TL;DR
- 59% de estadounidenses rechaza la guerra según CNN – la mayoría no se la compra
- Trump violó la ley al no consultar al Congreso, único facultado para declarar guerras
- Hasta republicanos como Massie se rebelan: «Esto no es América primero»
- Irán ya tenía acuerdo nuclear que EU rompió – la guerra era evitable
Cuando ni tus aliados te creen el cuento
Seis de cada diez estadounidenses no se tragan la guerra de Donald Trump contra Irán. Según Sinembargo, la encuesta de CNN confirma lo que ya olía raro desde el principio: el gobierno estadounidense está haciendo «un esfuerzo muy limitado para justificar esta guerra, aun para sus propias bases». Y es que aquí el problema no es solo de popularidad, es de legalidad pura y dura.
El Congreso que despertó tarde
Resulta que en Estados Unidos hay una cosita llamada Constitución que dice que solo el Congreso puede declarar guerras. Pero Trump, como buen emperador moderno, decidió saltarse ese detalle. Ahora, como reporta La Jornada, los legisladores se apuran a votar resoluciones para limitar sus poderes, aunque la mayoría republicana probablemente las frene. El cinismo llega al nivel de que el secretario de Defensa, Pete Hegseth, ya habla abiertamente de «guerra», no de «intervención limitada». O sea, ya ni se molestan en disimular.
La amenaza fantasma que nadie vio
Aquí está el meollo: Trump y sus generales no han presentado «ninguna evidencia concreta» de que Estados Unidos enfrentaba una amenaza inmediata de Irán. El senador Tim Kaine lo dice sin rodeos: «no había ninguna amenaza inminente de Irán contra Estados Unidos que justificara» la operación. Pero hay más: Irán ya tenía un acuerdo nuclear con Obama, y fue Washington quien lo rompió bajo Trump. Peor aún, el viernes antes del ataque, Omán anunció que Teherán había aceptado un mecanismo internacional de monitoreo. Como dice el experto Trita Parsi: «Trump tenía la opción de declarar victoria. En lugar de eso, declaró la guerra».
Los republicanos que se rajaron
Lo más jugoso es ver cómo hasta la base trumpista se agrieta. El diputado ultraconservador Thomas Massie, normalmente alineado con el presidente, soltó: «Estoy opuesto a esta guerra. Esto no es América primero». Y anunció que presentará una resolución con el demócrata Ro Khanna para forzar una votación. Bernie Sanders, por su parte, no se anda con chiquitas: «Hemos vivido las mentiras de Vietnam e Irak. Basta de guerras sin fin». El fantasma de Irak -esa guerra basada en mentiras sobre armas de destrucción masiva- vuelve a pasearse por los pasillos del Capitolio.
La narrativa que se desmorona solo
Trump, en su estilo característico, alimenta la confusión: por un lado dice que negociaría si Irán renuncia a armas nucleares, y por otro llama a derrocar al gobierno iraní. Mientras, anuncia que la guerra podría durar «cuatro o cinco semanas más». Pero aquí la pregunta incómoda es: ¿cuatro semanas para qué? Si no había amenaza inminente, si ya había un acuerdo sobre la mesa, si hasta tus propios generales decían que no era necesario… ¿qué demonios estás haciendo, Donald?
El precedente que duele recordar
Lo más preocupante es que esto ya lo vivimos. Irak 2003: mentiras sobre armas químicas, una coalición internacional fabricada, y años de guerra que dejaron medio millón de muertos. Ahora el guión se repite, pero con un twist: ni siquiera se molestan en inventar pruebas convincentes. El experto Daniel Shapiro del Atlantic Council lo resume: Trump «no ha explicado la urgencia ni la amenaza inminente que hacía necesaria una guerra en este momento». O sea, ni para fingir le echan ganas.
Mientras el Congreso debate si recuperar el poder que nunca debió perder, 59% de estadounidenses ya votaron con su desaprobación. La pregunta que queda flotando es: ¿cuántas vidas y cuántos miles de millones costará esta lección de civismo que Trump se niega a aprender?


