TL;DR
- El Barça perdió el liderato tras caer 2-1 ante el Girona en Montilivi
- Jugaron con cinco delanteros pero el equipo más fecundo se quedó «estéril» según El País
- Las concesiones defensivas siguen sin parar en un equipo «sin rigor futbolístico»
- La dinámica de malas noticias persiste desde la salida de Laporta
Cuando cinco delanteros no bastan: el Barça se queda sin balas
No mames, imagínate esto: tu equipo juega con CINCO delanteros en cancha y aún así no puede meter más que un gol. Eso fue exactamente lo que le pasó al Barcelona en Montilivi, donde según El País el equipo más fecundo de la liga se quedó «estéril». Lamine Yamal, Raphinha, Ferran Torres, Robert Lewandowski y Roony Bardghji – nombres que suenan a gol seguro – y al final el único que anotó fue el central Pau Cubarsí. Si eso no es síntoma de que algo está podrido en Dinamarca, no sé qué lo sea.
La defensa que parece coladera: concesiones sin parar
Pero el problema no es solo de arriba. El mismo reporte de El País documenta que «las concesiones defensivas se suceden sin parar en un equipo sin rigor futbolístico». O sea, no marcan y encima les meten goles. El gol de Fran Beltrán al 85′ que selló la derrota vino después de un pisotón de Echeverri a Koundé que los azulgrana reclamaron, pero la verdad es que cuando tu defensa depende de que el árbitro te salve, ya estás jodido. Gerard Martín, que sustituyó a Balde señalado por la goleada ante el Atlético, tampoco pudo tapar el hoyo.
El centro del campo fantasma: zona de paso, no de control
Aquí está otro detalle que duele: el Barça jugó con un solo medio natural, Frenkie de Jong. Según El País, «a falta de Pedri y reservados Casadó y Bernal, el centro del campo barcelonista se ha convertido en una zona de paso más que de control de juego por la tendencia a dispararse de Olmo y Fermín». Traducción: la pelota pasa por ahí de carrera, nadie la organiza, y todos quieren ser el héroe con un chutazo de media distancia. Mientras tanto, el Girona de Michel mostraba «sentido de equipo» y «excelente en el juego de posición y combinación». La diferencia entre un equipo que juega como equipo y uno que juega como individuos.
La maldición post-Laporta: cuando las excusas se acaban
El dato más revelador del análisis de El País es este: «La dinámica de las malas noticias apresa curiosamente a los barcelonistas desde la salida de Laporta». No es casualidad. No es mala suerte. Es un patrón. Primero la goleada 4-0 ante el Atlético en la Copa, ahora esta derrota que les cuesta el liderato. El equipo está «abatido», «negado», «quejoso con los arbitrajes». Pero las quejas no ganan partidos. Y cuando tienes que echarle la culpa al árbitro después de jugar con cinco delanteros y no poder ganar, el problema no está afuera, está adentro.
Girona: el espejo incómodo
Lo más doloroso para cualquier culé debe ser ver cómo el Girona, con menos estrellas y menos presupuesto, juega con más idea, más intensidad y más ambición. El reporte describe un estadio Montilivi «enfebrecido con el fútbol jovial y ambicioso del equipo de Michel», mientras el Barça se mostraba «preocupado por las pérdidas, más concentrados que nunca, después de las últimas filípicas de Flick». O sea, jugando con miedo, no con hambre. El Girona «apretó muy arriba», «bloqueó la salida de pelota», «replegó rápido» y salió «en rápidas transiciones». Fútbol con plan, con propósito. Lo que el Barça parece haber olvidado.
¿Y ahora qué, Flick?
La pregunta incómoda que nadie quiere hacer pero todos piensan: si con cinco delanteros no puedes ganar, ¿qué más puedes hacer? Cambiar de entrenador otra vez? Traer más refuerzos? El problema parece más profundo. Es de identidad, de idea de juego, de mentalidad. Cuando «los partidos se localizan más que nunca en las áreas» y tu equipo no es efectivo ni defendiendo ni atacando, tienes un problema estructural. Y lo peor es que esto viene de antes. La salida de Laporta marcó un punto de inflexión, pero la decadencia venía cocinándose a fuego lento.
El Barça perdió más que tres puntos en Montilivi. Perdió el liderato, perdió credibilidad, y lo más grave: perdió el rumbo. Cuando un equipo con tanto talento individual juega con tanto miedo y tan poca idea, el diagnóstico es claro: crisis de confianza, crisis de identidad, crisis a secas. Y lo que viene no pinta mejor – ahora le toca perseguir al Madrid desde atrás, con la moral por los suelos y un calendario que no perdona. Veremos si esta derrota es el golpe de gracia o el despertar que necesitaban. Pero por lo que se vio en Montilivi, apuesto más por lo primero.


