TL;DR
- 210 mil personas abarrotaron el Zócalo en 2007 según organizadores
- Horas de espera sin agua ‘por seguridad’ dejaron decenas de desmayados
- El control de accesos fue tan férreo que hasta periodistas con gafete no pasaron
- Shakira salió 3 horas tarde mientras la gente sufría presión y sofocación
El ‘gratis’ que te cuesta la salud
Cuando anuncian un concierto gratuito de Shakira en el Zócalo, deberían poner una advertencia como en los cigarros: «Puede causar desmayos, presión arterial peligrosa y pérdida de menores». Porque eso fue exactamente lo que pasó en 2007, según el reporte de Jornada. 210 mil personas -según los organizadores- se apretujaron en la plancha del Zócalo, pero el dato que nadie dice es que «decenas no soportaron la presión de esa masa y fueron cargadas, llevadas en vilo, a camastros improvisados». Jovencitas desmayadas, un hombre cargado con todo y su bicicleta, y familias enteras que llegaron pensando en un espectáculo y encontraron una prueba de resistencia.
La espera eterna y el agua prohibida
Aquí está el detalle que debería indignar: la gente llegó con seis o siete horas de anticipación, estuvo parada codo con codo, y cuando pedían agua, la respuesta oficial era que «no se les da agua por motivos de seguridad, para proteger a Shakira». Sí, leíste bien. La hidratación básica se convirtió en riesgo de seguridad. Personal de Protección Civil mandaba a familiares a conseguir «una Coca-Cola» para reanimar a los afectados, porque según explicaban, «llevan muchas horas sin comer ni beber nada y por eso les pasó esto». El colmo del absurdo: proteger a la artista prohibiendo el agua a 210 mil personas bajo el sol (o la lluvia, porque el cielo estaba encapotado).
El control que controla todo menos el caos
El reporte documenta que «a las cuatro de la tarde se cerraron los accesos de las calles que desembocan en la plaza principal», y a las 17 horas sólo se podía entrar por Madero. Suena organizado, ¿no? Hasta que lees que «el control de los accesos fue férreo y muchos periodistas no pasaron por falta de gafete». Periodistas, los que deberían documentar el evento, fuera. Pero adentro, el drama: «a las 19:15, el tumulto expulsaba a los espectadores de las primeras filas. Era el drama. Niños eran alzados por sus padres para protegerlos de la presión que venía desde las calles aledañas». Control férreo para entrar, cero control para la seguridad adentro.
Las tres horas que Shakira se hizo esperar
Aquí la cereza del pastel: se anunció que el concierto empezaría a las ocho, «a más tardar, a las ocho y media». Shakira salió a las 21:20. Tres horas de retraso con 210 mil personas apretujadas, sin agua, con desmayos. Mientras tanto, el maestro de ceremonias intentaba calmar al personal diciendo que «en la medida en que se portaran bien habrá más espectáculos». Como si fuera un castigo de primaria. De las bocinas salía una retahíla de nombres de menores perdidos, música de The Who y Nirvana, y tres muchachas en el corral de prensa «se burlaban de los desmayados. Fumaban y echaban el humo a una señora a la que se le tomó la presión». El surrealismo hecho concierto.
¿Y ahora qué?
La pregunta incómoda: si en 2007 con 210 mil personas el caos fue total, ¿qué planes hay para evitar que se repita la historia? Porque los números no mienten: horas de espera sin hidratación adecuada, control de accesos que excluye hasta a prensa acreditada, desmayos masivos, y un retraso de tres horas que convirtió la espera en tortura. El concierto gratuito suena bonito en el anuncio, pero la crónica de Jornada muestra la otra cara: la del costo humano de querer ver a la «cantante del ombligo al aire» sin pagar boleto. Y lo más preocupante: casi 20 años después, seguimos hablando del mismo escenario, la misma artista, y probablemente los mismos riesgos. Porque en México, la lección más difícil de aprender es que lo ‘gratis’ a veces sale más caro que pagar entrada en el Foro Sol.


