TL;DR
- La coreografía ‘Maldonne’ fue viral en 2024-2025 con millones de reproducciones en redes
- Su presentación en el Matadero de Madrid decepcionó por falta de profundidad y transiciones mal resueltas
- La crítica señala que funciona mejor en formato corto de video que en espectáculo completo
- El público aplaudió escenas específicas pero notó la desconexión entre las partes del montaje
De viral a vacío: cuando los likes no bastan
Leïla Ka tenía todo para triunfar: una coreografía que arrasó en TikTok, millones de reproducciones y ese sello de «lo que hay que ver» que prescriben las carteleras internacionales. Pero cuando El País documentó su presentación en el Centro de Danza Matadero de Madrid, la realidad fue menos glamorosa. ‘Maldonne’ (malentendido, en francés) demostró lo que muchos sospechábamos: lo que funciona en 15 segundos de video rara vez sostiene 60 minutos de escenario.
El momento viral vs el espectáculo completo
La escena que hizo famosa a Leïla Ka es, admitámoslo, poderosa. Cinco bailarinas en línea, luz cenital, esa respiración agitada que transmite angustia pura. Cuando caen al suelo simultáneamente -con ese sonido de desplome que parece sacado de un accidente- entendemos por qué acumuló likes. El problema, según la crítica, es que ese momento cénit llegó demasiado pronto. Después vino lo que El País describe como «un collage irregular de entretenimiento visual, que va de más a menos». Transiciones no resueltas, gags facilones y esa sensación de que el espectáculo se desinflaba mientras avanzaba.
La trampa de las referencias reconocibles
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Leïla Ka usó todas las cartas del mazo para gustar: Leonard Cohen, Vivaldi, incluso esa interpretación teatral de ‘Je suis malade’ que recuerda a ‘La ley del deseo’ de Almodóvar. El problema, señala la crítica, es que «se les ve demasiado la costura». La música sobrecogedora no justifica la escena, solo te predispone al encandilamiento. Es como esos restaurantes que ponen música dramática para que la comida sepa mejor – funciona, pero sabes que te están manipulando.
Homenajes no reconocidos y feminismo de cartón
Lo más curioso es lo que no se dice. La gestualidad recuerda a ‘May B’ de Maguy Marin (con quien Ka trabajó), la estética huele a Pina Bausch, y hasta hay pasos del ‘Fase’ de Anne Teresa de Keersmaeker. «Tal vez como homenaje, no se dice nada de esto en la información», apunta El País. Pero estos posibles tributos chocan con el discurso feminista que sí se anuncia a bombo y platillo. «Cinco mujeres y cuarenta vestidos» suena bien en el programa, pero la denuncia del sometimiento femenino, aunque presente, «tampoco consigue rascar hacia capas más profundas».
¿Qué dejó al público?
El reporte es claro: aplausos fervientes al final, especialmente con ese oscuro repentino que anuncia el cierre. Pero entre el público quedó la sensación de haber visto algo desigual – momentos de genialidad coreográfica interrumpidos por secciones que parecían relleno. La pregunta incómoda que nadie hace: ¿estamos premiando la capacidad de crear clips virales sobre la de construir espectáculos coherentes? Leïla Ka demostró que puede capturar la atención en redes, pero el escenario exige más que momentos aislados de impacto. El verdadero ‘malentendido’ podría ser creer que lo viral equivale a lo valioso.


