TL;DR
- Indra inaugura centro de IA en Tunja con discurso de democratización tecnológica
- Latinoamérica tiene más de 30 modelos regulatorios distintos: «una locura en adopción»
- El 26% de trabajadores colombianos usa IA, igual porcentaje que en Estados Unidos
- Expertos advierten: no vamos a automatizar 100 fábricas porque no existen, sino 90,000 comercios con problemas básicos
La ruana tecnológica: cuando el discurso no calza con la realidad
Indra Group inauguró esta semana en Tunja, Boyacá, el Centro de Excelencia en Inteligencia Artificial NovaIA, con toda la parafernalia del «democratizar la tecnología» y convertir a la capital boyacense en «epicentro de investigación y desarrollo». Según Elpais, José Fernando Quintero, presidente de Indra Group en Colombia, habló de llevar la IA a las regiones, pero uno se pregunta: ¿democratizar para quién exactamente? Porque mientras inauguran centros con alianzas entre multinacionales españolas, universidades y tecnológicos de prestigio, la realidad productiva latinoamericana sigue siendo la de siempre: fragmentada, desigual y con problemas básicos que ni siquiera requieren IA para resolverse.
La fragmentación regulatoria: 30 modelos y ningún rumbo
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Victor Muñoz, experto en IA, soltó la bomba: Latinoamérica tiene más de 30 modelos regulatorios distintos, lo que calificó como «una locura en adopción» que afecta la productividad y termina provocando que la tecnología no se use. No mames, ¿30 modelos diferentes? Es como si cada estado de México tuviera su propia Constitución y esperáramos que los negocios fluyeran sin problemas. Muñoz propone una regulación «inteligente» con líneas básicas unificadas y normativas sectoriales, pero la pregunta incómoda es: ¿quién va a coordinar ese desmadre regional cuando ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en tratados comerciales básicos?
El nivel de madurez: cuando la realidad te baja del tren
Muñoz fue claro: el nivel de madurez en Latinoamérica es más bajo que en Estados Unidos o Europa. Y aquí viene la parte que duele: «no vamos a pensar en la automatización de 100 grandes fábricas, porque no existen, pero sí de 90.000 comercios con problemas de inventarios, ventas, acceso a FinTech». O sea, mientras en Silicon Valley hablan de AGI y singularidad tecnológica, aquí seguimos batallando con que el tendero de la esquina lleve bien sus cuentas. Alexis Ocampo, de Bancolombia, lo ejemplifica bien: antes de modelos sofisticados, hay que identificar dónde está la información útil y cómo estructurarla. Básicamente, estamos construyendo el techo cuando ni siquiera tenemos cimientos.
La paradoja del uso: mismos porcentajes, realidades distintas
Este dato sí que hace ruido: Maria Paula Duque, de Microsoft, asegura que en Colombia el 26% de los adultos que trabajan usan IA en sus labores, «la misma proporción que en Estados Unidos». A pesar del problema de la conectividad y la alfabetización, somos capaces de usarlo, dice. Pero aquí hay que hacer una pausa: ¿el mismo porcentaje significa el mismo uso? Porque usar ChatGPT para redactar un correo no es lo mismo que desarrollar modelos predictivos para optimizar cadenas de suministro globales. La cifra suena bien en powerpoint, pero habría que ver qué hay detrás de ese 26%.
La gobernanza ética: ¿quién pone las reglas del juego?
Patricio Espinosa, de IBM, dio en el clavo: la regulación es importante, pero quienes diseñan y fabrican la tecnología también tienen responsabilidad. «Tenemos que crear tecnología responsable desde el principio», aseguró. Pero aquí está el detalle: cuando las multinacionales extranjeras son las que traen la tecnología y establecen los centros de excelencia, ¿quién define qué es «responsable» para Latinoamérica? ¿Los mismos que diseñaron algoritmos con sesgos raciales en otros países? La gobernanza no puede ser solo adaptar modelos europeos o estadounidenses a realidades que ni entienden.
El futuro: ¿ruana digital o traje a la medida?
El centro en Tunja es un paso, claro. Pero la pregunta que nadie quiere hacer es: ¿cuántos de estos «centros de excelencia» terminan siendo vitrinas para reportes de sostenibilidad corporativa mientras la brecha digital sigue creciendo? La IA puede ayudar a describir cadenas productivas y optimizar interacciones con entidades financieras, como dice Ocampo, pero primero hay que resolver lo básico: conectividad, alfabetización digital, marcos regulatorios coherentes. Mientras tengamos 30 modelos diferentes y discursos de democratización que suenan bien en inauguraciones pero no se traducen en políticas públicas integrales, la IA latinoamericana seguirá siendo más ruana que revolución: abriga un poco, pero no protege del todo del frío de la desigualdad tecnológica.


