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domingo, enero 11, 2026

Petro juega su última carta: Asamblea Constituyente o nada

El gobierno formaliza la recolección de firmas para cambiar la Constitución, pero los tiempos no dan y el Congreso actual no lo aprueba

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TL;DR

  • El gobierno de Petro inscribió el comité para recolectar 3 millones de firmas para convocar una Asamblea Constituyente
  • El proceso necesita aprobación del Congreso actual, que no tiene las mayorías necesarias
  • Petro sabe que los tiempos son imposibles antes de que termine su mandato en 2026
  • La iniciativa impulsa la campaña presidencial del Pacto Histórico liderada por Iván Cepeda
  • La oposición acusa a Petro de buscar reelección, aunque ese argumento pierde fuerza

La jugada maestra que llega tarde

Este viernes, el ministro de Trabajo Antonio Sanguino hizo lo que muchos en Colombia esperaban desde hace rato: inscribió formalmente ante la Registraduría Nacional el comité promotor de la Asamblea Constituyente. Según reporta El País, nueve personas tendrán la misión de recolectar cerca de tres millones de firmas, el equivalente al 5% del censo electoral. Suena ambicioso, pero aquí viene lo interesante: Petro mismo reconoce que «los tiempos son imposibles antes de que termine su mandato». Entonces, ¿para qué tanto show?

Cuando el Congreso te dice que no

La historia se repite como mal chiste. Cada vez que el Congreso bloqueaba una de sus reformas sociales -la de salud, la laboral o la tributaria- Petro sacaba del cajón la carta de la Asamblea Constituyente. Es como ese amigo que siempre amenaza con irse del país cuando no le dan la razón. La diferencia es que esta vez sí movió ficha, aunque sea una ficha que sabe que no puede mover del tablero.

El proceso es más complicado que conseguir likes en redes. Primero las firmas, luego presentar el proyecto de ley ante el Congreso, después que el Legislativo lo apruebe (o no), y finalmente que 13 millones de colombianos salgan a votar positivamente. Con el Congreso actual, las mayorías no alcanzan ni en sueños. Petro lo dijo claro: «Vendrá una discusión política, pero no en este Congreso, sino en el nuevo». O sea, está apostando a las elecciones de marzo.

La sombra de Uribe y el fantasma de la reelección

Hay dos fantasmas que rondan esta iniciativa: Álvaro Uribe y la reelección. Petro habló por primera vez de convocar la Asamblea Constituyente a comienzos de 2024, cuando su reforma de la salud se estancó. Pero el momento que realmente encendió la mecha fue cuando el Tribunal Superior de Bogotá absolvió en segunda instancia al expresidente Uribe. Casualidad o no, la oposición inmediatamente acusó a Petro de querer buscar su reelección.

Lo curioso es que, como señala El País, ese argumento ha ido perdiendo fuerza a medida que se acerca el fin de su mandato. ¿Qué sentido tendría buscar reelección cuando ya casi se va? A menos que… bueno, mejor no especulemos. Lo cierto es que la iniciativa genera resistencia entre varios sectores políticos e intelectuales que consideran a la Constitución del 91 como un logro que no debe tocarse a la ligera.

El verdadero objetivo: la campaña de Cepeda

Aquí está la carne del asunto. Mientras Petro formaliza su iniciativa, el senador Iván Cepeda lidera la campaña presidencial del Pacto Histórico. Y no es coincidencia que Cepeda hable del «poder constituyente» y de que «el pueblo se movilice». En una entrevista con Radio Nacional, dijo que ese poder «puede llegar a tener la forma de una Asamblea Constituyente».

¿Ven el hilo conductor? Petro pone la iniciativa en marcha, Cepeda la convierte en bandera de campaña, y el Pacto Histórico tiene un tema potente para las elecciones de marzo. No es mala estrategia, la verdad. Mientras la oposición se rasga las vestiduras hablando de reelección, la izquierda puede presentarse como la que quiere darle voz al pueblo para transformar el país.

Las matemáticas que no cuadran

Vamos a los números fríos. Tres millones de firmas no se recolectan en un abrir y cerrar de ojos, especialmente cuando el reloj corre en contra. El nuevo Congreso se elige en marzo, y para entonces el comité promotor apenas estará calentando motores. Luego viene la discusión legislativa, que podría extenderse meses. Y finalmente el referendo, que necesita 13 millones de votos positivos.

Petro lo sabe mejor que nadie. Por eso habla del «nuevo Congreso» y deja claro que la decisión final estará en manos de los ciudadanos que elijan a sus representantes. Es como lanzar una pelota que otros tendrán que atrapar. El riesgo es que nadie la atrape, o peor, que la devuelvan con más fuerza.

¿Transformación real o teatro político?

En X, Petro escribió: «El pueblo no se debe dejar quitar su poder de transformar a Colombia y progresar». Bonita frase, sin duda. Pero la pregunta incómoda es: ¿esta iniciativa realmente le da poder al pueblo, o es otra herramienta del juego político tradicional?

El País documenta que la propuesta «despierta las críticas de la oposición» y «genera resistencia entre varios sectores políticos e intelectuales». No es poca cosa. Cambiar una Constitución no es como cambiar de camisa. La del 91, con todos sus defectos, fue un pacto de paz después de décadas de violencia. Tocarla sin consenso amplio es jugar con fuego.

Al final, lo que queda claro es que Petro está jugando sus últimas cartas. Con reformas bloqueadas y un Congreso hostil, la Asamblea Constituyente es su último gran movimiento. El problema es que llegó tarde al juego, y las reglas no las pone él. Los colombianos decidirán en marzo si quieren seguir esta partida o cambiar de mesa por completo.


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

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