TL;DR
- Kennedy Tejeda pasó 17 meses detenido por defender a jóvenes que protestaron contra el fraude electoral
- Las comisiones de ‘paz’ del chavismo buscan una amnistía exprés que proteja a la cadena de mando
- Las víctimas sufren tortura psicológica: J.D. aún se despierta con el ruido de las cerraduras
- Una amnistía sin memoria sería una trampa para enterrar 26 años de autoritarismo
Cuando el perdón huele a impunidad
Kennedy Tejeda salió de su casa aquel viernes de agosto de 2024 pensando que iba a hacer su trabajo: averiguar el paradero de dos jóvenes detenidos por manifestar contra el fraude electoral de Nicolás Maduro. Terminó escuchando la frase que nadie quiere oír: «A partir de este momento estás muerto. Te agarraron los ángeles negros». Así comenzaron sus 17 meses en el infierno. El País documenta cómo este defensor de derechos humanos fue secuestrado por el Estado que supuestamente debía protegerlo. Y ahora, mientras las comisiones del chavismo post-Maduro hablan de amnistía y reconciliación, gente como Tejeda sigue preguntándose si su sufrimiento será borrado con un plumazo legal.
La tortura que no deja moretones
J.D. (prefiere el anonimato, porque en Venezuela la represión no se jubila) lo explica mejor que cualquier tratado de psiquiatría: «No sufrí castigos físicos, no fui vejado ni insultado, pero, ¿cómo se llama cuando te privan del sol durante semanas o no se te permite comunicarte con tus familiares?». Cuatro semanas después de salir, el ruido de una tranca deslizándose o una llave girando en la cerradura todavía le dispara la angustia. «Estuve internado en un campo de concentración con aire acondicionado y televisión. No me golpearon el cuerpo, pero la psique es otra cosa. Se llama tortura psicológica». El reportaje de El País muestra cómo el chavismo perfeccionó el arte de destrozar mentes sin dejar evidencia forense.
La amnistía exprés: borrón y cuenta nueva
Aquí está el truco de magia que quieren vender como reconciliación: una amnistía que cierre expedientes entre 1999 y 2025 sin distinguir responsabilidades. O sea, el capitán que amenazó a Tejeda, los encapuchados que secuestraron a J.D., los arquitectos de la represión sistemática – todos protegidos por el mismo Estado que les pagó el sueldo. La investigación señala que los esfuerzos del chavismo en la era post-Maduro parecen orientados a una amnistía exprés que, en la práctica, proteja a ejecutores y a la cadena de mando. No es reconciliación – es una trampa para enterrar 26 años de autoritarismo con papel oficial.
Los ausentes en la mesa del perdón
Lo más cínico del asunto es quiénes están sentados a la mesa y quiénes no. Mientras la Comisión Especial para la Consulta de la Ley de Amnistía designada por Delcy Rodríguez y la Comisión para la paz de la Asamblea Nacional discuten cómo «aliviar décadas de confrontación», las víctimas reales – las que fueron «tragadas por la tierra», las que perdieron la noción del tiempo en celdas oscuras – son los grandes ausentes. Como si el perdón pudiera decretarse desde arriba, sin escuchar a quienes tienen las cicatrices. El análisis de El País es claro: hace falta una amnistía, pero sería un error creer que basta con el olvido legal de expedientes y causas.
La memoria como antídoto contra la repetición
Aquí está el punto que duele: los arquitectos y perpetradores de la represión eran o son servidores públicos pagados por el Estado venezolano. No eran grupos paramilitares descontrolados – eran funcionarios que usaron instituciones públicas para torturar. Por eso es crítico que se les aplique justicia, no solo perdón. Una amnistía sin memoria es como poner una curita en una herida gangrenada: parece que solucionas algo, pero la infección sigue creciendo por dentro. La advertencia es que tras 26 años de autoritarismo, una amnistía así no llevaría a una reconciliación sino que sería el manual para repetir los mismos errores.
El ruido que no se apaga
Mientras los políticos discuten leyes en salones con aire acondicionado, J.D. sigue tomando ansiolíticos y Kennedy Tejeda reconstruye su vida después de 17 meses robados. El verdadero termómetro de cualquier proceso de reconciliación no está en los decretos oficiales, sino en si las víctimas pueden dormir sin que el ruido de una cerradura les dispare el corazón. Una amnistía que no nombre a los responsables, que no repare a las víctimas, que no garantice que esto no vuelva a pasar, no es reconciliación – es amnesia institucional. Y como bien saben en Venezuela, la memoria es lo único que te salva cuando vuelven a tocar a la puerta.


