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jueves, febrero 12, 2026

Guayaquil: el alcalde detenido y la jugada que huele a persecución política

Aquiles Álvarez enfrenta su segundo caso judicial mientras Ecuador se ahoga en crisis

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TL;DR

  • Aquiles Álvarez fue detenido antes del amanecer por la Fiscalía en el caso ‘Goleada’
  • Es su segundo frente judicial: ya enfrentaba el caso ‘Triple A’ por combustibles ilegales
  • Su abogado insiste que es persecución política contra el principal opositor de Noboa
  • El operativo incluyó a sus hermanos y personas vinculadas al Barcelona Sporting Club
  • Ecuador vive jornadas sin tregua de conflictos políticos y judiciales

Madrugada judicial: cuando la justicia golpea antes del café

Antes de que saliera el sol el 10 de febrero, la Fiscalía de Ecuador ya tenía las esposas puestas. En un operativo que parece sacado de manual para «personajes públicos» -así lo describe El País– detuvieron al alcalde de Guayaquil, Aquiles Álvarez, en el marco de una investigación bautizada con nombre futbolero: «Goleada». No fue solo él: dos de sus hermanos y otras ocho personas, algunas vinculadas al municipio y al Barcelona Sporting Club, completaron el once inicial de este partido judicial.

El segundo tiempo: cuando un caso se convierte en dos

Aquí es donde la cosa se pone interesante. Álvarez ya estaba en la cancha judicial por el caso «Triple A», relacionado con presunta comercialización ilegal de combustibles de hace cinco años. Por ese asunto tenía grillete electrónico y estaba llamado a juicio junto a otras 21 personas. Pero ahora, según su abogado Ramiro García, la Fiscalía le agregó lavado de activos a lo que esencialmente serían «los mismos hechos». O sea, el mismo delito, pero con salsa nueva. ¿Estrategia legal o amontonamiento de cargos?

La defensa: persecución política con olor a desvío de atención

Desde el entorno de Álvarez no se andan con rodeos: esto es una jugada para silenciar al principal opositor del presidente Daniel Noboa. «Una persecución política dirigida contra el principal opositor», dicen, mientras señalan que el gobierno busca desviar la atención de «los problemas estructurales que enfrenta el país». El Ejecutivo, por su parte, guarda un silencio que habla más que cualquier declaración. En política, a veces lo que no se dice grita más fuerte.

Los detalles que no cuadran: grillete y dinero misterioso

La Fiscalía publicó en redes sociales los «indicios» incautados: teléfonos, USB, computadoras, dinero en efectivo y documentos. También señalaron que el alcalde no portaba el grillete electrónico. Su abogado contraataca: el dispositivo estaba cargándose «como todos los días», y el dinero incautado «no estaba en la residencia de Álvarez». Pequeños detalles que, en un caso de esta magnitud, pueden ser la diferencia entre una condena y una absolución.

Ecuador: el país que perdió el oxígeno

El País lo describe sin anestesia: «En Ecuador, por ahora, no hay espacio para respirar». La detención de Álvarez es solo el último capítulo de una jornada tras otra de conflictos políticos que no dan tregua. Mientras la población sobrevive entre violencia, precariedad económica y desconfianza institucional, los poderes del Estado juegan ajedrez con fichas humanas. Horas antes del operativo contra Álvarez, los consejeros del Consejo de la Judicatura se reunieron en sesión extraordinaria de madrugada para designar a un presidente temporal, mientras su titular, Mario Godoy, enfrenta juicio político por presiones a un juez anticorrupción.

La pregunta incómoda: ¿justicia o circo político?

Cuando un alcalde es detenido en medio de la noche, cuando los casos judiciales se multiplican como conejos, cuando cada movimiento político huele a cálculo electoral, la pregunta que queda flotando es simple: ¿esto es justicia o es el circo político más caro de la región? Ecuador lleva años nadando en aguas turbulentas, pero ahora parece que se le acabó el aire. La detención de Álvarez puede ser un caso de corrupción legítimo o puede ser la carta que necesita un gobierno acorralado. O, en el peor de los escenarios, puede ser ambas cosas al mismo tiempo. Porque en política, como en el fútbol, a veces el gol más sucio es el que más cuenta.


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