Lo que debes de saber
- Más de 1.2 millones de visitantes y una derrama que superaría los 1,250 millones de pesos.
- La Huasteca Potosina registró ocupaciones del 100% en destinos como Ciudad Valles y Tamasopo.
- Las autoridades declaran un ‘saldo blanco’ en seguridad para todo el periodo vacacional.
- El éxito contrasta con fallas en servicios básicos como el agua, reportadas en la misma capital.

El milagro turístico que sí se cumplió
Si la Semana Santa es para los milagros, San Luis Potosí tuvo uno de los más terrenales: más de un millón 200 mil visitantes pululando por sus cuatro regiones, según la titular de Turismo estatal, Yolanda Josefina Cepeda Echavarría, en entrevista con Radioxhcv. No es poca cosa. La cifra, superior a la del año anterior, se traduce en una ocupación hotelera que rozó el 60% en Pascua y que, en los días santos, explotó hasta el 100% en la Huasteca. Medios como Ergomx Digital detallan que la región huasteca lideró con un 92.7% de ocupación promedio, seguida por la región Media (85.5%), el Centro (77.9%) y el Altiplano (69.1%). Destinos como Ciudad Valles y Tamasopo se colgaron el cartel de «completo» y la derrama económica promete superar los mil 250 millones de pesos. El gobierno de Ricardo Gallardo Cardona tiene motivos para sacar pecho: la maquinaria de promoción, los eventos como la Feria Nacional de la Huasteca y el Festival de la Capital, parecen haber dado en el clavo. Pero aquí, como en todo buen milagro, la fe se topa con la evidencia. ¿De verdad todo fue color de rosa, o solo estamos viendo la postal que quieren vender?

La otra cara del ‘saldo blanco’
En el boletín oficial, el éxito tiene un compañero inseparable: la seguridad. «El principal resultado fue el saldo blanco», enfatizó la secretaria Cepeda, atribuyéndolo a la estrategia implementada por instrucción del gobernador. Sanluispotosi Quadratin también recoge este logro en su cobertura. Un ‘saldo blanco’ en Semana Santa, en un estado con regiones complejas, suena a hazaña digna de mención en el informe de gobierno. Sin embargo, este triunfo en materia de seguridad para los turistas choca de frente con la realidad cotidiana que viven los propios potosinos. Mientras los visitantes disfrutaban de las cascadas de Tamasopo o los jardines de Xilitla, en la capital del estado, Oem reportaba en sus notas relacionadas que Interapas, el organismo operador de agua, reactivaba pozos por una falla en El Realito tras tres días sin suministro. La paradoja es brutal: se puede garantizar seguridad a más de un millón de foráneos, pero no agua potable constante para los locales. El ‘saldo blanco’ turístico parece existir en una burbuja ajena a los problemas de infraestructura básica que persisten. ¿Qué tan sostenible es un modelo que cuida al visitante de paso pero deja en standby a su propia población?
«La Huasteca lideró con una ocupación hotelera de hasta 92.7%, seguida por la región Media con 85.5%, el Centro con 77.9% y el Altiplano con 69.1%.» – Ergomx Digital
La fiesta tiene dueño (y no es la comunidad)
Las cifras son espectaculares, nadie lo discute. 30,768 visitantes en un solo día en los parajes naturales, según Ergomx Digital. Eventos como la Feria del Huapango en Tamazunchale o la Feria Nacional de la Enchilada en Soledad de Graciano Sánchez, mencionados por Radioxhcv, llenaron plazas y generaron movimiento. Pero el análisis no puede quedarse en la superficie de los números. ¿Quién se lleva realmente la tajada del pastel? La narrativa oficial habla de «beneficiar a prestadores de servicios en comunidades» y generar «oportunidades equitativas». Sin embargo, la concentración del beneficio es flagrante. Cuando Ciudad Valles o Tamasopo alcanzan el 100% de ocupación, los grandes hoteles y restaurantes establecidos son los primeros en llenarse. La derrama económica «que superará 1,250 MDP» es un número macro que poco dice sobre si el señor que renta cabañas rústicas, la señora que vende gorditas en un puesto o la cooperativa que ofrece paseos en lancha vieron un incremento proporcional en sus ingresos. El turismo masivo, si no está cuidadosamente gestionado, tiende a centralizar la riqueza, no a distribuirla. La nota de Oem sobre el robo al restaurante ‘Pastel de Crepas’ del chef Alan Vázquez, donde ladrones se llevaron las ganancias de la temporada, es un crudo recordatorio de que la bonanza también atrae vulnerabilidad y que la seguridad para el negocio establecido es otro cantar.
¿Sostenibilidad o sobreexplotación?
Hay un punto en el que todas las fuentes coinciden: los visitantes y locales cuidaron los parajes. Radioxhcv cita a la secretaria destacando que sitios como El Nacimiento en Tamuín se mantuvieron limpios. Es un buen indicio de conciencia, pero es apenas la primera capa del problema. La verdadera sostenibilidad no se mide por la basura recogida al final del día, sino por la capacidad de carga de los ecosistemas. ¿Qué impacto tiene la afluencia de más de 30 mil personas en un solo día a las cascadas y ríos de la Huasteca? ¿Los sistemas de tratamiento de aguas residuales de los pueblos mágicos y parajes están dimensionados para estos picos brutales? La nota de Sanluisatiempo, aunque su enlace lleva a un error 404, por su título prometía hablar de una «afluencia récord». Récord es una palabra peligrosa en turismo. Puede ser el preludio del colapso. El estado se promociona como un «destino sin límites», pero la naturaleza sí los tiene. El éxito de hoy, si se basa únicamente en abrir las puertas a más y más gente sin una planeación ambiental de fondo, puede ser la crisis de mañana: aguas contaminadas, erosión de senderos, pérdida de biodiversidad y, finalmente, la pérdida del propio atractivo. El turismo es un buen negocio, pero solo si no matas a la gallina de los huevos de oro.
El relato oficial vs. la foto completa
Al final, lo que tenemos es un relato oficial impecable, construido con datos duros y difundido por medios locales como Oem, Radioxhcv y Sanluispotosi Quadratin. Un relato de crecimiento, seguridad y derrama económica. Pero la foto completa, la que se compone con las noticias que corren en paralelo, tiene matices más oscuros. Habla de una infraestructura de servicios básicos que cruje, de una posible concentración de la riqueza generada y de una presión ambiental que nadie está cuantificando en serio. Celebrar las cifras está bien, es incluso necesario. El peligro está en creerse solo ese relato y no preguntarse a qué costo se logró, para quién es realmente el beneficio y por cuánto tiempo se podrá repetir el ‘milagro’ sin que algo fundamental se quiebre. San Luis Potosí demostró que puede ser un imán turístico formidable. La pregunta incómoda que queda flotando es: ¿a prepararse para el siguiente récord o a sentarse a planear cómo manejar el éxito sin autodestruirse?


