pelos de punta es que, según documenta Proceso, el Pentágono no ha presentado «una sola evidencia de que las lanchas destruidas transportaban drogas destinadas al mercado de consumo de Estados Unidos». O sea, llevan tres meses disparando misiles de precisión contra barcos en aguas internacionales y matando gente con el argumento de que son «narcoterroristas», pero no muestran pruebas. ¿En qué momento se normalizó esto?
El timing perfecto: investigan y siguen matando
Aquí está el detalle que huele más raro que pescado de tres días: mientras el Congreso federal investiga la legalidad de esta guerra militarizada de Trump contra el narcotráfico, el Comando Sur anuncia su ataque número 22. Según Jornada, fue este 4 de diciembre, justo cuando los legisladores recibían un informe clasificado sobre el primer ataque del 2 de septiembre. ¿No les parece sospechoso que sigan bombardeando mientras los están investigando? Es como si un estudiante siguiera copiando mientras el maestro lo está vigilando.
La orden secreta: ejecutar sobrevivientes
Aquí es donde la cosa se pone realmente turbia. The Washington Post reportó que el secretario de Guerra, Pete Hegseth, firmó una orden autorizando al Comando Sur a ejecutar a «cualquier sobreviviente» de estos ataques. Sí, leíste bien: si sobrevives al primer misil, te mandan otro para rematarte. El almirante Frank Bradley, quien ordenó el segundo ataque contra la primera lancha, dice que fue porque «quedaron drogas en la lancha y pensó que los tripulantes podrían escapar con la carga». Pero congresistas de ambos partidos desmintieron la versión oficial de que los sobrevivientes estaban comunicándose por radio. Alguien está mintiendo, y las víctimas ya no pueden contarlo.
La pregunta incómoda: ¿guerra contra el narco o negocio armamentista?
El usuario pregunta si esto es realmente una guerra contra el narco o una excusa para gastar armas y levantar la economía. Pongamos los datos sobre la mesa: 22 ataques en tres meses, todos con misiles de precisión que no son baratos. Cada ataque «cinético letal» (como les gusta decir en el Pentágono) cuesta cientos de miles de dólares. Mientras Reforma reporta que retoman los ataques, nadie pregunta cuánto cuesta esta operación Southern Spear. ¿No les parece conveniente que justo cuando la industria armamentista necesita contratos, aparece una guerra sin fin contra un enemigo invisible?
El patrón que se repite: designar terroristas sin pruebas
El Comando Sur dice que atacan embarcaciones operadas por «Organizaciones Terroristas Designadas». Suena impresionante, hasta que te das cuenta que Estados Unidos puede designar a cualquiera como terrorista sin mostrar pruebas públicas. Cuatro hombres muertos en el último ataque, todos etiquetados como «narcoterroristas». ¿Sus nombres? No importan. ¿Sus nacionalidades? Tampoco. ¿Las pruebas contra ellos? Clasificadas. Es el sistema perfecto: tú designas, tú atacas, tú justificas.
Las aguas internacionales: donde las leyes se evaporan
Todos estos ataques ocurren en «aguas internacionales del Pacífico y el Caribe», según documentan las tres fuentes. Ahí está el truco: en aguas internacionales, las reglas se diluyen. No hay jurisdicción clara, no hay policías locales preguntando qué pedo. El Pentágono se convierte en juez, jurado y verdugo. 87 ejecuciones extrajudiciales, violando leyes internacionales y sin debido proceso, como señala Proceso. Pero hey, son «narcoterroristas», ¿verdad? O al menos eso dicen, sin pruebas.
El silencio que grita: ¿dónde están las drogas?
22 lanchas destruidas, supuestamente llenas de narcóticos. ¿Alguien ha visto fotos de la droga incautada? ¿Reportes de laboratorios confirmando las sustancias? ¿Destino final de la mercancía? Nada. El Comando Sur twittea sobre sus «éxitos» pero no muestra el botín. En el mundo real, cuando la policía decomisa drogas, hay fotos, inventarios, pruebas. Aquí solo hay misiles y muertos. Conveniente, ¿no?
Mientras el Congreso sigue su investigación a puerta cerrada, el conteo sigue subiendo. La próxima vez que vean un tuit del Comando Sur anunciando otro «ataque cinético letal», recuerden: son 88 muertos sin juicio, 23 lanchas sin pruebas, y una pregunta que nadie en Washington quiere responder: ¿de verdad creen que esto detiene el narcotráfico, o solo justifica el presupuesto militar?


