Lo que debes de saber
- San Luis Potosí ocupa el lugar 8 nacional en muertes por accidentes de tránsito, según el Inegi.
- Vialidades como el Bulevar Río Santiago, la Carretera 57 y José de Gálvez son las más peligrosas de la zona metropolitana.
- La falta de señalización, semáforos y reductores de velocidad en tramos urbanos de carreteras federales es un factor letal.
- La reactivación post-pandemia agravó el problema, transformando el tráfico en un campo minado de siniestros.
El ranking macabro que nadie quiere ganar
En San Luis Potosí hay una competencia en la que, por desgracia, somos campeones nacionales. No es en deportes ni en producción industrial, sino en algo mucho más siniestro: muertes por accidentes de tránsito. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la entidad se coló en el Top-10 nacional, específicamente en el lugar número 8, incluso antes de que la pandemia cambiara todo. Imagínate: estar entre los diez estados donde es más probable que te maten en la calle, no por un asalto, sino por el simple hecho de circular. Planoinformativo documenta esta vergonzosa estadística, que parece ser la única en la que las autoridades locales no se esfuerzan por bajar posiciones. Lo que era un problema grave se convirtió, con el regreso a la ‘nueva normalidad’, en una auténtica epidemia silenciosa. Las prisas, la saturación vehicular y una infraestructura que parece diseñada para el caos, han hecho que los accidentes sean, literalmente, lo más normal del día.
Las avenidas ganadoras (en peligrosidad)
Si esto fuera una competencia deportiva, tendríamos claras favoritas. El podio de la muerte vial en la capital potosina lo ocupan, sin discusión, el Bulevar Río Santiago, la Carretera 57 y José de Gálvez. Pero no se quedan atrás un extenso catálogo de avenidas que son una pesadilla para conductores, peatones y ciclistas por igual. Planoinformativo enumera: Fray Diego de la Magdalena, Muñoz, De la Paz, 20 de Noviembre, Pedro Moreno, Avenida Reforma, Himno Nacional y todo el Anillo Periférico. El común denominador no es solo el congestionamiento, que ya es brutal, sino un alto índice de accidentes que se repite ‘un día sí y otro también’. La reactivación de la educación presencial y de todos los sectores productivos no trajo consigo una mejora en la movilidad, sino todo lo contrario: destapó la cruda realidad de calles que no están hechas para el volumen de tráfico actual. Lo que antes era un fastidio por el tiempo perdido, ahora es un riesgo constante de terminar en el hospital o, peor, en el panteón.
«Ahora ya no se habla solo de los larguísimos tiempos muertos en medio del tráfico de la Carretera 57, en la nueva normalidad lo normal son los accidentes en las principales calles y avenidas.» – Planoinformativo
La trampa mortal de las ‘zonas de nadie’
Aquí es donde el asunto se pone más turbio, y deja en evidencia el juego de pasarse la bolita entre autoridades. Una gran parte del problema está en los tramos urbanos de las carreteras federales. Hablamos de las vías a Matehuala, a Rioverde, a Querétaro, a Guadalajara y a Zacatecas. Estas son las principales arterias que conectan a la gente que vive en la zona metropolitana con sus trabajos, pero también son, según los reportes, auténticas trampas mortales. ¿La razón? Son vialidades conurbadas que, por ser de jurisdicción federal, parecen caer en un limbo de responsabilidad. Los gobiernos locales las descuidan porque ‘no son suyas’, y las federales porque están más enfocadas en los tramos interurbanos. El resultado son kilómetros de asfalto sin el mobiliario urbano mínimo: sin señalamientos claros, sin semáforos donde se necesitan, sin reductores de velocidad que moderen a los que van como si estuvieran en el Gran Premio de México. El Heraldo de San Luis Potosí también ha puesto el foco en este problema bajo el título ‘Vialidades mortales’, señalando que el asunto es grave y recurrente. En estas ‘zonas de nadie’, peatones, motociclistas y ciclistas se convierten en las víctimas más frecuentes de la prisa y la impericia al volante.
¿Culpa del conductor o de la calle?
Siempre es fácil echarle la culpa al que va manejando. Y sí, en gran parte la responsabilidad de los siniestros recae en la forma de conducir, a veces temeraria, de los automovilistas. Pero reducir el problema a eso es como decir que los ahogados son culpa exclusiva de quienes no saben nadar, ignorando que el río no tiene puente y la corriente está brutal. Planoinformativo lo dice claro: la falta de señalética, semáforos, reductores de velocidad y el pésimo mantenimiento del asfalto ‘forman un conjunto que con frecuencia es mortal’. Es un cóctel explosivo. Un conductor distraído o imprudente, sobre una calle llena de baches, sin una señal que le indique un alto o un cruce peligroso, tiene todas las papeletas para protagonizar una tragedia. La infraestructura vial no es un lujo, es la primera línea de defensa para salvar vidas. Cuando esa línea está rota, ausente o mal diseñada, el desenlace está casi cantado. Las publicaciones en redes, como las del Facebook de El Heraldo de San Luis Potosí, reflejan la preocupación ciudadana por un tema que ya no es solo un tema de tráfico, sino de seguridad pública.
Cuando lo ‘normal’ es lo inaceptable
Lo más preocupante de todo es la normalización. Que se hable de que los accidentes son ‘lo normal’ en la nueva normalidad es una señal de alarma que debería sonar a todo volumen. Hemos aceptado, con una resignación peligrosa, que circular por la ciudad es un acto de fe y un ejercicio de alto riesgo. Estar en el top 10 nacional de muertes viales no es un dato curioso para una trivia; es un fracaso colectivo de planeación urbana, de mantenimiento, de aplicación de reglamentos y, en el fondo, de prioridades. Mientras las vialidades sigan siendo vistas solo como tubos por donde debe fluir el tráfico, y no como espacios de convivencia donde la vida humana es lo primero, seguiremos contando muertos y subiendo puestos en ese ranking macabro. La pregunta incómoda es: ¿cuántas vidas más tienen que perderse en el Bulevar Río Santiago o en la Carretera 57 para que esto deje de ser ‘normal’ y se convierta en una emergencia que merece una acción contundente?


