TL;DR
- El embargo de Trump de 2019 ‘esencialmente terminó’, según el secretario de Energía Chris Wright
- La visita más alta en casi 30 años promete ‘asociación productiva a largo plazo’ en energía
- La reunión ocurre tras la captura de Nicolás Maduro en enero pasado
- Wright habla de ‘liberar al pueblo venezolano’ mientras busca aumentar producción petrolera
- Delcy Rodríguez dice que ‘en algún momento’ visitará Washington
El ‘punto de inflexión’ que huele a petróleo barato
«Estamos en el umbral, en un punto de inflexión de la historia». La frase del secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, suena épica, casi cinematográfica. Pero cuando la pronunció este miércoles en Caracas, tras reunirse con la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, lo que realmente estaba anunciando era algo más terrenal: el embargo estadounidense al crudo venezolano «esencialmente terminó». Según Dw, Wright llegó a Venezuela para establecer una «asociación productiva a largo plazo» en materia energética. El mismo medio documenta que esta es la visita de más alto nivel de EE.UU. centrada en política energética en casi tres décadas. No es poca cosa, pero tampoco es casualidad.
La sincronización perfecta: captura primero, negociación después
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Wright aterriza en Caracas justo después del «ataque militar de enero pasado, durante el que fue capturado Nicolás Maduro junto a su esposa, Cilia Flores». ¿Coincidencia? Difícil creerlo. Lo que Dw reporta como un hecho aislado en realidad es parte de una secuencia demasiado conveniente: primero cae Maduro, luego llega el secretario de Energía estadounidense a hablar de «liberar al pueblo venezolano y a la economía». Wright promete que «este año podemos impulsar un aumento espectacular de la producción petrolera venezolana». Suena bien, hasta que te das cuenta de que el mismo hombre que habla de liberación viene a asegurar el suministro de crudo para su país.
La ‘franqueza’ que nadie menciona: quién pone el dinero
Wright y Rodríguez conversaron «con mucha franqueza sobre las enormes oportunidades (que tienen) por delante y algunos de los problemas y desafíos». Así lo reporta Dw. Pero esa franqueza tiene un detalle curioso: mientras Estados Unidos ofrece «ayudar a impulsar la producción», nadie habla claro sobre quién pone la plata para reactivar una industria petrolera que lleva años en picada. Wright dice que el impulso «generaría más oportunidades de empleo, salarios más altos y una mejor calidad de vida para los venezolanos». Bonito discurso, pero la verdadera pregunta es: ¿a qué costo? Porque cuando un secretario de Energía estadounidense habla de «beneficios para Estados Unidos y el hemisferio occidental», está dejando claro que su prioridad no es exactamente la soberanía venezolana.
El embargo que ‘terminó’ pero sigue presente
Aquí está el detalle más cínico de todos: Wright anuncia que el embargo que Donald Trump impuso en 2019 «esencialmente terminó». La palabra clave es «esencialmente». No «terminó», no «se levantó», sino «esencialmente terminó». Es como decir que una relación «esencialmente terminó» pero todavía te ven de vez en cuando. Dw no profundiza en qué significa exactamente ese «esencialmente», pero cualquiera que haya seguido la política exterior estadounidense sabe que las sanciones rara vez desaparecen por completo. Se transforman, se reemplazan, se negocian. Lo que realmente terminó fue la conveniencia de mantener el embargo ahora que Maduro está fuera del juego.
La visita pendiente y la diplomacia del ‘en algún momento’
Delcy Rodríguez, por su parte, juega sus cartas con la elegancia de quien sabe que tiene algo que el otro quiere. Cuando le preguntan si viajará a Estados Unidos, responde: «En algún momento, me imagino». Dw documenta que Rodríguez aclaró que «en este momento tiene mucho trabajo en el país sudamericano». Traducción: «No corro, ustedes necesitan el petróleo más de lo que yo necesito ir a Washington». Es un movimiento inteligente, porque mientras Wright habla de «asociación productiva a largo plazo», Rodríguez mantiene la puerta abierta pero sin apresurarse. En enero, un funcionario de la Casa Blanca ya había dicho que Rodríguez tenía previsto visitar Washington, pero sin fechas ni agenda. Ahora ella repite el guión: «en algún momento».
La ‘liberación’ que viene con condiciones petroleras
Lo más irónico de todo este teatro diplomático es el lenguaje que usa Wright: «liberar al pueblo venezolano». Suena a discurso de independencia, pero viene acompañado de planes concretos para «impulsar la producción de petróleo, gas y energía». Dw reporta que discutieron proyectos en petróleo, gas, minería y energía eléctrica. O sea, la «liberación» incluye acceso a todos los recursos naturales estratégicos. Wright promete «un giro absolutamente dramático en la trayectoria de esta nación». Quizás sí, pero el giro parece más bien hacia la integración total de Venezuela en la cadena de suministro energético estadounidense. No es liberación, es recolonización con mejor marketing.
Lo que no dice el comunicado oficial
El Departamento de Energía estadounidense calificó como «histórica» la llegada de Wright, quien visitará yacimientos petrolíferos venezolanos. Histórica sí, pero no por altruismo. Lo que realmente está en juego aquí no es el bienestar del pueblo venezolano, sino la necesidad estadounidense de diversificar sus fuentes de energía en un mundo cada vez más inestable. Venezuela tiene las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo, y ahora que el régimen de Maduro está fuera, Washington ve la oportunidad perfecta. Wright habla de «trabajar juntos para resolver» problemas, pero la verdadera pregunta es: ¿resolver para quién? Porque cuando un país con el historial intervencionista de Estados Unidos habla de «asociación» con una nación que acaba de sufrir un cambio de gobierno por fuerza militar, las comillas deberían ser del tamaño de un barril de petróleo.


