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jueves, febrero 12, 2026

Pemex en Oaxaca: Tres muertos y la misma historia de siempre

Una explosión 'rutinaria' que expone la normalización del riesgo en la paraestatal

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TL;DR

  • Tres muertos y seis heridos en una explosión durante ‘mantenimiento rutinario’ en ducto de Pemex
  • El accidente ocurre en la misma zona donde hace menos de dos meses descarriló el Tren Interoceánico
  • Discrepancias entre cifras oficiales: Pemex reporta 4 heridos, gobierno estatal 6
  • La tragedia llega en medio de tensión política por revocación de mandato del gobernador Salomón Jara

«Mantenimiento rutinario» que termina en tres ataúdes

Cuando Pemex dice que algo es «rutinario», deberíamos ponernos nerviosos. Este martes en Loma Larga, municipio de El Barrio de la Soledad en Oaxaca, lo «rutinario» fue una explosión que mató a tres personas y dejó seis heridas. Según Elpais, el incidente ocurrió durante la limpieza interna de tuberías del ducto Nuevo Teapa-Salina Cruz. Lo que debería ser una operación de bajo riesgo terminó con trabajadores muertos y un incendio que requirió la intervención de bomberos, Marina y Protección Civil.

Las cifras que no cuadran: ¿cuatro o seis heridos?

Aquí empieza lo interesante: Pemex dice que hubo cuatro heridos trasladados a hospitales. El gobierno estatal de Oaxaca reporta seis. Dos personas desaparecen en el limbo de los comunicados oficiales. No es un error de redacción – es la primera señal de que alguien no está contando toda la historia. La petrolera expresa «sus más sentidas condolencias» en un comunicado que parece más preocupado por la imagen que por aclarar qué pasó realmente con esas dos personas de las que no da detalles.

Oaxaca: la región donde lo anormal se normaliza

Loma Larga está a cinco kilómetros de Chivela. En ese mismo municipio, el 28 de diciembre pasado, el Tren Interoceánico descarriló dejando 14 muertos y casi cien heridos. Dos tragedias mayores en menos de dos meses en la misma zona. No es mala suerte – es un patrón. El Istmo de Tehuantepec se ha convertido en el escenario donde los megaproyectos chocan con la realidad, y la realidad siempre sale perdiendo.

El timing político perfecto (para olvidar rápido)

La explosión llega cuando el gobernador Salomón Jara enfrenta una revocación de mandato con 357,000 votos pidiendo su salida. Justo este lunes, Jara pidió la renuncia a todo su equipo. El accidente de Pemex aparece como una distracción conveniente o, en el mejor de los casos, una tragedia que se pierde en el ruido político. El gobernador tuitea condolencias y promete «todo el apoyo necesario», pero la pregunta incómoda es: ¿qué apoyo preventivo existía antes de que tres personas murieran en un trabajo «rutinario»?

¿Magnitud del incidente? Depende a quién le preguntes

Para las familias de los tres fallecidos, es una catástrofe. Para Pemex, es un «incidente» en un comunicado de prensa. Para Oaxaca, es otra tragedia en una región acostumbrada a ellas. Los medios locales apuntan a que los muertos eran los mismos trabajadores de mantenimiento – los que supuestamente deberían saber cómo hacer su trabajo sin morir en el intento. La «rutina» en Pemex parece incluir un factor de riesgo que nadie quiere nombrar: la normalización de lo peligroso.

Lo que no dicen los comunicados

Nadie habla de la antigüedad de los ductos. Nadie pregunta cuándo fue la última vez que se revisó ese protocolo de «mantenimiento rutinario». Nadie cuestiona por qué trabajadores mueren haciendo algo que, por definición, debería ser seguro. Pemex acordona el área, activa protocolos, expresa condolencias. El guión es tan predecible que da miedo. Tres personas mueren y la respuesta institucional es un copia-pega de lo que ya hemos visto docenas de veces.

La verdadera magnitud: una empresa que no aprende

La explosión en Oaxaca no es grande por los números – tres muertos son tres demasiados, pero no es una cifra masiva. Es grande por lo que representa: Pemex sigue operando como si los accidentes fueran inevitables. Es grande porque ocurre en una zona que ya carga con otra tragedia reciente. Es grande porque las discrepancias en las cifras sugieren que ni siquiera en la tragedia pueden ponerse de acuerdo. Y es grande, sobre todo, porque mañana será otra nota en los periódicos, y pasado mañana nadie recordará los nombres de los tres trabajadores que murieron haciendo su «trabajo rutinario».

Mientras, en Loma Larga, el incendio ya se apagó. Los heridos están en hospitales. Las familias lloran. Y en las oficinas de Pemex, alguien está redactando el próximo comunicado para el próximo «incidente». La verdadera explosión no fue la del ducto – fue la del mito de que en la paraestatal las cosas están bajo control.


Fuentes consultadas:

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  • Entre Líneas

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