TL;DR
- Trump creó una Junta de Paz alternativa a la ONU con asientos de 1,000 millones de dólares
- México rechazó unirse porque excluye a Palestina, país que México reconoce como Estado
- Solo Argentina, Paraguay y El Salvador de Latinoamérica aceptaron la invitación
- La decisión agrava la tensión bilateral ya complicada por narcotráfico y Cuba
La paz tiene precio: 1,000 millones por asiento
Donald Trump no hace las cosas a medias. Cuando el presidente estadounidense decidió crear su propia Junta de Paz como alternativa a la ONU, no solo pensó en la diplomacia, sino también en la contabilidad. Según reporta El País, cada país que quiera un asiento permanente en este exclusivo club debe desembolsar la módica cantidad de 1,000 millones de dólares. No es caridad, es negocio. Y México, con Claudia Sheinbaum al frente, decidió que no iba a pagar esa entrada VIP.
El detalle incómodo: Palestina no está invitada
La presidenta mexicana fue clara en su rueda de prensa: «Cuando se trata particularmente de la paz en el Medio Oriente, Palestina, dado que nosotros reconocemos a Palestina como un Estado, pues es importante la participación de ambos Estados, ¿no? De Israel y de Palestina. Y no está planteado así en el encuentro». Ahí está el meollo del asunto. Trump armó su mesa de paz para Gaza pero olvidó invitar a uno de los comensales principales. Como organizar una fiesta de reconciliación entre dos vecinos y solo invitar a uno.
El club de los amigos de Trump
Mientras México dice «no gracias», otros 35 países según Trump ya pagaron su membresía. La lista incluye a los aliados habituales de la derecha internacional del republicano: Javier Milei de Argentina, Viktor Orbán de Hungría, y Giorgia Meloni de Italia que ya anunció sus intenciones de unirse. De Latinoamérica, solo Argentina, Paraguay y El Salvador se subieron al barco. Canadá, con Mark Carney, también aceptará según medios locales. Marruecos se apuntó como el primer país africano y árabe. Un club selecto donde Trump, como presidente de la Junta, tiene la última palabra para admitir miembros. Conveniente.
Observador sí, miembro no
Sheinbaum no cortó completamente el puente. Decidió enviar al embajador de México en la ONU como observador a la primera reunión este jueves en Washington. «Nos invitaron a que fuéramos como observadores, que si no íbamos a participar, fuéramos como observadores», explicó. Es el equivalente diplomático de «voy a ver qué pedo, pero no me comprometo». Una postura que mantiene la puerta entreabierta sin comprometer los principios.
La gota que derrama el vaso ya lleno
Esta declinación no viene sola. Según El País, es «una gota de gasolina más que se añade al contexto de tensión en la relación de México y Estados Unidos». Ya teníamos el narcotráfico, las amenazas arancelarias, y ahora se suma la postura de Sheinbaum sobre Cuba. La presidenta sigue buscando vías para mandar petróleo a la isla pese al bloqueo estadounidense, y aunque por ahora no enviará combustibles, dejó claro que «no estamos de acuerdo con esta imposición de aranceles a los países que venden petróleo a Cuba». Trump declaró emergencia nacional sobre la isla y cerró el grifo del petróleo venezolano, pero México sigue mandando ayuda humanitaria en buques de la Armada.
La pregunta incómoda: ¿Paz para quién?
Trump vende su Junta como el proyecto que busca «la resolución de los conflictos del mundo». Pero cuando excluyes a una de las partes en conflicto, ¿de qué paz estamos hablando? México, que reconoce a Palestina como Estado desde 2013, no puede sentarse en una mesa donde falta la mitad de la ecuación. Sheinbaum ya había calificado de «muy importante» que la Junta tuviera representación desde Gaza, postura que compartió con Lula da Silva de Brasil. Pero en el club de los 1,000 millones, las voces incómodas sobran.
Al final, lo que Trump ofrece no es una solución diplomática, sino un negocio. Pagas tu asiento, te sientas en la mesa, y aparentas que trabajas por la paz mientras ignoras a quien debería estar negociando. México prefirió quedarse fuera, mandar un observador, y mantener su postura. En un mundo donde la diplomacia se cotiza en bolsa, a veces decir «no» es el acto más valioso.


