TL;DR
- El 18 de febrero a las 11:00 AM sonará la alerta sísmica en CDMX y 125 municipios del Edomex
- Simulan terremoto de 7.2 con epicentro en Oaxaca – el mismo estado que en 2017
- Por primera vez plataforma digital para registrar inmuebles participantes
- Serán tres simulacros en 2026, incluyendo el 19 de septiembre (otra vez)
- La coordinadora nacional de Protección Civil promete ajustar volumen de alertas en celulares
La alarma que ya todos conocemos (y que muchos ignoran)
El próximo 18 de febrero, a las 11:00 en punto de la mañana, ese sonido que nos pone la piel chinita volverá a retumbar por la ciudad. No será real, pero la sensación de «aquí vamos otra vez» será igual de palpable. Según Elpais, este será el primer simulacro nacional de 2026, y por primera vez abarca no solo la Ciudad de México sino también 125 municipios del Estado de México. La hipótesis: un movimiento de 7.2 con epicentro a 11 kilómetros al sur de Pinotepa Nacional, Oaxaca. ¿Les suena familiar? Claro que sí – es el mismo estado que en 2017 nos recordó que la tierra no perdona.
El simulacro metropolitano: ¿coordinación o burocracia disfrazada?
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, insiste en que esto es para «mantener frescos los protocolos», pero uno se pregunta: ¿realmente necesitamos que nos recuerden cada año que vivimos en zona sísmica? Lo interesante es que ahora el ejercicio se vende como «operativo metropolitano coordinado», lo que en buen español significa: «ya nos dimos cuenta de que la gente vive en Edomex y trabaja en CDMX, y viceversa». Millones se mueven diariamente entre ambas entidades, y un sismo no respeta límites geopolíticos. La pregunta incómoda: ¿por qué tardamos tanto en darnos cuenta de lo obvio?
La plataforma digital: ¿avance tecnológico o más trámite?
Aquí viene lo «innovador»: el Gobierno de la Ciudad de México habilitó una plataforma en el Atlas de Riesgos para registrar los inmuebles que participarán. Cualquier persona puede crear cuenta, activar usuario mediante correo y dar de alta uno o varios inmuebles. Suena bien, hasta que recuerdas que en México tenemos una relación amor-odio con los trámites digitales. ¿Cuántos edificios viejos sin administración formal se quedarán fuera? ¿Cuántas escuelas públicas con internet intermitente podrán registrarse? El manual dice que pueden registrarse «personas responsables de viviendas, edificios habitacionales, inmuebles comerciales, educativos o de servicios». Traducción: si no tienes quién se haga responsable, mejor ni te metas.
Las alertas en celulares: ¿volumen ajustado o promesa vacía?
Laura Velázquez, coordinadora nacional de Protección Civil, asegura que la alerta también sonará en dispositivos móviles y que «el volumen del aviso será ajustado, así como su mensaje». Esto merece un aplauso sarcástico lento. Después de años de quejas porque la alerta en celulares suena cuando ya tiembla (o no suena), ahora prometen «ajustar el volumen». Como si el problema fuera que no escuchamos bien, y no que el sistema falla en lo básico: avisarnos a tiempo. ¿De qué sirve el volumen perfecto si la alerta llega tarde?
El calendario sísmico: ¿prevención o ritual anual?
Este simulacro del 18 de febrero será solo el primero de tres programados para 2026. El segundo será el 6 de mayo para conmemorar el 40 aniversario del Sistema Nacional de Protección Civil (nacido tras el 85), y el tercero… adivinen: 19 de septiembre. Sí, otra vez. La fecha que nos persigue como maldición. Elpais documenta que Velázquez ya tiene todo el calendario planeado, lo que demuestra que hemos institucionalizado hasta la prevención. Tres simulacros al año suena a mucho, pero la verdadera pregunta es: ¿cuánta gente realmente participa más allá del primer minuto? ¿Cuántos edificios hacen evacuación completa? ¿Cuántas empresas toman en serio los protocolos después de que pasa el simulacro?
La memoria selectiva de una ciudad que tiembla
Lo más revelador de todo este operativo es lo que NO se menciona. Se habla de «evaluar tiempos de reacción» y «coordinación entre autoridades», pero nadie pregunta públicamente: ¿y los resultados de los simulacros pasados? ¿Mejoramos? ¿Empeoramos? ¿O seguimos igual? Se anuncia con bombo y platillo el simulacro metropolitano, pero no hay datos comparativos de cómo estaba la coordinación antes. Se promete plataforma digital, pero no hay metas claras de cuántos inmuebles deberían registrarse para considerar el ejercicio exitoso. Es el eterno ciclo mexicano: mucho ruido preventivo, poca transparencia sobre resultados.
El simulacro del 18 de febrero será, sin duda, necesario. Vivimos en una de las zonas sísmicas más activas del mundo y la memoria de 1985 y 2017 debería ser suficiente motivación para tomarlo en serio. Pero entre el discurso oficial de «fortalecer la cultura de la prevención» y la realidad de ciudadanos que ven estos ejercicios como otra interrupción molesta de su día, hay un abismo. Cuando suene la alerta a las 11:00, algunos evacuarán con disciplina, otros seguirán trabajando, y muchos más se preguntarán: ¿esto realmente nos prepara para cuando la tierra tiemble de verdad, o solo estamos ensayando para el teatro de la protección civil?


