TL;DR
- Cinco empresas (Quálitas, GNP, Chubb, AXA, BBVA) dominan el 70% del mercado de seguros en México
- Usan ‘letras chiquitas’ y tecnicismos para rechazar pagos, apostando al cansancio de los clientes
- Casos como el de Lupita, que perdió su trabajo tras un choque y nunca le pagaron, exponen el sistema
- Las exclusiones van desde errores en reportes hasta circular en zonas ‘peligrosas’ o en horario nocturno
- La Condusef recibe quejas, pero el proceso legal dura más de un año y requiere honorarios altos
El oligopolio que te dice ‘no’ cuando más lo necesitas
Imagina que chocas, pagas tu deducible, haces todo bien y aún así la aseguradora te dice «no te puedo pagar». No es pesadilla, es el pan de cada día en México, donde cinco empresas controlan el 70% del mercado de seguros según Elceo. Quálitas, GNP, Chubb Seguros, AXA Seguros y BBVA Seguros tienen el negocio tan cerrado que pueden darse el lujo de rechazar indemnizaciones con argumentos que parecen sacados de un manual de cómo no pagar. Y lo peor: algunas de las más poderosas son las que acumulan más quejas ante la Condusef. ¿Ironía? No, modelo de negocio.
Lupita y el auto que nunca salió del corralón
La historia de Lupita debería ser suficiente para que cualquiera revise su póliza con lupa. En noviembre de 2023 tuvo un choque con el vehículo de su empresa, asumió la responsabilidad, pagó el deducible… y ahí se quedó todo. HDI Seguros nunca reparó el auto, que sigue en el corralón. Lupita y sus ex empleadores cubrieron los costos del depósito, pero el vehículo sigue secuestrado. «No tengo cara ni dinero para responder por el vehículo y por la mala actuación de la aseguradora», confesó al medio. Terminó renunciando. Un trabajo perdido por un choque y una aseguradora que simplemente no cumplió. ¿Cuántas Lupitas más hay por ahí?
Las ‘exclusiones’: cuando el diablo está en las letras chiquitas
Erik Rivera, socio de Punto Fino Abogados, lo explica sin tapujos: las aseguradoras usan cláusulas específicas para hacer exclusiones, principalmente en robos de autos. El truco favorito: declaraciones «inexactas». ¿Te robaron el auto y en el shock dijiste mal la calle? ¡Exclusión! ¿Circularon en zona «peligrosa» o en horario nocturno? ¡Exclusión! Según Elceo, hasta un proceso de compraventa puede convertirse en excusa para tipificar fraude y negar el pago. Las condiciones generales -esas letras chiquitas que nadie lee- se convierten en trampas legales perfectamente diseñadas.
La apuesta al cansancio: el juego que siempre ganan
Marlene Niño Rivera, abogada de Merive Legal, lo dice claro: las empresas «apuestan» a que los clientes no emprendan acciones. Y tienen razón en su cálculo. Ganar un litigio contra ellas dura más de un año y requiere honorarios legales que son un porcentaje del dinero a recuperar. ¿Quién tiene tiempo y recursos para eso? El caso de Mariel con Seguros BBVA es el manual del cansancio: tras un choque donde su camioneta terminó contra un muro, tanto el ajustador como personal de tránsito trataron de disuadirla de ejercer sus derechos, alegando la gravedad de dañar un «bien público». Después vinieron los traslados al corralón, las dilaciones, el papeleo infinito. La estrategia es tan vieja como efectiva: desgastar hasta que el cliente se rinda.
El mercado cerrado donde la competencia es puro teatro
Cuando cinco empresas controlan el 70% de un mercado, la competencia deja de existir. No compiten por ofrecer mejor servicio, sino por encontrar nuevas formas de no pagar. Las quejas ante la Condusef son como lluvia en el desierto: caen, pero no cambian nada. Y mientras, casos como el de Lupita se multiplican en el silencio de quienes prefieren no meterse en pleitos legales que saben perdidos de antemano. ¿Dónde está la autoridad que debería regular este oligopolio? ¿O es que las aseguradoras son demasiado grandes para caer?
La pregunta incómoda: ¿para qué pagamos seguros entonces?
Si al momento de la verdad las exclusiones aparecen como hongos después de la lluvia, si el proceso para reclamar es diseñado para el fracaso, si las empresas más grandes son las que más quejas acumulan… ¿entonces? Pagamos primarias religiosamente para tener un papel que, cuando necesitamos que funcione, se convierte en un laberinto de tecnicismos. El sistema está tan podrido que la norma es no pagar, y la excepción, cumplir. Y mientras, cinco empresas siguen repartiéndose el pastel, seguras de que ningún cliente individual tiene el poder para enfrentarlas. Hasta que un día, quizá, suficientes Lupitas decidan que ya basta.


