TL;DR
- Diego, de 14 años, vinculado a proceso por lesiones que ponen en peligro la vida agravada
- Jeremy, la víctima, tiene perforaciones en pulmón, hígado, riñón y le quitaron apéndice y bazo
- La familia de Jeremy exige que se juzgue por tentativa de homicidio, no solo lesiones
- El video de la agresión circula en redes: se ve claramente cómo usa el arma punzocortante
- El agresor está en internamiento preventivo especializado para adolescentes
Una navaja, dos vidas destrozadas y un video que lo documenta todo
El miércoles pasado, afuera de la secundaria técnica 324 Alfonso Caso Andrade en Tláhuac, una riña entre adolescentes se convirtió en un intento de homicidio que quedó grabado para la posteridad. Según Nacion321, el video muestra a Diego, de 14 años, sacando un arma punzocortante y enterrándosela varias veces a Jeremy, de 15. Lo que empezó como golpes terminó con uno de los jóvenes corriendo riesgo de muerte y el otro en un centro de internamiento preventivo. La pregunta incómoda: ¿cómo un niño de 14 años llega a portar una navaja para resolver conflictos escolares?
«Le quitaron el apéndice, el bazo y parte del intestino»
Mientras Diego enfrenta su proceso penal, Jeremy lucha por sobrevivir en el hospital pediátrico de Legaria. La abuela del menor detalló a Lopezdoriga que su nieto presenta tres perforaciones de pulmón, daño en el hígado, perforaciones en el tórax y laceraciones en el riñón. «Le quitaron el apéndice y el bazo, así como una parte del intestino porque lo tenía perforado», declaró. El diagnóstico inicial de «lesión por arma punzocortante en abdomen y espalda baja» que reporta Jornada se queda corto frente a la realidad médica que describe la familia. «Puede perder la vida», advirtió la abuela, mientras Jeremy era entubado en cuidados intensivos.
¿Lesiones calificadas o tentativa de homicidio? El debate legal
Aquí es donde el sistema de justicia para adolescentes muestra sus grietas. Diego fue vinculado a proceso por «lesiones que ponen en peligro la vida agravada», según la Fiscalía capitalina. Pero la familia de Jeremy no se conforma: exigen que se le juzgue por homicidio en grado de tentativa. La diferencia no es semántica: hablamos de condenas potencialmente muy distintas para un menor de 14 años. El juez especializado dio 45 días para cerrar la investigación, tiempo durante el cual Diego permanecerá en un Centro Especializado de Internamiento Preventivo para Adolescentes. La pregunta que nadie quiere hacer en voz alta: ¿un adolescente que causa este nivel de daño con un arma blanca merece el mismo tratamiento que uno que roba una tienda?
El «linchamiento» posterior y la justicia por mano propia
Hay un detalle escalofriante en el relato de Lopezdoriga: después de la agresión, varios hombres retuvieron a Diego y lo golpearon hasta que llegó la policía. Es decir, mientras Jeremy se desangraba, su agresor recibía una paliza extrajudicial. Esto habla de una comunidad que, frustrada por la impunidad percibida en casos anteriores, toma la justicia en sus propias manos. El problema es que así solo conseguimos más violencia, no menos. Y mientras tanto, los testigos -otros estudiantes- cargan con las imágenes de dos compañeros destrozándose mutuamente.
La secundaria con dos nombres y un solo problema
Aquí hay una curiosidad periodística: Jornada la llama «secundaria técnica 324 Alfonso Caso Andrade», mientras Lopezdoriga se refiere a «Escuela Secundaria Diurna No. 304 ‘Juan Rulfo'». ¿Dos escuelas diferentes? ¿Error de fuentes? ¿O la misma institución con nombres distintos según quién la mencione? Este aparente detalle menor en realidad refleja algo más grave: la falta de datos consistentes incluso en casos de violencia extrema. Si ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en el nombre de la escuela, ¿cómo vamos a abordar el problema de fondo?
¿Qué sigue para Diego? La justicia adolescente en la mira
El sistema de justicia para adolescentes en México está diseñado para rehabilitar, no solo para castigar. Pero casos como este ponen a prueba ese principio. Diego enfrenta un proceso que podría cambiar su vida para siempre, pero también la de Jeremy ya está cambiada irreversiblemente. El internamiento preventivo en un centro especializado es solo el primer paso. La Fiscalía tiene 45 días para presentar pruebas, testigos y construir su caso. Mientras tanto, la familia de Jeremy observa con escepticismo, convencida de que «lesiones calificadas» no refleja la intención real detrás de esas puñaladas.
El video que nadie debería ver pero todos comparten
Nacion321 confirma lo que ya circula en redes: el video de la agresión está disponible para quien quiera verlo. «A pesar de contar con varias heridas, Jeremy intenta defenderse y contener la agresión», describe el medio. Hay algo profundamente perturbador en que la violencia extrema entre niños se convierta en contenido viral. Nos horrorizamos, compartimos, comentamos indignados, pero seguimos sin preguntarnos cómo llegamos a este punto. ¿Dónde aprendió Diego que una navaja era solución aceptable? ¿Qué falló en casa, en la escuela, en la comunidad?
Mientras Jeremy lucha por sobrevivir con órganos perforados y Diego enfrenta un proceso que definirá su adolescencia, queda la sensación incómoda de que esto no es un caso aislado. Es el síntoma de algo más profundo: una normalización de la violencia que empieza en las pantallas y termina en las calles, con niños que resuelven conflictos como si estuvieran en un videojuego, excepto que aquí no hay reinicio. La sangre es real, el dolor es real, y las consecuencias durarán toda la vida.
Fuentes consultadas:
- Jornada – Vinculan a proceso a estudiante de secundaria que hirió a compañero con navaja en Tláhuac
- Lopezdoriga – «Puede perder la vida»: adolescente es herido con navaja por compañero en riña afuera de secundaria en Tláhuac
- Nacion321 – Reportan que se agravó la salud de Jeremy, menor apuñalado en riña afuera de una secundaria


