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miércoles, febrero 18, 2026

Cuba se queda sin combustible y sin níquel: el golpe de Sherritt

La parada de la minera canadiense revela la profundidad de la crisis energética que ahoga a la isla

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TL;DR

  • La minera canadiense Sherritt International detuvo operaciones en Cuba por falta de combustible
  • Cuba era el décimo productor mundial de níquel y séptimo de cobalto según datos de 2025
  • La producción ya venía cayendo: de 15,847 a 12,650 toneladas en un año
  • La crisis energética ahoga hasta a empresas extranjeras con músculo financiero

Cuando el combustible se acaba, todo se detiene

La noticia llegó como un parte médico de un paciente en estado crítico: Sherritt International, la minera canadiense que opera en Moa, Cuba, anunció que reduce operaciones y las pondrá en «standby». El motivo no es una huelga, ni una caída de precios internacionales, ni siquiera un problema técnico. Es más básico: no hay combustible. Elpais documenta que la empresa recibió notificación de que las entregas de combustible previstas «no se cumplirán» y que, por ahora, «se desconoce el calendario para la reanudación». Imagínate: una minera que extrae níquel y cobalto -materiales críticos para la industria mundial- paralizada porque no le llega la gasolina. Es como si un hospital de tercer nivel cerrara porque se le acabó el agua.

La economía cubana: décima en níquel, primera en dependencia

Aquí es donde el asunto duele más. Según las estimaciones del Servicio Geológico de Estados Unidos para 2025 que cita Elpais, Cuba se mantenía como el décimo productor mundial de níquel y séptimo de cobalto. No es cualquier cosa: estos minerales son estratégicos para baterías, electrónicos, aleaciones especiales. Pero la producción ya venía en picada: Sherritt reportó en sus estados financieros de 2025 que la producción en Moa fue de 12,650 toneladas de níquel y cobalto contenidos, comparado con las 15,847 toneladas del año anterior. Una caída del 20% en un año, y eso cuando todavía había combustible. Ahora que se acabó, la pregunta es obvia: ¿cuánto más puede caer?

Las empresas extranjeras también se ahogan

Lo más revelador del análisis del Real Instituto Elcano que menciona Elpais es que «las empresas extranjeras presentes en Cuba no escapan de esta situación». Esto es clave: no estamos hablando solo de empresas estatales cubanas mal administradas. Sherritt es una transnacional canadiense con experiencia global, músculo financiero y know-how. Si ellos no pueden operar por falta de combustible, ¿qué esperanza tienen las empresas locales? El mismo instituto español advierte que varias empresas están «repensando sus inversiones» en Cuba, citando dos motivos: «una potencial intervención militar estadounidense» y «el impacto sobre su actividad del deterioro del país, especialmente con el aumento de los apagones y la crítica escasez de combustibles».

El corte venezolano: cuando el salvavidas se hunde

El contexto geopolítico explica parte del desastre. Elpais señala que tras el corte de los despachos de crudo y productos desde Venezuela -principalmente-, México y Rusia, «la economía cubana ha revelado su alta dependencia externa». Aquí hay que hacer una pausa: Cuba dependía de Venezuela para su combustible. Venezuela, que lleva años en crisis económica profunda. Cuando el gobierno de Trump intervino en Venezuela y capturó a Nicolás Maduro y Cilia Flores, el flujo se detuvo. Es la pescadilla que se muerde la cola: Cuba dependía de un país que ya no podía ni con sus propios problemas.

Trump dice que no quiere intervenir, pero ya intervino

La ironía geopolítica es digna de un guión de Netflix. Trump dijo el lunes que «no cree necesaria una operación militar en Cuba», según Elpais. Pero su secretario de Estado, Marco Rubio, está adelantando negociaciones ante la «amenaza humanitaria» que enfrenta el país. Mientras tanto, las sanciones y la intervención en Venezuela ya tuvieron un efecto concreto: cortaron el flujo de combustible a Cuba. No hace falta desembarcar marines en Varadero cuando puedes estrangular la economía desde lejos. Sherritt es solo el síntoma más visible: Air Canadá ya cortó sus vuelos a Cuba, otras transnacionales minimizan su exposición. El mensaje es claro: invertir en Cuba hoy es apostar contra la casa.

¿Y ahora qué come la gente?

Lo que Elpais menciona de pasada es lo más grave: «cortes de electricidad, problemas de transporte, escasez de bienes básicos y, en general, un profundo empobrecimiento de la población». Cuando una minera se para, no solo se pierden divisas por exportaciones. Se pierden empleos, se dejan de pagar impuestos, se afectan comunidades enteras que dependen directa o indirectamente de la operación. Sherritt dijo que espera que el inventario de materia prima disponible para alimentar su refinería en Alberta, Canadá, dure aproximadamente hasta mediados de abril. O sea, tienen stock para seguir procesando un par de meses lo que ya extrajeron. Pero después de abril, si no hay combustible en Cuba, no hay extracción. Y sin extracción, no hay exportaciones. Y sin exportaciones, no hay divisas. Y sin divisas, no hay importaciones. El círculo vicioso perfecto.

La opacidad como política de Estado

Elpais lo dice sin rodeos: «Las cifras disponibles desde el Gobierno socialista son pocas y opacas». Esto no es nuevo, pero en crisis agudas se vuelve más peligroso. Cuando no sabes exactamente cuánto produces, cuánto exportas, cuántas reservas tienes, tomar decisiones es como manejar con los ojos vendados. Las principales exportaciones de Cuba tradicionalmente han sido tabaco y minerales. Si los minerales se caen, ¿qué queda? ¿Más tabaco? En un mundo que cada fuma menos, esa no parece una estrategia ganadora.

La parada de Sherritt no es solo un problema de una empresa. Es el termómetro de una economía con fiebre alta. Cuando ni las transnacionales con recursos pueden operar, cuando el combustible falta hasta para lo esencial, cuando las luces se apagan con frecuencia, estamos ante algo más que una crisis cíclica. Es el colapso de un modelo que dependió demasiado de aliados inestables y que ahora paga la factura. Lo triste es que quienes pagan realmente no son los burócratas en sus oficinas, sino la gente que hace fila para comprar lo que sea que haya, si es que hay algo.


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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