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viernes, febrero 20, 2026

Pan y diabetes: el carbohidrato que nadie quiere soltar

Entre recomendaciones médicas y antojos mexicanos, ¿realmente podemos medir el pan por porciones?

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TL;DR

  • La nutrióloga Andreina de Almeida recomienda pan integral y de masa madre, pero el mexicano promedio prefiere el bolillo calientito
  • El IMSS tiene tablas de porciones que nadie sigue: 30g de pan integral suena a broma en un país de tortas ahogadas
  • El verdadero problema no es el pan, sino que en México la educación nutricional llega cuando ya tienes la enfermedad
  • Mientras los especialistas hablan de ‘absorción lenta’, en las panaderías siguen vendiendo conchas con media taza de azúcar

La paradoja del pan: te lo prohíben pero te lo recomiendan

Andreina de Almeida, nutrióloga colaboradora de Tua Saúde, lo dice claro en El Universal: las personas con diabetes SÍ pueden comer pan. Pero aquí viene el primer chiste involuntario: debe ser «pan de masa madre, grano germinado, avena, trigo integral o centeno». O sea, todo lo que NO es el pan que más se vende en México. Porque vamos, ¿cuántas panaderías de colonia tienen opciones de masa madre? La realidad es que el 90% de los mexicanos con diabetes están pensando en bolillos, teleras y conchas, no en pan de centeno germinado.

Las porciones del IMSS: la teoría que choca con la realidad

El Instituto Mexicano del Seguro Social tiene su Catálogo Maestro de Guías de Práctica Clínica con porciones recomendadas. Suena bien, hasta que te das cuenta de que estamos hablando de un país donde «una porción» de pan significa cosas distintas en cada familia. Mientras el IMSS mide en gramos, en las fondas miden en «¿cuántos bolillos para la sopa?». La nutrióloga insiste en que hay que evitar pan blanco y productos con azúcares añadidos, pero dime si no es tragicómico: en México, el pan dulce es casi patrimonio cultural. Las conchas, los cuernos, las orejas – todo viene cargado de azúcar, y son justo lo que la gente quiere comer.

El verdadero problema: la educación llega tarde

Lo más revelador del artículo no es lo que dice sobre el pan, sino lo que revela sobre nuestro sistema de salud: «la principal recomendación es acudir con un profesional de la salud para recibir un plan alimenticio adaptado». Suena lógico, pero aquí está el detalle: ¿cuántos mexicanos con diabetes tipo 2 tienen acceso real a un nutriólogo especializado? Según cifras no oficiales, menos del 30%. La mayoría recibe una hoja fotocopiada en el consultorio del IMSS y listo. Y mientras tanto, la publicidad de panes «integrales» que en realidad son pan blanco con colorante sigue engañando a medio país.

La lista de lo prohibido: casi todo lo que nos gusta

Andreina de Almeida no se anda con rodeos: hay que moderar frutas (por la fructosa), evitar harinas refinadas, decirle no a mieles, mermeladas, lácteos azucarados, jugos endulzados, carnes procesadas y alcohol en exceso. O sea, básicamente la dieta promedio del mexicano. Aquí hay un choque cultural brutal: nos dicen que cambiemos nuestros hábitos alimenticios cuando esos hábitos llevan décadas formándose. No es solo «come pan integral», es «reconfigura toda tu relación con la comida». Y eso, en un país donde la torta es comida rápida y el jugo de naranja con azúcar es desayuno tradicional, es pedir mucho.

La ironía final: celebramos el Día Mundial de la Diabetes comiendo mal

El artículo de El Universal menciona que el 14 de noviembre es el Día Mundial de la Diabetes. ¿Y saben qué pasa ese día en muchos lugares? Eventos con «lonches saludables» que nadie se come, conferencias que repiten lo mismo de siempre, y en las panaderías… sigue la fila por las conchas recién horneadas. Hay algo profundamente contradictorio en un sistema que por un lado genera guías médicas detalladas y por otro permite que la comida chatarra sea más accesible que la comida saludable. Mientras los especialistas hablan de «carbohidratos de absorción lenta» como legumbres y garbanzos, en los Oxxos las papas y los refrescos están a la altura de la vista.

Al final, el problema no es si una persona con diabetes puede comer 30 o 50 gramos de pan integral. El problema es que en México, la comida saludable es un lujo, la educación nutricional es un privilegio, y las porciones son un concepto abstracto. Cuando la recomendación médica choca con la realidad cultural, siempre gana la cultura. Y mientras tanto, la diabetes sigue siendo la segunda causa de muerte en el país. Quizás deberíamos dejar de medir el pan en gramos y empezar a medir la efectividad de nuestras políticas de salud en vidas salvadas.


Fuentes consultadas:

Autor

  • Entre Líneas

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