TL;DR
- El Senado aprobó reducir la jornada de 48 a 40 horas de manera gradual hasta 2030
- La reforma no establece los dos días de descanso obligatorios, solo reduce horas totales
- La oposición denuncia que trabajadores podrían seguir laborando 6 días a la semana
- Se permiten hasta 12 horas extras semanales en lugar de las 9 originalmente propuestas
- La iniciativa pasará ahora a la Cámara de Diputados donde ya hay resistencias
El caramelo envenenado de las 40 horas
Menos horas de trabajo para la clase asalariada en México, pero con un sabor amargo que se queda en la boca. El Senado mexicano le dio luz verde este miércoles a la reforma constitucional que reduce la jornada laboral de 48 a 40 horas, pero como bien documenta El País, el texto aprobado tiene una omisión que podría convertir el avance en un espejismo: no establece los dos días de descanso obligatorios. O sea, técnicamente podrías trabajar 40 horas repartidas en seis días, con solo un día de descanso. ¿Eso es progreso o solo matemática creativa?
«Trabajar seis días no es descanso»
La senadora priista Cristina Ruiz lo dejó claro en el debate: «Lo que quiere el pueblo es cinco días de trabajo y dos días de descanso; aprobar lo contrario es mentir». Y ahí está el meollo del asunto. La reforma reduce las horas totales, pero no toca la estructura de la semana laboral. Mientras que en otros países la reducción a 40 horas vino acompañada de la semana de cinco días, aquí parece que nos conformamos con la mitad del paquete. La oposición formada por PAN, PRI y MC ha alertado que la enmienda termina beneficiando más al sector empresarial que a los trabajadores.
Las horas extras: otro regalito
Si la omisión del descanso no fuera suficiente, la propuesta contempla hasta 12 horas extras como máximo a la semana, en lugar de las nueve que se planteaban originalmente. O sea, podrías terminar trabajando 52 horas a la semana con el nuevo esquema. Marko Cortés del PAN lo llamó «un acto de justicia a medias», reconociendo que es un paso en la dirección correcta pero insuficiente. La gradualidad de la entrada en vigor -dos días por año a partir de enero de 2027 hasta 2030- es otro punto que ha generado escozor. ¿Por qué esperar cuatro años para algo que debería ser un derecho inmediato?
La respuesta oficial: «Saquen una cuenta elemental»
El morenista Oscar Cantón salió al quite con una lógica que parece sacada de libro de primaria: «¿Cuánto es ocho horas de jornada laboral por cinco días? 40, ¿no?». Su argumento es que el 35% de la población laboralmente activa ya tiene dos días de descanso por cinco trabajados, logrado sin enmiendas constitucionales. Pero ahí está precisamente el problema: dejar las cosas a la «buena voluntad» de los empleadores ha sido la receta perfecta para la precarización laboral en México. Si algo debería enseñarnos la historia laboral del país es que lo que no está en la ley, termina siendo letra muerta en la práctica.
De López Obrador a Sheinbaum: el mismo camino empedrado
La propuesta tiene origen en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, donde se atascó por falta de consensos, y fue recuperada como prioridad por Claudia Sheinbaum. El trabajo de la Administración federal se sintetizó en una iniciativa resultado de mesas de diálogo con empresarios, organizaciones sociales y sindicatos. Pero aquí hay que preguntarse: ¿cuánto peso tuvieron realmente los trabajadores en esas mesas frente al lobby empresarial? Las decenas de propuestas de modificación que fueron bateadas por el oficialismo -en su mayoría encaminadas a establecer los dos días de descanso obligatorio- sugieren que el equilibrio de fuerzas no estaba del lado laboral.
¿Y ahora qué sigue?
El proyecto ya pasó el trámite en el Senado y va rumbo a la Cámara de Diputados, la última instancia legislativa que le falta por cruzar y donde ya hay resistencias. La pregunta incómoda que nadie quiere hacer es: ¿realmente estamos avanzando hacia estándares internacionales o solo estamos maquillando un sistema laboral que sigue privilegiando la flexibilidad empresarial sobre los derechos de los trabajadores? La reforma busca beneficiar eventualmente a más de 13.5 millones de trabajadores, pero si la mitad del beneficio se queda en el tintero, ¿de verdad podemos celebrar?
El verdadero costo de las medias tintas
Lo que está en juego aquí no son solo horas en un reloj, sino la calidad de vida de millones de mexicanos. Un día extra de descanso significa tiempo para la familia, para el descanso real, para la vida fuera del trabajo. Aprobar una reducción de horas sin garantizar la estructura de descanso es como comprar un coche sin llantas: técnicamente es un vehículo, pero no te va a llevar muy lejos. La resistencia por la omisión sobre los dos días de descanso y por la gradualidad de la entrada en vigor se mantienen como los puntos más espinosos, y con razón. Porque al final del día, lo que define un avance laboral no son las cifras en un papel, sino cómo se traducen en la vida real de quienes trabajan.


