Lo que debes de saber
- Stroustrup afirma que solo existen lenguajes criticados y lenguajes ignorados, una paradoja que define el éxito.
- El C++, creado en los 80, es el quinto lenguaje más popular y está en el corazón de sistemas críticos como frenos de coches y teléfonos.
- El científico danés admite que mucho código es «espantoso», resultado de un estado de emergencia perpetuo en el desarrollo.
- Su filosofía priorizó la libertad y el control del programador, lo que hizo a C++ poderoso, complejo y notoriamente difícil.

La ley de Stroustrup: si no te quejan, te ignoran
En un mundo obsesionado con las métricas de satisfacción y las reseñas de cinco estrellas, Bjarne Stroustrup lanza un jarro de agua fría a la industria tecnológica. Su diagnóstico, recogido por Computerhoy 20Minutos Es, es brutal en su simplicidad: «solo hay dos tipos de lenguajes de programación: aquellos de los que la gente se queja y aquellos que nadie usa». No hay término medio, no hay zona de confort. O eres lo suficientemente relevante como para que te insulten en foros y conferencias, o eres irrelevante. Esta máxima, que parece salida de un manual de cinismo corporativo, en realidad es una radiografía precisa de cómo funciona la adopción tecnológica. Cuando un lenguaje como Python o JavaScript es omnipresente, sus defectos se magnifican porque millones de desarrolladores chocan con ellos a diario. En cambio, un lenguaje académico o de nicho puede ser elegantísimo, pero su perfección es estéril porque nadie lo emplea para construir algo real. Stroustrup, el padre de uno de los lenguajes más criticados por su complejidad, habla desde la experiencia de haber creado un monstruo que, a pesar de todo, sostiene gran parte de la civilización digital.

El fantasma en la máquina: C++ está en todas partes (aunque no lo veas)
Lo fascinante del caso de Stroustrup es que encarna la paradoja del anonimato omnipresente. Como señala El País en un perfil, es probablemente una de las personas más influyentes en la vida moderna a la que casi nadie reconocería en la calle. Su creación, el C++, es el quinto lenguaje más popular del mundo, pero opera desde las sombras. En una entrevista, él mismo enumera su alcance con una naturalidad escalofriante: «Tu teléfono está grabando esto. Su procesamiento de la señal es C++. Si has venido aquí en coche, algunos de sus controles –inyección de combustible, dirección, frenos– podrían estar en C++». GPS, cámaras, torres de comunicación, televisores. Es la columna vertebral invisible de sistemas donde el rendimiento y el control directo sobre el hardware son críticos. No es el lenguaje de las apps bonitas de tu celular (aunque también está ahí), es el lenguaje de lo que no puede fallar. O, como él mismo lo define con una metáfora doméstica perfecta: «Es como las tareas domésticas: solo se ve si no está bien hecho». Cuando tu coche frena, no piensas en C++; solo cuando el software falla y el freno no responde, la pesadilla se hace visible.
«Una parte del software es realmente muy bueno… Piensen en el Mars Rovers, Google, y el Proyecto del Genoma Humano… Por otro lado, mirar el código ‘promedio’ puede hacerme llorar. La estructura es espantosa.» – Bjarne Stroustrup, entrevista en Echandocodigo Blogspot.

El precio de la libertad: poder, complejidad y código «espantoso»
Stroustrup no es un evangelista ciego de su propia creación. De hecho, es sorprendentemente autocrítico sobre el estado de la industria. En la misma entrevista de 2007 rescatada por Echandocodigo Blogspot, dibuja un panorama desolador del código promedio, que califica sin tapujos de «espantoso». Señala que los desarrolladores están en un «estado de emergencia» permanente, entregando trabajo mediante «prueba y error» y «fuerza bruta». Esta es la otra cara de la moneda de su filosofía de diseño. C++ fue construido con una premisa radical: dar al programador un control absoluto y una libertad máxima. No hay una «manera correcta» impuesta; tú decides cómo gestionar la memoria, cómo optimizar cada ciclo. Este poder viene con una responsabilidad abrumadora y es la razón por la que es «notoriamente difícil de aprender y de usar», como admite la fuente. Permite crear maravillas como los rovers de Marte, pero también facilita cometer errores catastróficos. Es el lenguaje de los adultos, donde no hay sistemas de seguridad que te impidan dispararte en el pie. Y en un mundo donde se contrata a desarrolladores en masa y se exigen plazos imposibles, esa libertad a menudo se traduce en el código desastroso que tanto lamenta Stroustrup.
De la complejidad necesaria al consejo inesperado
Las reflexiones recientes de Stroustrup, amplificadas por Threads y los artículos de Computerhoy, van más allá de la autodefensa. Él argumenta que en la era de la IA y las bibliotecas que simplifican todo, la complejidad no solo es inevitable, sino necesaria. Según su visión, los lenguajes deben ofrecer diferentes niveles de abstracción y control según lo que se necesite construir. No se puede programar un sistema de frenos con las mismas herramientas que un script de automatización. Esta postura choca frontalmente con la narrativa predominante de que la programación debe ser cada vez más accesible y sencilla. Pero sus consejos para las nuevas generaciones son aún más reveladores: «no seas ‘demasiado listo'» y «es imposible aprender a programar por internet». El primero es un golpe al ego del genio solitario que quiere reinventar la rueda con soluciones rebuscadas; el segundo, un balde de realidad para la industria de los bootcamps y tutoriales de YouTube. Stroustrup aboga por un pragmatismo profundo, por entender los fundamentos antes que los frameworks de moda y por trabajar dentro de los límites de lo comprensible y mantenible. Es el consejo de un veterano que ha visto cómo el código mal hecho, a pesar de estar escrito en el lenguaje más potente, puede poner en riesgo la infraestructura de la que, como él mismo dijo a El País, «nuestra civilización depende igual que del agua».
El legado del fantasma: ¿quién tiene razón, el creador o sus críticos?
Al final, la figura de Stroustrup nos deja con una pregunta incómoda. ¿Fue un visionario que entendió que el poder sin restricciones era el único camino para construir los cimientos del mundo digital? ¿O fue un arquitecto que, al priorizar la libertad sobre la seguridad, legó a la industria una herramienta peligrosísima en manos inexpertas, contribuyendo al océano de código «espantoso» que hoy sostiene sistemas críticos? Su propia ley sugiere que el hecho de que C++ sea tan criticado es, irónicamente, la prueba máxima de su éxito. Mientras lenguajes más nuevos prometen seguridad, simplicidad y productividad, C++ sigue ahí, ejecutándose en lo más profundo de los servidores, los coches y los dispositivos médicos. Es el lenguaje del que todos se quejan, pero al que nadie puede reemplazar donde más importa. Stroustrup, el profesor danés que no vio una computadora hasta los 19 años, creó no solo un lenguaje, sino una filosofía: en tecnología, la comodidad y la seguridad absolutas suelen ser enemigas del impacto real. Y esa, quizás, es la queja más profunda y persistente de todas.
Fuentes consultadas:
- Computerhoy 20Minutos Es – Bjarne Stroustrup, padre de C++: «Solo hay dos tipos de lenguajes de programación: aquellos de los que la gente se queja y los que nadie usa»
- Computerhoy 20Minutos Es – Bjarne Stroustrup, padre de C++: «Solo hay dos tipos de lenguajes de programación: aquellos de los que la gente se queja y los que nadie usa»
- Threads –
- Elpais – Bjarne Stroustrup: “Nuestra civilización depende igual del software que del agua” | Tecnología | EL PAÍS
- Echandocodigo Blogspot – ¿y porque no?.


